¡El pueblo trabajador reclama propuestas!

Mantenernos firmes, trabajar más duro, asumir mayor compromiso, desarrollar el trabajo de base, reclutar más camaradas…

Sobre la situación política nacional

El panorama en el país no mejora, a lo largo del presente sexenio, el Estado mexicano ha logrado mantener su dominio, y a pesar de que el pueblo no luce conforme con la situación, tampoco cuenta con propuestas políticas a su alcance que le permitan organizarse con una perspectiva clasista.

A diferencia de lo ocurrido hace seis años, el bloque hegemónico en el poder no parece verse presionado para ceder, ni siquiera en cosas superficiales, a las demandas de los trabajadores y sectores populares. A diferencia de lo ocurrido en el sexenio anterior, no existen por ahora elementos para pensar en que la campaña presidencial se dará en medio de un nuevo brío del movimiento social, el cual se halla por mucho, rezagado. Esta situación explica, en parte que el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, no esté siquiera en una posición competitiva en las encuestas electorales, puesto que ya ni logra levantar el entusiasmo popular, ni tampoco convence a la burguesía de que su proyecto es la única opción para rescatar el dominio capitalista.

No se avizora en un corto plazo, algún factor que pueda revertir en algún modo significativo las tendencias electorales, aún así, no podemos caer en actitudes de tahúr, no estamos apostando por el candidato que va arriba en las encuestas, sino señalando precisamente un hecho estructural. Si por ahora la burguesía no parece verse tentada -cuando menos la fracción más significativa de la misma- a impulsar un proyecto de gobierno que aunque sea en su cariz más superficial parezca de izquierda, o algo popular, es precisamente porque no hay fuerzas que desde abajo emerjan y presionen a la burguesía para hacerlo. Pero eso no es lo más significativo, en realidad el nombre del futuro presidente puede cambiar, pero ya sea Peña Nieto, Vázquez Mota o López Obrador, ninguno estaría en condiciones de desautorizar las principales medidas capitalistas que están en la agenda del bloque hegemónico de la clase dominante para el próximo sexenio, y poco podría hacer cualquiera de ellos para modificar la agenda, incluso si así lo quisiera.

Como Partido, hemos desarrollado una posición acerca de las generalidades del capitalismo, las generalidades de nuestra posición sobre la explotación del trabajo, sobre la política burguesa, etc. Sin embargo es necesario reconocer que habremos aún de desarrollar en lo sucesivo una posición política más clara y concreta con respecto de algunas particularidades; es necesario que rebasemos el nivel discursivo y panfletario en muchas situaciones, es necesario tener una posición trabajada acerca del capitalismo, del estado, pero también del PRI, del PAN, del PRD, de los procesos electorales, de la defensa de algunos derechos; es necesario tener una plataforma de lucha a corto y mediano plazo que nos permita enfrentar con los trabajadores todas aquellas iniciativas tendientes a mermar sus conquistas históricas, con una perspectiva clasista pero concreta, comprensible; es necesario poner el oído en la clase a la cual queremos representar y afinar muchos de nuestros comentarios, críticas y propuestas.

Hasta ahora, nuestro programa nos orienta acerca de nuestra posición frente al próximo proceso electoral, sabemos que no apoyaremos a ningún candidato, sabemos que no validaremos el proceso, pero es preciso trabajar una posición política concreta. Por ejemplo, ¿Vamos a manifestar nuestro rechazo? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Para qué?, pero más allá de eso, es necesario que basados en el método del materialismo histórico y dialéctico, nos expliquemos el porqué, por ahora, no aparecen mejores opciones en el plano popular y en la agenda política de nuestra clase; decir que no estamos de acuerdo en la forma en que las fracciones burguesas ofrecen falsas soluciones al pueblo, es un paso, pero el pueblo trabajador reclama propuestas y debemos mostrarlas, para eso se ocupan los cuadros de un Partido Comunista, no sólo para decir que no creemos en el proceso electoral, no sólo para decir “organízate y lucha” sino para formular propuestas concretas y viables de cómo organizarse y luchar. Para esto es preciso definir al enemigo en general, al enemigo fundamental, tener bien caracterizadas a las fuerzas políticas contendientes, caracterizar al resto de las organizaciones que presumen un carácter clasista o bien, se reivindican de izquierda, y que ahora apoyarán la candidatura de López Obrador, tal es el caso de la llamada Organización Política de los Trabajadores (OPT). Señalarlos, burlarnos de ellos, decir que son pequeñoburgueses, oportunistas, etc., es sólo el principio de la caracterización, pero hay que tener claro que ante muchos sectores de trabajadores, esas palabras y esas posiciones lucen bastante huecas y no convencen de nuestra propuesta. No basta con tener claro a quién nos hemos de confrontar en la lucha ideológica o política, es necesario definir cómo, en que tiempos y formas nos confrontaremos con cada una de esas fuerzas. También es necesario comprender que cada confrontación requiere de fuerza, pues acudir a una confrontación sin ella es, simplemente una tontería, así que debemos plantearnos muy seriamente el método mediante el cual construiremos nuestra fuerza y cómo vamos a utilizarla.

Sobre la simulación y la confianza en el menor esfuerzo

La política es una acción pública, está relacionada con la búsqueda del poder, y nosotros, como comunistas, requerimos de modo particular el que la mayoría se involucre al lado del proletariado en tal lucha.  Para esto no basta con tener las ideas correctas de nuestra parte, un revolucionario no se conforma con decir que la razón le asiste, busca imponer esa razón que no es otra que la razón de una clase, el proletariado, y una razón que corresponde a una mayoría, que habrá de imponerse a una minoría.

Pero, ¿cómo construir esa mayoría? Haciendo política, política de clase, convenciendo a los elementos más avanzados del proletariado, o bien con conciencia proletaria, de la necesidad de construir y ampliar el Partido, convenciendo a los trabajadores indecisos a organizarse desde y para su clase, convenciendo a los sectores oscilantes de apoyar la lucha política del proletariado, o cuando menos de no engrosar las filas de la reacción, y finalmente, combatiendo frontalmente a nuestros enemigos de clase. Pero nuestro enemigo de clase no tiene a la mayoría de su lado, a él le basta con mantener a la mayoría inmóvil. A la burguesía le basta con simular la representación de las mayorías para gobernar amparado en el Estado, de naturaleza eminentemente represiva, pero para nosotros eso no nos sirve, por el contrario, nos perjudica, pues la inmovilidad juega a favor de quien lleva la posición de ventaja, en este caso, la burguesía.

Para convencer a las masas proletarias de engrosar las filas del partido y de las organizaciones intermedias de carácter clasista, es importante que nos conozcan, nos tengan confianza, que el Partido Comunista y cada uno de sus militantes sea para cada uno de ellos una imagen de firmeza revolucionaria, tanto en la claridad ideológica como en el sostenimiento de sus principios como en su capacidad real para llevar a cabo su proyecto histórico. Nosotros debemos procurar que nuestras mejores acciones sean visibles ante los ojos de quienes hacen falta aún en nuestras filas. Al mismo tiempo, debemos ocultar nuestras debilidades al enemigo para que éste no sepa por donde puede golpearnos. También es admisible políticamente el ocultar algunas fortalezas para que el enemigo no sepa por donde habremos de atacarlo.

Elegir que elementos mostrar y cuales ocultar es una necesidad política, todas las fuerzas políticas, del carácter que sean deben hacerlo, pues de otro modo son derrotados por su enemigo. Sin embargo, esto no debe confundirnos y hacernos suponer que debemos hacer de la política una simulación. Engañar al enemigo es una necesidad, pero engañar a nuestros militantes o a nuestra clase es en realidad una incongruencia, y dialécticamente nos provoca el mismo efecto que cuando el enemigo nos engaña acerca de sus fuerzas. Si nuestra militancia confía en capacidades que no tenemos e ignora nuestras debilidades, a menudo puede cometer errores, sobre todo en las instancias intermedias de dirección, en donde, por ejemplo, se puedan promover iniciativas que no estamos en condiciones de llevar a cabo, o bien, subestimar la capacidad del enemigo para dañarnos, cometiendo así actos de imprudencia que terminen por poner aún más al descubierto nuestras debilidades.

Lo mismo puede suceder con el pueblo trabajador, ellos pueden esperar demasiado de nosotros, y si no estamos a la altura de sus expectativas, podemos desilusionarlos y en lugar de elevar su moral de lucha, provocar su decaimiento.  La política burguesa se vale mucho de la simulación, presume militantes donde solo hay afiliados, presume respaldo popular donde sólo hay apatía, presume consenso cuando en realidad solo hay silencio, pero esa simulación no le afecta demasiado porqué su poder no depende del apoyo popular, como ya dijimos, le basta con un pueblo inmóvil políticamente. Además, la simulación tiene por objeto precisamente el engaño al enemigo, si la burguesía engaña al pueblo trabajador, es precisamente porque este es su enemigo de clase, le hace pensar que es fuerte donde es débil y no revela sus verdaderas fortalezas ni debilidades. Podemos decir que una tendencia permanente de la política, es que una fuerza política mientras más fuerza demuestra, más fuerza arrastra, esto porque la fuerza es un elemento importante en lo que respecta a la confianza. El pueblo puede estar de acuerdo en que nuestras ideas son buenas, justas, interesantes, pero eso no le basta para organizarse bajo nuestra dirección, ha de estar convencido de nuestra capacidad para llevar nuestro programa a cabo. Por eso es útil políticamente mostrar a los trabajadores nuestra fuerza, para ganar su confianza y hacer que confíen en ellos mismos, en nuestra capacidad creadora  y transformadora como clase. Pero debemos ser muy cuidadosos y no engañarlos, no crearles expectativas que no podemos cubrir realmente, no prometer cosas que no podemos cumplir, no hablar de la Revolución como si fuera un hecho sencillo sabiendo que no lo es. Eso sería, finalmente, mentir, y no es honorable mentirle a nuestros camaradas, nuestra simulación sería descubierta tarde o temprano y en lugar de ganar la confianza del pueblo terminaremos por ganarnos su desconfianza, terminaremos por hacerles pensar que somos un partido más, igual a los que conocen de la burguesía, solo que éste se hace llamar comunista.

Además la simulación cuesta trabajo, se invierten energías en lograr ciertas apariencias, es mucho mejor invertir dichas energías en hacer el trabajo, aunque sea discreto y por el momento invisible para la mayoría, porque es mejor trabajar discretamente de tal suerte que llegue el momento en que podamos y debamos visibilizarnos, a tratar de hacernos visibles y dejar de hacer el trabajo discreto y cotidiano que nuestra organización requiere. Debemos tener confianza en que si nosotros trabajamos acertadamente, lograremos ir construyendo la mayoría política a través de pequeñas cosas, de construir bases firmes y sólidas sobre las cuales la mayoría del pueblo pueda organizarse para la Revolución.

La realidad política del país, nos muestra a un movimiento social, popular y clasista, sumamente atrasado, nos muestra que las organizaciones revolucionarias estamos muy lejos aún de influir en él, nos muestra cada día que las cosas, aunque empeoren, pueden seguir empeorando, y que cuando el pueblo trabajador reclama opciones, son las posiciones oportunistas, e incluso reaccionarias, quienes logran canalizar con mayor éxito dichos reclamos.

Esta situación ha llevado a un sinfín de organizaciones que otrora se consideraban revolucionarias, cuyos planteamientos estaban basados cuando menos en apariencia, en el marxismo leninismo, a claudicar en la lucha revolucionaria, adoptando los métodos de la simulación que los acercan y los fusionan con la política burguesa.

Siempre es más fácil pensar en que podrá ocurrir un hecho fortuito que nos conduzca a la victoria, así, hay quienes han apostado por el aventurerismo revolucionario que suele acabar en tragedia, otros apuestan por negociar protagonismo y posición con fuerzas más consolidadas en la simulación política, como es el caso de organizaciones oportunistas, sindicatos neo charros y frentes tan amplios que son incapaces de constituir una opción de carácter clasista. Los resultados de tales métodos los conocemos, son precisamente el actual atraso del movimiento obrero y popular en México que inundan de membretes los foros, marchas y mítines supuestamente de izquierda, y que lleva a la disolución de proyectos revolucionarios a favor de fuerzas reaccionarias. Naturalmente estos procesos no se dan en un instante, son procesos cuyo efecto llega a verse al cabo de algunos años. Como marxistas leninistas, no podemos confiar en la fortuna, nuestra apuesta por el futuro es en las fuerzas reales y motrices de la sociedad, pero es ahí donde el Partido debe anclarse, en realizar un trabajo permanente, constante y consecuente entre nuestra clase, eso no llevará poco tiempo ni esfuerzo, pero es el único camino. Por tanto tampoco resolvemos nada con simular nuestra fuerza, con decirle al pueblo que su partido ya está listo ni en convencer a otras fuerzas revolucionarias, nacionales y de otros países, de que nosotros somos ya la vanguardia de nuestra clase en México. Debemos ser pacientes y dedicados, hemos de rechazar la mentalidad de tahúres y cazadores de tesoros que motivan a concentrar esfuerzos en buscar un golpe de suerte.

La suerte no es otra cosa más que el azar que se encuentra presente en cualquier proceso de confrontación, determinado este por la acción de fuerzas que no hemos conocido o comprendido, nuestra apuesta es por conocer, por entender cada una de las fuerzas motrices de la sociedad y constituirnos como una de ellas. Nuestra apuesta no es por la suerte, es por reducir la influencia del azar, por ampliar nuestro horizonte de conocimiento que nos permita actuar con una estrategia y táctica adecuada.

Si por ahora nuestra fuerza es poca, eso tiene una serie de explicaciones tanto históricas como concretas,  no debemos negar dichas explicaciones sino comprenderlas, nuestra tarea es hallar la forma de cambiar el rumbo de la historia y hacerlo, no esperemos tener una luz que no corresponda a nuestra energía, no esperemos tener un protagonismo que no nos hemos ganado, no aspiremos a cosechar lo que no hemos sembrado, pues la buena suerte puede transformarse en mala de un momento a otro, no apostemos por la ignorancia o la inconsciencia, apostemos por el trabajo, por la conciencia, el conocimiento, la práctica revolucionaria. Por ahora está en nuestras manos construir el Partido y dotar en un plazo razonable a nuestra clase de dicho instrumento, eso no ocurrirá antes, pero si lo hacemos bien, tampoco ocurrirá después.

Camaradas:

No debemos permitir que nuestro ánimo decaiga, de nada nos servirá ocultarnos a nosotros mismos la realidad, debemos asumir los retos y los retrocesos con valor, aprender a levantarnos de nuestros tropiezos. Es muy importante que cada militante del Partido Comunista confíe en nuestra capacidad creadora, pues así será la forma en que transmitiremos confianza a nuestra clase, no debemos apagarnos ni pensarnos derrotados, por el contrario, hemos de mantenernos firmes, trabajar más duro, asumir mayor compromiso, desarrollar el trabajo de base, reclutar más camaradas, principalmente entre la clase proletaria, reforzar nuestra formación de cuadros, trabajar en lo ideológico y en lo político. La cima de la montaña no está a unos cuantos pasos pero si caminamos con conocimiento y decisión hacia allá, llegaremos cuando tengamos que llegar.

¡¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES…UNÍOS!!!

Partido Comunista de México

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