DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

PARTIDO COMUNISTA DE MÉXICO

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El Partido Comunista de México expresa la unión voluntaria y consciente de mujeres y hombres trabajadores que luchan por el socialismo-comunismo, por la derrota definitiva del capitalismo y por una sociedad enteramente nueva, sin explotadores ni explotados.

Adoptamos esta forma de organización y nuestros principios porque:

1. Los comunistas luchan por la trasformación radical de la sociedad, por una nueva forma de organización social: el socialismo, que asiente las bases para la construcción del comunismo. Esto sólo es posible a través de una intensa lucha política e ideológica que involucre la participación de amplias masas de trabajadores conscientes, que promuevan la movilización por el proyecto socialista y el derrocamiento definitivo del capitalismo mediante la toma del poder por el proletariado, en alianza con todos los explotados, y la instauración de una nueva forma de organización social. Por lo tanto, para los comunistas es un objetivo central la constitución de la clase trabajadora como clase revolucionaria, luchando por el derrocamiento de la dominación burguesa y por la conquista del poder político por el proletariado para la construcción del socialismo-comunismo.

2. El Partido Comunista de México es una organización de militantes comprometidos con la lucha comunista, aquella que habrá de poner fin a la explotación del hombre por el hombre y a todas las secuelas que el capitalismo y cualquier otra forma de explotación ha dejado sobre la humanidad.

Al ser comunistas, no somos idealistas, nuestra guía ideológica es el marxismo-leninismo y nuestro método de análisis de la realidad es el materialismo histórico y dialéctico, por lo que estamos conscientes de que no es posible edificar la sociedad comunista si no existen bases materiales para ello.

3. La burguesía ha formado la conciencia de los hombres que viven la época contemporánea. De acuerdo con Marx, la ideología dominante de una época es la ideología de la clase dominante, que, por ahora, es la burguesa; nunca podremos barrer con ella ni con su moral, en medio de la sociedad capitalista.

Sin embargo, el proletariado ha comenzado ya a desarrollar su propia concepción del mundo, su propia conciencia de clase plasmada en la teoría marxista-leninista y ha logrado ir edificando sus propios principios, su propia moral, que, como afirma Lenin, está enteramente subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado. Nuestra ética tiene este punto de partida. Desde nuestra perspectiva, el problema de la moral comunista está íntimamente ligado a la táctica política. Como comunistas tenemos principios que habremos de practicar y en ningún momento debemos pensar que estos son un estorbo político, sino que, por el contrario, son fundamentales en la consolidación del Partido como referente revolucionario para los trabajadores y explotados.

4. Sabemos que esta tarea no es ni ha sido sencilla. Por eso es que al Partido Comunista de México están llamados los mejores hijos de la clase trabajadora en nuestro país: hombres y mujeres capaces de construir, con su práctica política y su ejemplo, un elemento objetivo que se constituya en una de las bases materiales capaces de cambiar la subjetividad de la clase a la que pertenecemos, una referencia objetiva para los trabajadores, quienes puedan confiar entusiastamente en su capacidad creadora, que al mismo tiempo será su capacidad de lucha.

5. El Partido Comunista de México, en cada uno de sus hombres y mujeres, debe transmitir a cada trabajador el mensaje de combate, solidez ideológica y moral, y confianza en el futuro, que tanta falta hace en las presentes circunstancias.

 

Por lo tanto, nuestro Partido debe ser un Partido de principios, una organización donde cada uno de nosotros, sus miembros, sin excepción, los practique de forma disciplinada y consciente, pues en ellos se basa nuestro honor, aquél que nos distingue, nos caracteriza como comunistas y nos permite ser considerados por nuestros camaradas, por nuestra clase y hasta por nuestros enemigos, como personas que bajo toda circunstancia se conducen conforme a sus  principios y, por lo tanto, son dignas y confiables en sus palabras y actos. En su cumplimiento radica la posibilidad de sentirnos orgullosos de nuestros camaradas, de poder confiar plenamente en ellos, en su solidez moral y en su conducción ética. Nuestros principios nos obligan a conducirnos con honor en la victoria y en la derrota, nos dan valor en la lucha y nos recuerdan que, incluso ante la ira que provoca nuestro enemigo de clase, sabremos actuar de acuerdo con nuestro código moral comunista. Por ello, su cumplimiento y defensa son la garantía de una vida honorable en todas las circunstancias y aspectos, y de una muerte honrosa, engrandecida por su práctica y la dedicación consciente a la liberación del género humano.

Como comunistas, por habernos educado en la concepción materialista histórica de la sociedad, debemos recordar que hasta nuestros enemigos merecen ser tratados honorablemente y con respeto. Esto no significa una conducta tibia con ellos, sino la convicción de que, incluso al combatirlos, debemos entender que su mente y su conciencia están forjados por los de una clase que les ha enseñado a asesinar, a traicionar, a rebajar su condición humana. Un comunista jamás reproduce la degradación, por el contrario, contribuye a elevar las potencialidades individuales y colectivas del ser humano.

Los principios a los que nos referimos y aspiramos alcanzar podrían sintetizarse en las siguientes palabras: Amor, lealtad y vínculo permanente con el pueblo trabajador; justicia; compromiso, sencillez, modestia, camaradería y solidaridad; disciplina proletaria firme y consciente; comprensión y respeto del centralismo-democrático; internacionalismo proletario.

Su asunción consciente es también una concepción teórica, basada en el marxismo-leninismo.

 1. Amor, lealtad y vínculo permanente con el pueblo trabajador. El Partido Comunista está al servicio de la clase trabajadora y de los explotados, nunca habrá de conducirse para ponerlos a su servicio.

Nuestra lealtad es, siempre y en última instancia, al pueblo trabajador.El amor a él se expresa en cada uno de los militantes del Partido Comunista de México cuando actuamos y nos dirigimos a los miembros de nuestra clase y a nuestros camaradas de Partido con respeto y camaradería. No es posible concebir a un revolucionario que no esté orientado por la motivación de liberar a la humanidad de todo yugo. Siguiendo las enseñanzas del Che, pensamos que todos los días hay que luchar porque ese amor viviente se transforme en hechos concretos. A diferencia de las concepciones morales religiosas, para nosotros el amor se expresa en una lucha tenaz contra la explotación, basada en los principios científicos del materialismo histórico.

Pero la construcción del comunismo no comienza con la toma del poder, sino desde que la clase trabajadora crea su germen de clase organizada para el poder, es decir, el Partido Comunista. Por ello es que éste, aunque es en primera instancia una organización política encaminada a la conquista y retención del poder político para una clase -el proletariado-, es también un pequeño germen de comunismo, y en él deben existir la mayor cantidad de elementos posibles de la futura sociedad. Por esto mismo, los militantes del Partido Comunista no sólo deben preocuparse por el problema de la conquista del poder político, sino también por la razón por la cual han de obtenerlo. La toma del poder por el proletariado no sólo es un objetivo histórico, es el único medio posible para destruir el poder burgués y sentar las bases de una sociedad sin explotación y sin opresión, en donde incluso desaparezca la necesidad del poder. Por ello es que, como comunistas, nunca debemos perder de vista que no nos interesa el poder por el poder, sino que nos interesa precisamente para acabar con sus bases materiales.

El Partido Comunista es una herramienta de lucha, la más eficaz de la clase trabajadora. Seguimos el principio leninista de que el Partido no es una cosa en sí misma, no busca el poder por sí mismo, o bien, para sí mismo y tampoco engrosa sus filas por la mayoría misma. Su fuerza histórica y eficaz de lucha radica en sus principios orgánicos, en sus prácticas que son el germen de la nueva sociedad y en la construcción de una nueva conciencia y concepción de la vida.

Igualmente, el Partido Comunista tiene como tarea central la comprensión, por parte del proletariado, de que no puede marchar solo en su conquista del poder. Promueve, entonces, la necesaria alianza estratégica con todos aquellos que, como el proletariado, padecen la explotación y la opresión capitalista: los campesinos pobres, pueblos indígenas, artesanos y pequeños propietarios con actitud y conciencia proletaria. El Partido Comunista tiene la tarea permanente de trabajar por afianzar esta alianza estratégica y sentar las bases de una nueva sociedad.

El trabajo del Partido revolucionario sólo será eficaz si en su proceso de construcción no abandona el contacto con las masas. Debe siempre estar preparado para el presente y con la mirada en el futuro, esto sólo puede garantizarse con una estrategia y una táctica correctas, con base en el análisis de la realidad, misma que ha de plasmarse en su Programa. Para tal efecto, es necesaria una dirección unida de manera política, orgánica e ideológica, con una dirección compenetrada con su militancia y ésta, a su vez, compenetrada con el pueblo trabajador.

2. Justicia. Ningún comunista puede tolerar la injusticia y lucha organizadamente contra ella. Como comunistas, sólo así podremos contrarrestar todas las formas y mecanismos que hemos aprendido de la sociedad burguesa y que dictan nuestra forma de vivir y de relacionarnos con nuestros semejantes, de pensar, de hablar, hacer política, etcétera.

La burguesía ha desarrollado una concepción moral de lo justo y lo injusto, de cómo debe distribuirse el trabajo, de las cosas que debemos aceptar y de las que no. Sin embargo, es inevitable que se presenten contradicciones, pues esa moral burguesa, esas condiciones materiales que imperan en el capitalismo, oprimen a la mayoría y sólo benefician a unos pocos.

La clase trabajadora es oprimida por las relaciones sociales de producción que son controladas por la burguesía, la cual arrebata al obrero el fruto de su trabajo, es decir, lo coloca como víctima de la explotación que conlleva la acumulación capitalista. Además de esto, la clase trabajadora es oprimida y enajenada por distintos aparatos ideológicos, fruto de las relaciones objetivas de producción. De esta forma, la clase obrera padece una moral hipócrita que justifica veladamente la explotación, y crea prejuicios clasistas, raciales y de género. A la explotación del trabajo, se suman una cantidad incuantificable de humillaciones diarias y permanentes de las que son objeto no sólo los obreros, sino todos los sectores explotados y oprimidos por el capital. Esta manera de relacionarse llega a reproducirse aún al interior de nuestra clase, en donde aquellos quienes gozan de una posición relativamente ventajosa con respecto de sus hermanos de clase se encuentran en la posibilidad de repartir malos tratos a quienes se encuentran lo suficientemente débiles para permitirlo.

Los comunistas no podemos permitir que en nuestro Partido, la herramienta más alta de la lucha con la que contamos, se sigan reproduciendo estas prácticas, así como tampoco debemos permitirlo en los centros de trabajo o en la familia. No podemos consentir el abuso, los malos tratos, ni el favoritismo derivado de filias individuales; dichos hábitos hemos de eliminarlos desde sus primeras manifestaciones.

Todo comunista debe inconformarse ante la injusticia de cualquier tipo y en cualquier lugar.

3. Compromiso, sencillez, modestia, camaradería y solidaridad. La altanería, arrogancia o prepotencia son prácticas que corresponden a la ideología burguesa, fomentan la competencia y el individualismo,  por lo que debemos luchar en contra de ellas. Estas prácticas son contrarias a los objetivos que persigue el Partido Comunista: igualdad, justicia, emancipación del pueblo y construcción de un hombre y una sociedad nueva.

Estos principios son una base sólida para ayudar a romper con la opresión capitalista, que no se traduce sólo en explotación en el trabajo, sino en incontables formas de opresión y enajenación, tales como la violencia contra la mujer, el racismo, el abuso a menores, a enfermos, a ancianos, etcétera. También encuentra expresión en la contradicción entre el trabajo manual e intelectual, así como  entre el campo y la ciudad.

La clase trabajadora adquiere conciencia de clase y se rebela en contra del orden capitalista no sólo por la explotación del trabajo, sino por la dominación política y todas las formas de enajenación y opresión que conlleva la vida en el capitalismo. Las humillaciones constantes y los malos tratos de los cuales son objeto los trabajadores a manos de capataces, supervisores, policías, gobernantes y patrones no pueden repetirse entre quienes luchan en contra de este modo de explotación. Los trabajadores con conciencia de clase, a diferencia de quienes no hacen sino repetir aquello que la burguesía transmite y enseña, entienden que detrás de cada abuso, de cada humillación, de cada injusticia, existe el interés de la clase capitalista y, por ello, no se conforma con luchar en contra de las humillaciones, sino que lo hace contra sus artífices; sin embargo, eso no quiere decir que olvide el dolor moral que provocan todas estas manifestaciones de la opresión burguesa. Así pues, la parte más avanzada del proletariado, la llamada a engrosar las filas del Partido Comunista, comienza a desarrollar su moral de clase, que ha de traducirse en moral comunista, la cual implica no sólo el rebelarse en contra de la explotación del trabajo, sino también en contra de todas las expresiones de las relaciones sociales hostiles promovidas por la burguesía.

Como clase dominante, la burguesía se ha encargado de hacer predominantes las actitudes nocivas, pero el Partido Comunista ha de erigirse como el destacamento más avanzado del pueblo trabajador, pues el proceso de emancipación no puede ser conducido por una organización en donde sean la norma el individualismo, el protagonismo o el enriquecimiento mediante el trabajo ajeno. Sólo con su práctica y ejemplo, el Partido Comunista de México podrá avizorar y palpar la posibilidad de que seamos libres y vivamos en una sociedad comunista. Pero no debe ser ingenuo y debe saber que, finalmente, como advertía Lenin, La revolución la queremos con los hombres de hoy, y también que esos hombres de hoy y quienes estarán dispuestos a hacer una Revolución, se están rebelando contra una diversidad de formas de opresión, por lo que ha de ser cuidadoso en no representar con sus dichos ni con sus actos aquello que el pueblo trabajador ha rechazado.

4. Disciplina proletaria firme y consciente. La práctica política y la unidad de disciplina son capaces de hacer del Partido un grupo homogéneo, listo para llevar a cabo las tareas necesarias para el desarrollo de grandes luchas políticas y sociales, así como aquella más amplia en favor de la revolución socialista.

El Partido Comunista debe ser un ejemplo de disciplina, de organización eficaz de los trabajadores, un factor de la clase para confiar en sí misma, en su capacidad de dirigir una sociedad, la producción, la educación, etcétera. Por ello, debe irradiar firmeza, determinación, seriedad en cada uno de sus actos; debe convencer a la clase trabajadora de que es posible practicar la política de una forma distinta a la que enseña la burguesía. Aunque su discurso sea bueno, el pueblo no seguirá a una organización de improvisados, mucho menos cuando pretenda jugarse la vida en una Revolución.

La labor histórica que los comunistas nos proponemos exige nuestra mayor concentración y compromiso, por ello tenemos el deber de tomar con suma seriedad cualquier tarea partidaria, comprender que no existe tarea pequeña y que en cada una de nuestras acciones se debe reflejar el profesionalismo revolucionario. Esto nos permitirá fortalecer la confianza en nosotros mismos y, con ello, ganar la confianza del pueblo trabajador.

La disciplina en el Partido ha de inculcarse con el ejemplo: los responsables y representantes, los miembros de los órganos de dirección colectiva, han de ser los más firmes y cumplidos; su ejemplo educará a la militancia y ésta, a la clase trabajadora. Un dirigente que exige a los militantes de base un grado de compromiso y disciplina que él no practica, se comporta como un patrón, por lo que sólo ganará el desprecio de los trabajadores.

El Partido Comunista debe ser un ejemplo de moral revolucionaria, sus hombres y mujeres deben reflejar en su trato cotidiano y hacia el pueblo trabajador, el tipo de relación humana a la que se aspira, deben ser justos en todo aquello que se pueda, eficientes en cualquier cosa que hagan, respetuosos ante sus camaradas y ante el pueblo, implacables ante el opresor y humildes ante el oprimido.

5. Comprensión y respeto del centralismo democrático. Cada militante del Partido Comunista de México es un ser pensante, consciente de la necesidad de nuestra lucha. Si bien es cierto que no todos tienen la misma cantidad de conocimientos, cada uno, en su experiencia de vida y en su formación, cuenta con experiencias y conocimientos que han de formar parte de lo colectivo del Partido. Por lo tanto,  cada opinión merece nuestra mayor atención y cada orientación amerita ser explicada para su comprensión. Al mismo tiempo, esta práctica ha de realizarla cada militante del Partido en su trabajo político de masas: escuchar, argumentar, sintetizar el conocimiento del pueblo trabajador y sistematizarlo para convertirlo en pensamiento político de clase.

La democracia en el Partido debe ser tan amplia como sea posible, pues de otra forma el centralismo será defectuoso; las decisiones deben ser tomadas en las instancias colectivas de dirección, después de haber sido discutidas ampliamente. Sólo esto garantizará que las orientaciones sean adoptadas conscientemente y dispuestas a seguirse en lo individual bajo la disciplina consciente, producto del trabajo, desarrollo y confianza de quienes conforman y dirigen la organización. Así, la lealtad a nuestros Estatutos, Programa Político y Tesis debe darse por convicción, pues representa los acuerdos y las demandas necesarias en un momento determinado, que se han definido por la mayoría de los camaradas bajo un proceso democrático de discusión, análisis y reflexión colectiva.

Los órganos de dirección colectiva tienen la obligación de sintetizar de la forma más acertada las propuestas y observaciones de la militancia, así como el sentido de la crítica y la autocrítica, de tal forma que logre dirigir los esfuerzos de cada uno en una misma dirección estratégica. Asimismo, su criterio se encuentra permanentemente bajo el escrutinio de la militancia, la cual siempre estará en su derecho de reconvenir colectivamente a sus dirigentes y revocarlos cuando no representen su sentir o los intereses de nuestra clase. Eso significa que los órganos de dirección colectiva están obligados a rendir cuentas a la militancia, lo mismo que ésta ha de rendirlas a los órganos dirigentes.

Los militantes comunistas se agrupan en organismos de base, que son su eje de orientación y razón de ser. Las células son las que llevan a cabo las actividades en los centros de trabajo y los que tienen la tarea de conectar al Partido con las masas en un doble sentido. Por un lado, deben participar en la vida de las masas para poder trasmitir, asimilar y aplicar la línea política del Partido. Por otro lado, este contacto es la fuente de recopilación de las experiencias de lucha, demandas, sentimientos y tendencias del pueblo trabajador. Sólo con este contacto el Partido Comunista puede elaborar líneas de acción correctas y en concordancia con sus necesidades y expectativas.

Cada organización de base debe participar en la elaboración de planes de acción concretos, con metas, plazos y responsabilidades definidas. En las organizaciones de base los militantes discuten la política de Partido, analizan la realidad de su área de influencia, elaboran planes de acción basados en los documentos y resoluciones del Partido y ejercen su derecho a la crítica. Sólo así es como funciona efectivamente el principio de organización comunista: el centralismo-democrático. Las instancias inferiores deben tener la capacidad de aplicar los planes y la táctica del Partido de manera general, pero resolviendo las particularidades a las cuales se enfrenten.

6. Internacionalismo proletario. El Partido Comunista de México reivindica el internacionalismo proletario como principio de acción irrenunciable. Creemos en la unidad de todos los pueblos, respetando sus específicas manifestaciones culturales. Rechazamos toda imposición de fronteras nacionales que responda a los intereses del capital y que viole el derecho de los pueblos a la autodeterminación y a la defensa de su identidad cultural. No creemos en falsos patriotismos o nacionalismos. Asumimos que la clase trabajadora es internacional y que la lucha por la destrucción del capitalismo no tiene fronteras, por lo que requiere de la colaboración de todos los trabajadores del mundo. Por eso, el Partido Comunista de México hace suyo el combate que se levanta por la trasformación económica y política de la sociedad y por la construcción del socialismo. En ese sentido, como un principio irrenunciable, hará todos los esfuerzos que le sean exigidos para la unidad y organización internacional de los trabajadores.

 

El Partido, con su ejemplo, tanto a nivel colectivo como en cada uno de sus integrantes, debe enseñar al proletariado y al pueblo trabajador que es posible organizarse exitosamente para la producción, para la defensa política de sus intereses y para vivir con dignidad.

Así pues, el Partido Comunista, debe educar a cada uno de sus militantes en la práctica de la moral comunista para así poder convertirse en el primer germen de organización de la primera fase de la sociedad comunista: el socialismo.

Marx y Engels nos enseñaron que no es posible liberar a la humanidad de la opresión si no es destruyendo las bases materiales de la explotación, para lo cual es necesaria la destrucción del poder de la burguesía, despojarla de los medios de producción mediante una Revolución que eleve al proletariado como clase dominante. Lenin, desarrollando este pensamiento, precisó que, finalmente, el Estado proletario es un Estado en extinción, pues su finalidad no es perpetuar el poder, sino demolerlo, llevar el proceso de extinción: del Estado en manos de la única clase capaz de ser consecuente con esta extinción, el proletariado, el cual vive del trabajo propio y no requiere de explotar a nadie más para producir. Sin embargo, ni Marx, ni Engels, ni Lenin asumen por ello que modificando la distribución de la riqueza y la propiedad de los medios de producción se ha superado automáticamente cualquier pesar humano. Por el contrario, la eliminación de la explotación abre paso a la verdadera historia del hombre, para que por primera vez haya condiciones para que los seres humanos se traten entre sí en condiciones de igualdad, dignidad, fraternidad y sean finalmente libres. La emancipación del hombre implica todo esto.

El Partido Comunista de México se ha comprometido a realizar esta gran tarea, por eso debe esforzarse en ser el elemento más avanzado de la clase y lograr articular con su ejemplo de lucha a todas las clases revolucionarias, y estratos de las mismas, en un sólido bloque anticapitalista y antiimperialista, capaz de convencer a todo el pueblo de que es posible y viable un proyecto distinto al capitalismo; para ello, procura formar a su militancia en la teoría y en la ideología política comunista, con la finalidad de orientar su actuación en todo momento, haciendo uso de las herramientas que posee para comprender la realidad y actuar en correspondencia con los principios, buscando siempre traducir las orientaciones generales y consignas particulares que reflejen las necesidades y las demandas de las masas, evitando así el aislamiento y el caer en extremos dogmáticos o escolasticismos.

En su lucha ideológica, el Partido busca permanentemente la superación de los intereses puramente economicistas inmediatos y del individualismo, dotando a los trabajadores de una conciencia revolucionaria para la trasformación de la realidad. Reconoce el principio leninista de que la conciencia revolucionaria no surgirá de forma espontánea en las masas trabajadoras indignadas: es necesario, por eso, un Partido revolucionario y de militantes comunistas que trabajen permanentemente para dirigir y guiar con su ejemplo a las masas para que se rebelen efectivamente contra las desigualdades e injusticias causadas por el capitalismo, para que luchen por la conquista del poder político, y para que se manifiesten conscientemente a favor del socialismo, como la única alternativa capaz de resolver los problemas que sufre la clase trabajadora.

Lenin, consciente de esto, escribió que “en la actuación del Partido hay y habrá siempre un determinado elemento de pedagogía: hay que educar a toda la clase de obreros asalariados para el papel de combatientes por la emancipación de la humanidad de toda opresión, hay que educar constantemente a nuevos sectores de dicha clase, hay que saber acercarse a los representantes de esta clase más grises, menos desarrollados para aprender a hablar con ellos, a elevarlos, por medio de un trabajo paciente, al nivel de la conciencia socialdemócrata, sin convertir nuestra enseñanza en un dogma árido y enjuto, enseñando no sólo mediante el libro, sino además por medio de la participación de esos sectores del proletariado más grises y menos desarrollados en la lucha cotidiana. En dicha actuación constante hay, repetimos, un elemento pedagógico”.

Un comunista, abierto a la discusión y al análisis, puede modificar sus planes o adecuar su táctica, pero jamás renunciará a sus principios,   indispensables en su constitución como vanguardia del proletariado en la lucha revolucionaria. La solidez de nuestro Partido y la posibilidad de la victoria dependerán de nuestra teoría y práctica, de lo acertado de nuestra táctica, y también de la solidez con la cual practiquemos estos principios.

 México. Abril de 2012

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