Continúa la lucha por la educación pública

Este Viernes 15 de Junio, el Partido Comunista de México participó en la mesa que se realizó en la Plaza Melchor Ocampo de la ciudad de Morelia Michoacán, en el plantón de la sección XVIII del magisterio Democrático, con el tema “Educación pública y reformas estructurales”. Esto junto con representantes del Frente Nacional de Lucha por el Socialismo, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y la Organización de Normales Oficiales del Estado de Michoacán; de este modo, los asistentes buscaron cumplir con un deber como marxistas leninistas, contribuyendo ante la base magisterial a elevar la discusión acerca del problema que se enfrenta, exponiendo un carácter clasista al respecto. A continuación la ponencia presentada por nuestros camaradas.

Por una defensa clasista de la educación pública

En las últimas semanas se han protagonizado episodios importantes en defensa de la educación pública, ésta ha sido una larga batalla que estudiantes y maestros hemos venido librando desde hace tiempo, en dicho proceso ha habido victorias y derrotas, y la última palabra aún no está escrita, sin embargo es preciso que nos replanteemos el problema y que a raíz de eso afinemos nuestras tácticas de lucha y nuestros planteamientos políticos al respecto. Así pues, en esta ocasión simplemente nos propondremos retomar algunos elementos que explican la situación actual para contribuir a la presente discusión.

La contrareforma educativa y la privatización

Como todos aquí sabemos, desde décadas recientes, la burguesía ha venido impulsando una contrareforma educativa que podemos sintetizar en los siguientes puntos:

  • Reclasificación de la forma y el modo en el cual debe gastarse el presupuesto destinado a la educación, orientando la mayor parte del presupuesto educativo a aquellas ramas promovidas por la clase empresarial o burguesa.
  • Privatización total o parcial del servicio educativo, antes considerado exclusivo para el sector público. La privatización total de algunos servicios se da cuando existe la transferencia de inmuebles e infraestructura del sector público al privado, pero también cuando el Estado renuncia a su facultad de ofrecer algún servicio educativo de forma pública, dejando por tanto el terreno libre a la inversión privada, para que aprovechando el mercado educativo generado por el Estado, la industria educativa privada pueda beneficiarse; tal es el caso, por ejemplo, de la desaparición de bachilleratos a cargo de Universidades Públicas. La privatización parcial la ubicamos ahí donde se ha abierto a la industria privada la participación en algún servicio de corte educativo; construcción de escuelas, impresión de libros, compra de material didáctico, capacitación para el personal docente, etc. En este caso, la no ampliación de matrícula en las universidades públicas viene a jugar el mismo papel, pues al incrementar la taza de rechazados, aumenta naturalmente la demanda de educación privada, a menudo de mala calidad.
  • Desvío de recursos originalmente presupuestados para la educación pública hacia la industria educativa privada, tal es el caso del otorgamiento de becas en donde con dinero público, se paga la colegiatura de empresas educativas privadas; o bien, como ha sucedido con la reforma promovida por Calderón, en marzo de 2011, la posibilidad de deducir impuestos al pagar colegiaturas en dichas empresas, lo cual implica lo mismo, pues la federación se tiene que desprender de parte de su presupuesto para pagarlo en efectivo a empresas privadas.
  • Modificación de los contenidos educativos y de los procedimientos pedagógicos para impartirlos. De este modo, se trata de inducir desde la niñez, el culto a la “cultura empresarial”, adiestrando a los estudiantes a comportarse todo el tiempo como si lo hicieran frente a un patrón, privilegiando además aquellos conocimientos y formación ideológica que promueve la aceptación incondicional de los valores del capitalismo.
  • Aplicación de mecanismos de control tanto de los trabajadores de la educación como de los estudiantes, propios del control patronal sobre sus empresas, lo cual implica evaluaciones estandarizadas diseñadas desde los mismos círculos de análisis y discusión empresarial.
  • – Promoción de la segregación educativa, en donde la distribución del presupuesto asignado para la educación pública se reparte de manera desigual, esto de acuerdo a las valoraciones empresariales de: a qué alumnos, a qué maestros y en cuáles escuelas debe gastarse más dinero y en quienes sólo habrá de gastarse lo mínimo indispensable.
  • Pérdida paulatina del carácter laico de la educación pública, pues se han venido reduciendo, tanto normativamente como en los hechos, los candados que mantenían al clero alejados de la posibilidad de influir directamente en la educación.

No cabe duda de que la aplicación de tales contrareformas, implican un revés en lo que se refiere a las conquistas del pueblo mexicano en materia de educación pública, cristalizadas de manera general en el artículo tercero de la constitución, sin embargo, es igualmente importante que identifiquemos el carácter de la educación pública, para no confundirlo con otros conceptos ni con otras realidades.

La educación pública es también educación burguesa

Para comprender esto es necesario que recordemos algunos preceptos fundamentales; El Estado es la organización por excelencia de la clase dominante, si bien, en sus normas y discursos no se adopta una vestidura netamente burguesa, el Estado siempre refleja un momento concreto de la lucha de clases por lo que en sus normas y procedimientos puede verse el grado de concesiones que ha tenido que hacer la clase capitalista a los trabajadores y demás capas explotadas para mantenerse en su puesto, es por eso que por contradictorio que parezca, el Estado a veces tiene que adoptar medidas que no son del agrado de la burguesía para evitar que ésta pierda el poder.

Precisamente por eso es que la clase dominante cede en el grupo de burócratas que administran el Estado, la capacidad de estudiar, cabildear y decidir cuáles serán las formas en que se habrá de relacionar la burguesía entre sí y con el resto de las clases sociales. La clase dominante sin embargo se mantiene pendiente de los asuntos de Estado para asegurarse de que no se otorgue ni una concesión más allá de lo estrictamente indispensable, y de cuidar sus intereses a través de sus propios intermediarios.

Así pues, podemos comprender que parte de la existencia de la educación pública y parte de las formas que adoptó en México durante el siglo XX, tiene que ver con el grado de combatividad del pueblo mexicano, pero igualmente es necesario comprender que la educación pública que se imparte en un Estado burgués, es ante todo, una educación burguesa.

No podemos ignorar que es en la esfera de la economía donde se producen los cambios fundamentales en una sociedad, y en el caso que hoy nos ocupa no es la excepción. El modelo educativo que de manera general impulsó el Estado mexicano durante el siglo XX, correspondía a un modelo económico capitalista pero cuya ingeniería era otra (no entraré en detalles en esta ocasión para no desviarme del tema); En el aspecto político podernos resaltar que se trataba de un Estado ideológicamente fuerte, el cual pretendía escudarse en el nacionalismo y en una visión dramatizada de la Historia para legitimarse, manteniendo sin embargo la lógica de la formación para el trabajo. La educación pública, sobre todo en sus niveles básicos, pretendía básicamente transmitir los conocimientos estrictamente necesarios para la fuerza de trabajo; de este modo en el aula se privilegió la instrucción para realizar operaciones aritméticas simples, leer y escribir instrucciones y textos muy elementales, clases muy elementales de ciencias naturales y clases de historia dramatizada de tal modo que pareciera que el gobierno del PRI era algo así como el fin de la historia, los vencedores ahora eran gobierno.

Pero más allá del salón de clases, la educación pública reproduce muchos de los mecanismos propios de las fábricas capitalistas, horarios rigurosos marcados con una chicharra, timbre o altavoz, el esperar instrucciones de algún supervisor para realizar hasta el más mínimo movimiento como ir al baño o ponerse de pie, identificación de autoridades, así como la memorización y otorgamiento de lealtad a los símbolos patrios como lo son la bandera y el himno nacional, esto a la usanza militar. Por supuesto que en otro contexto, el respeto a los símbolos patrios puede implicar un compromiso hacia el pueblo, su historia y hacia la justicia, pero en el contexto concreto del que estamos hablando, es decir, el de la educación burguesa impartida desde un Estado burgués, los rituales de lealtad hacia los símbolos patrios no son otra cosa más que la lealtad hacia el Estado mexicano y sus instituciones.

Como cualquier situación histórica correspondiente al problema de la dominación, ningún método es cien por ciento efectivo y siempre arroja situaciones contradictorias dependiendo de otras variables. El capitalismo, con todos los instrumentos de dominación que tiene a su alcance, nunca ha podido evitar que una parte de la población trabajadora simplemente pueda ver más elementos de la realidad sin el velo que impone la manipulación burguesa; así pues, esa misma forma de educar llegó a reforzar en muchas personas un verdadero sentimiento patriótico y de búsqueda de la justicia social, tal como lo habrían hecho los padres de la patria o los héroes de la Revolución Mexicana.

Aunque la burguesía entendía de manera general la necesidad de que el discurso político del Estado mexicano fuera hasta cierto punto patriótico y anticlerical, lo cierto es que tanto a la jerarquía católica como a la burguesía de origen extranjero, le incomodaba dicho discurso y prefería modificarlo, sugiriendo a cambio la importación de modelos educativos como los practicados en Estados Unidos. Las condiciones políticas no se produjeron de inmediato pero finalmente llegaron.

Para entender el por qué se han producido las contra reformas tenemos que preguntarnos ¿Cuál era la situación política y económica imperante cuando estas comenzaron a aplicarse? El Estado mexicano a través de los gobiernos conocidos como post-revolucionarios, lograron combinar la cooptación, la manipulación y la represión de tal forma en que lograron romper el record histórico de nuestro país de más años sin que se produjera un cambio de gobierno a través de la lucha armada o de la revuelta popular. Prácticamente se desarticuló gran parte de la organización independiente y revolucionaria existente, el sindicalismo clasista fue cooptado en su mayoría por el Estado y el restante fue reprimido, lo mismo pasó con los campesinos. El Estado mexicano construyó un discurso mediante el cual proclamaba que la única revolución posible en México fue la realizada en la segunda década del siglo XX y que era mejor construir la unidad nacional alrededor de las conquistas logradas en aquella ocasión, a “dividir” a la sociedad por aferrarse a modelos revolucionarios “exóticos” como el ruso o el cubano, lo cual, por cierto decían, nos colocaba ante el riesgo del “fascismo” o de la intervención extranjera, por lo cual, se sugería que la actitud más patriótica y progresista era respaldar al Estado mexicano, heredero de la Revolución mexicana y de la tradición liberal.

Además de esta situación, habremos de recordad que a partir de 1976, el capitalismo mundial entra en una crisis de larga duración, de la cual no hemos salido (incluso estamos en un bache caracterizado por la profundización de la misma), y esto en México implica entre otras cosas el quiebre de el incipiente mercado interno, junto con él, la quiebra del gran administrador económico de ese mercado, el Estado mexicano, y así, la crisis de legitimidad del mismo se profundiza aún más.

Es en dicho contexto que las contrarreformas educativas comienzan a aplicarse, sobre todo a partir de los años ochenta.

Educación burguesa y resistencia popular, del sentido común a la conciencia de clase

Como siempre nos ocurre, aunque dichas situaciones son previsibles, siempre toman al pueblo desprevenido y a pesar de que la resistencia popular ha frenado en muchas formas la aplicación de las contrareformas, es necesario reconocer que éstas han avanzado notablemente. Han sido muchos los movimientos que han frenado, cuando menos en parte el avance de la contrareforma educativa, sobre todo protagonizados por estudiantes de instituciones públicas de educación superior y por el magisterio democrático.

Al respecto me parece importante señalar tres cosas:
1.- La resistencia no ha sido en vano, se han detenido pasos importantes en la privatización de la educación, el CGH de la UNAM logró detener en gran medida la privatización de la educación superior protegiendo a su bastión más importante, la FECSM ha mantenido con vida a las normales rurales y el magisterio democrático ha detenido muchas de las medidas encaminadas a la educación básica.

2.- Sin embargo, la contrareforma no se ha detenido totalmente, pues a cada triunfo parcial de la resistencia popular, ha correspondido un triunfo parcial de la burguesía quien de por sí tiene la ventaja en lo que respecta al control sobre la educación pública; es decir que de por sí la educación pública es dirigida principalmente por la clase en el poder, y en los últimos años ha avanzado sobre las conquistas populares en la misma.

3.- Hasta ahora la resistencia a la contrareforma se ha limitado a tratar de impedirla, pero poco se ha avanzado en proponer conquistas sociales que vayan más allá de las obtenidas durante el siglo XX. No está de más decir que tampoco se han logrado conquistas en materia de educación que rebasen las anteriores.

Por lo mismo, es muy importante que la lucha por la educación pública adquiera un carácter clasista, es necesario comprender que el problema de la educación no puede explicarse únicamente mirando hacia la educación misma, pues sus principales determinaciones provienen de la esfera de la economía y de la política. Esto implica también, el evitar hacer una alegoría de un modelo educativo esencialmente burgués solo por haber sido sustituido por otro aún más reaccionario. Como trabajadores, tenemos el deber de plantearnos el problema educativo desde nuestra perspectiva de clase y pensar en cuales habrían de ser las determinaciones necesarias para que la educación verdaderamente estuviera enfocada a la defensa de nuestros intereses de clase.

Así pues, es claro que en un Estado burgués no habrá una educación pública que sea esencialmente proletaria, sin embargo dentro de la lucha social, con perspectiva clasista, cabe el abanderar todas las mejoras posibles que para nuestra clase y el resto de los explotados puedan obtenerse en materia educativa, pero siempre teniendo presente que la lucha no acabará ahí.

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