En las elecciones no se juega el poder, se impone quien lo tiene

Andrés Ávila

El curso de los últimos acontecimientos relacionados con el proceso electoral en México, es, por decirlo de algún modo, el lógico, sobre todo si nos atenemos a los fenómenos de mayor importancia. Sí las autoridades electorales han dado por ahora como vencedor a Enrique Peña Nieto del PRI, esto es fundamentalmente porque el IFE como institución de Estado, está sujeta a la voluntad de la clase dominante. Las elecciones por tanto no son un proceso mediante el cual se someta al escrutinio público la voluntad de la burguesía, sino el mecanismo por el cual la voluntad burguesa se legitima aparentando ser democrática.

Desde nuestro punto de vista, toda la vida política pública que gira alrededor del Estado burgués, está manipulada, toda vez que el Estado como expresión organizada de la burguesía, no revela su esencia ante las mayorías, se recubre de una vestimenta que le da una apariencia falsa, esto, en sí mismo, es una manipulación. El discurso mediante el cual la burguesía construye su hegemonía como clase, es precisamente aquel que dice que el Estado moderno, el inspirado por la revolución francesa de 1789 o la independencia de Estados Unidos en 1776, es un estado democrático, en donde la mayoría de la población funge como ciudadana, organizando elecciones en donde la mayoría se expresa, delegando su facultad para autogobernarse en un grupo escogido para ello. Nosotros podríamos encontrar diferencias en el discurso de las diferentes fuerzas políticas burguesas, a lo largo de la historia y diferenciándolas según algunas regiones, pero una de las cosas que van a tener en común, es el aceptar el citado supuesto. Así, podemos ver que prácticamente todos los actores políticos que han participado en el reciente proceso electoral, dan invariablemente por válido dicho supuesto ideológico burgués, desde el PRI hasta el movimiento 132, pasando por el Movimiento progresista y por el PAN.

Es por eso que como marxistas leninistas, siempre hemos hecho énfasis en que no podernos analizar los fenómenos sociales y políticos únicamente ateniéndonos a sus caras más evidentes, y mucho menos atribuir a los fenómenos aparentes, la explicación de los sustanciales.

Algunos de los promotores del voto por Andrés Manuel López Obrador, por ejemplo, afirmaban que si este ganaba los comicios, habría mejores condiciones económicas para las mayorías y mejores condiciones políticas para impulsar cambios profundos, pues este pondría algunos límites a los excesos de la acumulación capitalista. Más allá de señalar en primer lugar que suponer lo anterior implica darle un voto de confianza a la palabra de quien así lo afirma, es importante decir que en ningún momento la burguesía ha sometido a la opinión mayoritaria la forma en que habrá de administrar sus negocios, de hecho, cada candidato, incluyendo al que supuestamente se ubica a la izquierda de los mismos, se ha visto en la necesidad de pactar con la clase en el poder los límites de sus propuestas, asegurándose de que el orden de las cosas permanezca intacto. En todo caso lo que llegó a proponerle AMLO a la burguesía, fue un mecanismo de acuerdo entre la misma para dinamizar el mercado y promover la competencia y la inversión en algunas esferas productivas.

Un posible triunfo de López Obrador, siempre estuvo condicionado a que él y su gente, aceptaran ciertas condiciones para la acumulación capitalista, mismas que gustosos aceptaron, pero aún así, el Movimiento Progresista no pudo evitar que la burguesía prefiriera el cobijo del Partido Revolucionario Institucional y su candidato Enrique Peña Nieto. AMLO calificó para la burguesía como competidor, pero no como ganador. Aún cuando buena parte de la burguesía apoyó su campaña, ésta no está dispuesta a quebrantar el orden burgués por aferrarse a la victoria de su candidato, es por ello que se le obligó al mismo a reconocer los resultados de la elección, aún antes de haberse realizado. Las normas escritas y no escritas de cómo funciona la política electoral en México, son reconocidas como válidas por la burguesía en su conjunto.

En el caso de la política burguesa, es imposible pensar en que haya condiciones equitativas, es por eso que fuerzas verdaderamente de izquierda, ancladas en las clases explotadas y en los más pobres del país, no pueden competir en dichos procesos, pues como todos sabemos, las campañas electorales funcionan con dinero y con influencias en el gobierno y los medios de comunicación, así pues, naturalmente, quienes más pueden influir en el curso de las mismas son precisamente quienes más dinero, capital e influencias en el gobierno tienen; No pesa lo mismo el apoyo de el dueño de televisa que el de un obrero o un campesino.

De nuestra parte, pensamos que para entender los cambios en el gobierno, sus factibilidades y posibilidades, hay que atenerse a los fenómenos anclados en la estructura económica de la sociedad burguesa en la que vivimos, y que para entender hasta donde la burguesía es capaz de ceder en algo, es importante atenerse a la correlación en la lucha de clases. Por lo que desde nuestro punto de vista estos son algunos elementos que explican que se haya proclamado al PRI como vencedor de la contienda electoral:

  • El PRI es el partido que más control tiene sobre estructuras cimentadas del Estado en México; Ejército, policías, poder judicial, gobernadores, operadores políticos, control del sindicalismo charro, etc.
  • Es el partido que durante décadas ha representado ideológicamente a la burguesía que controla el país, no porque su discurso así lo diga, sino porque tras su discurso centrista y a veces popular, la burguesía puede esconder y legitimar sus pretensiones.
  • Ha sido el partido que mejor ha sabido tratar con los poderes reales que mueven la sociedad, los grandes capitalistas, la iglesia, los capitalistas ilegales (las grandes mafias de contrabandistas), y quienes tienen estructuras más solidas de control sobre las clases explotadas, sindicatos charros, organizaciones campesinas, estudiantiles, de pequeños comerciantes etc. (CNC, CROC, CROM, CTM, Antorcha campesina, grupos porriles como los que operan en la UNAM, el IPN, la Universidad de Guadalajara, etc.)

Para imponer su elección por el PRI, la burguesía que así lo hizo, se valió de todos los mecanismos a su alcance, aparición en medios de comunicación, compra de votos, manipulación de la información acerca de los contrincantes, acarreo de gente a los mítines, etc, y claro, cuando les fue posible, la manipulación abierta y descarada de las boletas electorales ¡No han respetado la legalidad! Exclaman algunos indignados, y aunque su indignación es válida, sólo podemos decirles que el asunto no es excepcional, la burguesía domina aplicando una ley para ellos y otra para las clases explotadas, sólo se utilizan los aparatos represivos del estado cuando se trata de aplicar la ley a favor de ellos. Pero esto no es novedad, así ha funcionado siempre.

Nosotros como comunistas podemos sentir simpatía para quienes exigen el cumplimiento a las conquistas democráticas del pueblo, para quienes exigen que se revise detalladamente el proceso electoral y se denuncien las irregularidades, reconocemos que muchas veces hay buena intención en ello, sin embargo no podemos dejar de señalar que desde nuestro punto de vista esas posiciones tienden de cualquier forma a legitimar las imposiciones que la burguesía realiza encubriéndolas de democráticas, pues la mayoría de los mecanismos mediante los cuales se manipulan las elecciones son en realidad, legales, y los mecanismos ilegales son practicados por todos los partidos que participan en ellas. Si el PRI puede manipular más las elecciones no es por que panistas o perredistas sean incapaces moralmente de hacerlo, sino porque su capacidad para hacerlo efectivamente, es menor.

La imposición burguesa que proclama a Enrique Peña Nieto el próximo presidente de México, refleja hasta cierto punto una realidad, la burguesía tiene la capacidad aún de imponer a quien quiera en esa posición, y las fuerzas populares no tienen la suficiente fuerza para impedirlo, por otra parte, los trabajadores organizados como clase, aún no tenemos la capacidad para generar entre la mayoría de nuestra clase y del resto de los explotados del país, una alternativa coordinada y organizada para canalizar sus ánimos de lucha. Sin embargo eso no nos debe llevar a confusiones, que el PRD, el PT y Movimiento Ciudadano, se digan de izquierda, no los acredita como tales, de hecho, como ya lo hemos subrayado en anteriores ocasiones, su propuesta programática, tanto en lo político como en lo económico están claramente enmarcadas en los límites del bloque hegemónico de la clase dominante, sus propuestas no sólo no cuestionan el poder de la burguesía sino que ni siquiera cuestionan el papel que las grandes empresas de capital monopólico tienen en el patrón de acumulación capitalista vigente. Lo que ha quedado demostrado es que su propuesta política no es de la preferencia de dicho bloque capitalista.

Por eso es que como comunistas no nos podemos colgar su derrota y considerarla propia, los derrotados no somos quienes confiando en las fuerzas motrices de la historia, la lucha de clases, pensamos que es necesario seguir fortaleciendo el papel histórico del proletariado y derrocar a la burguesía; los derrotados, son quienes han buscado ser los favoritos del bloque hegemónico de la clase dominante y no lo logran ser, los derrotados son quienes han apostado durante años a que las fuerzas populares deben subordinarse políticamente a los programas del PRD y circunscribir su lucha a la dinámica electoral que rodee al mismo. Cada quien tendrá que entregar y aclarar sus propias cuentas con la historia. Los comunistas sabemos cuál es la cuenta que nos hemos comprometido a pagar y es la que el comandante Ché Guevara habría señalado para todo revolucionario, nuestro destino será la victoria o la muerte. Por su puesto nuestra apuesta es por la victoria y seguiremos en busca de ella, apegándonos a nuestro programa, a nuestra estrategia y táctica, cumpliendo nuestras metas paso por paso y construyendo el camino hacia la misma, con los obreros, los campesinos, los estudiantes con conciencia proletaria y todos quienes decidan sumarse a la causa de la Revolución Socialista.

Nosotros sabemos que por ahora priva la legalidad burguesa, sin embargo no le reconocemos legitimidad a ella y no nos corresponde hacer el llamado a respetarla;  llamamos a hacer política proletaria, acumulando fuerzas, organizando a nuestra clase y construyendo la fuerza política de los explotados del país; en la medida en que logremos hacer esto, nuestra capacidad como clase irá creciendo, y podremos influir más a corto, mediano y largo plazo en la política nacional, hasta que sea el momento en que como clase nos encontremos en posición de tomar el poder y comenzar la construcción de un futuro en donde la burguesía y toda su falsedad, vayan al basurero de la historia, y los que hoy son víctimas de la explotación y la injusticia puedan andar orgullosos en las calles, los campos y las comunidades, sabiéndose dueños de su propio destino y del fruto de su trabajo.

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