Principios y normas leninistas de vida del partido

L. Slepov

 IMPORTANCIA DE LOS PRINCIPIOS ORGÁNICOS Y NORMAS DE VIDA DEL PARTIDO ELABORADOS POR V. I. LENIN

Carlos Marx y Vladimir Ilich Lenin, grandes jefes y maestros de la clase obrera, recalcaron más de una vez la importancia del partido en la lucha que los trabajadores mantienen por la libertad y felicidad, por la edificación del socialismo y el comunismo.

Los obreros necesitan tener su propio partido.

La clase obrera y todos los trabajadores necesitan tener su propio partido para poder  comprender sus intereses, aplicar su política y vencer en la lucha contra los explotadores.

Esta conclusión se debe a la larga experiencia histórica del proletariado tanto de un país como de todos los países.

Las clases explotadoras disponen no sólo de ejército, policía y cárceles, sino también de medios de influencia ideológica: la prensa, la iglesia, la escuela, etc. ¿Qué puede oponer la clase obrera en la lucha desigual contra sus opresores? Únicamente su organización revolucionaria. Carece de otra arma en su lucha por el poder y un futuro feliz. Lenin decía proféticamente que el proletariado llegaría a ser,  inevitablemente, una fuerza invencible, porque las ideas del marxismo y el partido unificado y combativo reunirían a millones de trabajadores bajo la bandera revolucionaria del comunismo.

Sin tener su propio partido, la clase obrera y todos los trabajadores pueden caer en una situación tan deplorable como sería, por ejemplo, la de un ejército que en medio del combate se viera abandonado por su Estado Mayor. Baste recordar la Comuna de París, fundada por los obreros franceses en 1871. Por primera vez en la historia conquistaron el poder, pero no supieron mantenerlo ni extenderlo por todo el país. ¿Por qué? Porque en París había varios partidos sin ser ninguno de ellos verdaderamente proletario, revolucionario. Si la clase obrera de Francia hubiera tenido en aquella época un partido marxista unido, no importa que fuese poco numeroso, su lucha heroica contra la burguesía se habría desarrollado con mucho más éxito y se habrían evitado muchos errores.

En el curso de la lucha revolucionaria, los obreros y campesinos rusos supieron evitar los errores y conquistaron el poder, precisamente porque habían sido encabezados por un partido tan templado en los combates y tan organizado como es el Partido Comunista. Bajo su dirección, realizaron enormes transformaciones en el terreno social y económico y construyeron la sociedad socialista.

Estos ejemplos evidencian el enorme papel que desempeña el partido en la lucha de la clase obrera y de todos los trabajadores por su emancipación de la opresión social, nacional y de otra índole.

El partido marcha en vanguardia. Sin embargo, la clase obrera no puede limitarse a comprender que necesita tener su propio partido. ¿Qué partido necesita? Este es un problema quizas aún más importante. Es natural que no todo partido que pretende dirigir a la clase obrera es capaz de cumplir con esta tarea.

Bajo la dirección de un partido inepto es imposible conquistar el poder y edificar una nueva sociedad. Lenin, en su conocida obra ¿Qué hacer?, señaló: “No basta titularse “vanguardia”, destacamento avanzado: es preciso también obrar de suerte que todos los demás destacamentos vean y estén obligados a reconocer que marchamos a la cabeza”.

La experiencia histórica demostró que los partidos socialdemócratas de la II Internacional resultaron ser completamente incapaces de encabezar el movimiento obrero. Los lideres reformistas[1] que dirigían estos partidos se pronunciaron por la “conciliación” de clases, por el “desarrollo pacifico del capitalismo para transformarse en socialismo” sin lucha ni revolución.

La burguesía se esforzó mucho para socavar el movimiento revolucionario, acudiendo al soborno de las capas superiores de la clase obrera con el dinero obtenido mediante el saqueo de las colonias y utilizando para estos fines parte de sus super-beneficios. Este hecho contribuyó a que en el seno de los partidos socialdemócratas triunfase el oportunismo,[2] no pudiendo ya estos partidos encabezar el movimiento obrero, lo que se hizo aún más evidente al llegar una nueva época, la época del imperialismo, en la que se agudizaron todas las contradicciones del capitalismo.

Lenin, al hacer un profundo análisis de la época del imperialismo y de las leyes objetivas que lo rigen, llegó a la conclusión de que una nueva situación histórica planteó ante la clase obrera las tareas de la lucha revolucionaria inmediata por la conquista del poder y la edificación del una nueva sociedad socialista. La clase obrera podía cumplir esta mision sólo a condición de que estuviese dirigida por un partido político de nuevo tipo, organizado sobre principios nuevos y que actuase al estilo nuevo, diferente de los partidos de la II Internacional. Se necesitaba un partido que inculcase a los obreros y a todos los trabajadores un espíritu revolucionario y estableciese y consolidase la unión con el proletariado de otros países y con el movimiento de liberación nacional.

Tal partido fue creado en Rusia a finales del siglo XIX y comienzos del XX. En aquella época, en la que de círculos y grupos marxistas dispersos se formó un partido, las actividades de Lenin y sus partidarios transcurrieron en condiciones sumamente difíciles.

Estos fueron objeto de las persecuciones más despiadadas por parte de las autoridades zaristas que se habían infiltrado en el movimiento obrero. En su obra ¿Qué hacer?, Lenin, refiriéndose a las condiciones en que se desenvolvía la lucha, dijo lo siguiente: “Marchamos en pequeño grupo unido, por un camino escarpado y difícil, fuertemente cogidos de las manos. Estamos rodeados por todas partes de enemigos, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión libremente adoptada, precisamente para luchar contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, al pantano vecino, cuyos moradores nos reprochan desde un principio el que nos hayamos separado en un grupo aparte y el que hayamos escogido el camino de la lucha y no el de la conciliación”.

Lenin enarboló la bandera de lucha contra los oportunistas que actuaban en el movimiento obrero de Rusia y dentro de la II Internacional. En el curso de esta lucha creó y forjó un partido revolucionario combativo, capaz de lograr el triunfo de la revolución socialista.

Lenin siempre se guió por las geniales ideas de C. Marx y F. Engels, fundadores del comunismo científico, por su experiencia en la creación de la primera organización comunista, la Liga de los Comunistas, y de la I Internacional, prototipos ambos de los modernos partidos marxistas-leninistas comunistas y obreros. Lenin desarrolló en nuevas condiciones históricas las ideas marxistas acerca del partido proletario, cristalizándose éstas en una armónica doctrina. Elaboró los principios sobre los que descansan la ideología, la política y la táctica del partido, así como los principios de organización del mismo y sus normas de vida.

Lenin mostró que el partido es una unión de luchadores concientes por la liberación de la clase obrera y de todos los trabajadores, y por la transformación completa de la sociedad sobre la base de los principios comunistas. Esta unión es voluntaria. Su base teórica y su concepción del mundo es el marxismo, y su fin es la edificación de la sociedad comunista.

La unidad de criterios y fines forma una base ideológica sobre la que es posible erigir un partido.

Una vez lograda la unidad ideológica del partido, surge el problema de su unidad orgánica.

La lucha puede coronarse por el éxito, sólo a condición de que los combatientes obren conjuntamente. Esa es una verdad confirmada por toda la experiencia histórica.

He aquí lo que al respecto dice una leyenda: Un día, un anciano reunió a sus hijos y es entregó una ramita a cada uno. Luego les rogó que la partiesen por la mitad. A los jóvenes no les costó ningún trabajo hacerlo. Entonces, el viejo les repartió ramitas unidas en haces, diciendo así:

– A ver, hijos míos, si los partís por la mitad.

Por mucho que se esforzaron los jóvenes, no lograron partir los haces ni doblarlos siquiera.

– No olvidéis nunca lo que voy a decir –advirtió el viejo-. Si queréis ser fuertes e invencibles, si queréis combatir a los enemigos y resistir con firmeza las penas y miserias, obrad unidos. No es nada difícil venceros a cada uno por separado, pero unidos representaréis una fuerza invencible.

A diferencia de los partidos burgueses y pequeñoburgueses, que se ven privados de principios orgánicos más o menos firmes, los partidos marxistas-leninistas atribuyen mucha importancia a la unidad orgánica. Para asegurar con éxito el desarrollo de las actividades del partido, señalaba Lenin, tienen enorme importancia no sólo un programa revolucionario y una táctica política acertada, sino también los principios sobre los cuales descansa la estructura del partido, o sea, los criterios sobre los principios de organización que le permiten cumplir el papel guía de las masas.

¿Cuáles son los principios orgánicos?

¿Cuáles son, pues, los principios orgánicos del partido marxista? Lenin decía que para poder dirigir con éxito la lucha revolucionaria, el partido debe ser una fuerza de vanguardia, un destacamento consciente de la clase obrera, capaz de dirigir a las grandes masas y, por eso, el partido está formado por los elementos más firmes y conscientes.

El partido es una organización de clase cuyas raíces deben penetrar hondamente en lo más profundo de las masas. Por eso, entre los militantes del partido hay no sólo obreros, sino campesinos y gentes de otras capas del pueblo trabajador, siempre que sigan a la clase obrera y estén dispuestos a sacrificarse en la lucha revolucionaria, en aras de un gran fin y por los intereses de todos los trabajadores.

El partido puede cumplir su misión de fuerza consciente de vanguardia a condición de que se guíe por la teoría marxista-leninista: la teoría revolucionaria más avanzada que permite al proletariado orientarse con acierto, prever mejor que nadie el futuro y ancauzar el movimiento revolucionario por un camino acertado. El conocimiento de las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad facilita la comprensión de los fenómenos sociales, rompe las cadenas de la ignorancia, permite ver los horizontes del desarrollo social y penetrar en el futuro, infundiendo, de este modo, seguridad en la victoria. Todo esto permite al partido elaborar una política acertada y, precisamente por ello, Lenin decía que no puede haber un fuerte partido socialista sin una teoría revolucionaria que agrupe a todos los socialistas, de la que éstos extraigan todas sus convicciones y las apliquen en sus procedimientos de lucha y métodos de acción.

El Partido Comunista no hubiera cumplido su papel de vanguardia si no hubiese sido una fuerza organizada de la clase obrera. Tiene que organizar las actividades de sus militantes de manera que se dediquen a la misma causa, obren unánimemente y avancen por el mismo camino. Para lograrlo, el partido debe mantener su cohesión por medio de la unidad de voluntad y acción y poseer una disciplina que deben conservar, rigurosamente y en la misma medida, los dirigentes y militantes de filas.

Sin estar bien organizado, el partido no puede desempeñar el papel de vanguardia consciente de la clase obrera. Lenin decía: “El proletariado…sólo puede hacerse y se hará inevitablemente invencible, siempre y cuando que su unión ideológica por medio de los principios del marxismo se afiance mediante la unidad material de la organización, que cohesiona a los millones de trabajadores en el ejército de la clase obrera”.

Los trabajadores se agrupan, además, en organizaciones sin partido: Sindicatos, organizaciones juveniles, cooperativas, etc., con las cuales el partido está ligado. Los oportunistas se esfuerzan por desunirlas, predicando la “neutralidad” de las mismas, lo que lleva el agua al molino de la burguesía, por escindir el movimiento obrero, dividiéndolo en grupos aislados que obren sin concierto ni armonía.

No pueden considerarse normales las relaciones establecidas históricamente entre los partidos socialdemócratas de Europa Occidental y las minorías parlamentarias, que, prácticamente, estaban por encima de los primeros. Muy a menudo la minoría parlamentaria emprendía un camino erróneo, oportunista, sin poder el partido ni su Comité Central inmiscuirse para corregir estos errores. Teniendo en cuenta la experiencia lamentable de los partidos socialdemócratas de la II Internacional, Lenin planteó el problema de las relaciones entre el partido y su minoría parlamentaria (la minoría en la Duma del Estado). Se debía dar a cada diputado socialdemócrata pruebas de que “tiene detrás al partido que el partido siente inquietud por sus faltas y se preocupa de encarrilarlo por la buena senda”, es decir, que el partido es una organización dirigente respecto a la minoría parlamentaria y a todas las organizaciones sin partido de los obreros, de los trabajadores.

El partido agrupa a los mejores representantes de la clase obrera, posee una rica experiencia política y se guía por la teoría revolucionaria más avanzada. Por eso no sólo es capaz, sino que se ve obligado a dirigir la actividad de todas las organizaciones sin partido de la clase obrera, considerando a éstas como correas de transmisión entre el partido y las masas. El partido es la forma de superior de organización de clase del proletariado.

El problema de las relaciones entre el partido y las demás organizaciones de la clase obrera cobró una importancia mucho mayor después de haber tomado ésta el poder en sus manos.

El partido está llamado a dirigir no sólo el trabajo de las entidades estatales, sino las labores de los organismos que desempeñan funciones de carácter social. Las orienta en sentido general y asegura la aplicación de su línea política, sin imponerles su voluntad ni suplantarlas. Las resoluciones aprobadas por el partido se hacen realidad a través de los comunistas que forman parte de dichos organismos.

La fuerza fundamental del Partido Comunista reside en que abarca a amplías masas. Para los marxistas-leninistas, el partido nunca fue una organización situada por encima de las masas, porque es fruto de su iniciativa, está ligado estrechamente con ellas, se preocupa constantemente por fortalecer y ampliar estos lazos.

Los comunistas siempre lucharon contra los oportunistas, los cuales despreciaban la importancia de la ligazón del partido con las masas; lucharon contra el “economismo”, corriente oportunista dentro del movimiento obrero de Rusia, cuyos adeptos exhortaban a limitarse a una lucha en el terreno económico y aseguraban falazmente que las masas sin partido podían actuar por sí solas, espontáneamente, sin ser dirigidas, en tanto que el partido estaba llamado a ser un testigo indiferente de los acontecimientos, arrastrándose en pos de ellos. Los comunistas criticaban despiadadamente las “teorías” populistas, pequeñoburguesas, acerca del papel de la “multitud” y de los “héroes” en la historia, teorías en las que se exageraba el papel del individuo y se rebajaba el de las masas populares en la vida y en el progreso de la sociedad. Lenin y los leninistas luchaban también contra el sectarismo, o sea, contra las personas que se encerraban en sus respectivas organizaciones sin preocuparse por establecer vínculos de unión entre ellas y las masas. Esta era la posición que ocupaban en Rusia los “otzovistas”[3], por ejemplo, los cuales proponían que la minoría socialdemócrata fuese retirada de la Duma del Estado, negando la posibilidad de utilizar la Duma para desenmascarar la política del zarismo y atraer a su lado a las masas trabajadoras. En su obra La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, publicada en 1920, Lenin, criticando el sectarismo, exhortó a los comunistas a desarrollar sus actividades en todas partes donde haya masas para ganar simpatías. El partido puede ser fuerte y vigoroso sólo a condición de vincularse indisolublemente con toda la vida de la clase obrera, y, a través de ésta, con todos los explotados. Lenin atribuía a esta tesis una importancia extraordinaria. En 1920, al criticar a algunos comunistas ingleses que menospreciaban la ligazón con las masas, Lenin planteó la cuestión con toda rigurosidad:

“Si la minoría no sabe dirigir las masas y vincularse estrechamente con ellas, no es un partido y, en general, no tiene ningún valor, aunque se denomine partido…”

En la doctrina leninista acerca del partido de nuevo tipo figura, como la más importante, la tesis acerca de que la fuerza e invencibilidad del partido reside en su unidad y cohesión, así como en la depuración de sus filas, expulsando a los oportunistas y capituladores. Al decir “unidad” se sobreentiende que todos los militantes del partido y todas sus organizaciones ocupan las mismas posiciones ideológicas, políticas y orgánicas y siguen la misma línea. Cae de su peso que la unidad en el seno del partido es incompatible con la presencia de oportunistas en sus filas, quienes, en algunos casos, se pronuncian abiertamente contra los principios marxistas-leninistas y, en otros, los admiten sólo de palabra. El partido tampoco puede tolerar en sus filas a los conciliadores que se esfuerzan por conciliar a los comunistas con los oportunistas. Los comunistas, cuya táctica es muy flexible, nunca hacen concesiones a sus enemigos ideológicos si se trata de principios.

Lenin recalcaba más de una vez que la política más acertada es aquella que está basada en los principios. Es muy significativa su conversación con J. Plejánov, destacada personalidad política, quien cediendo posiciones de principio a los oportunistas, trataba de conciliar, en 1904, a los bolcheviques con los mencheviques.

“- Entre las esposas –dijo en una ocasión Plejánov- hay algunas de muy mal genio. Para evitar historicismos y escándalos en público, es mejor ceder.

– Quizás tenga usted razón –le contestó Lenin_, pero hace falta hacerlo, conservando su prerrogativa para evitar un “escándalo” aún mayor”.

Así manifestó Lenin su actitud respecto a los conciliadores. Consideraba que el tratar de conciliar a los revolucionarios con los oportunistas mediante concesiones en cuestión de principio, se convierte él mismo en oportunista, lo que había ocurrido a Plejánov, quien, de conciliador que era, se convirtió en menchevique.

En Europa Occidental, los partidos socialdemócratas de la II Internacional menospreciaban el problema de la unidad. Dichos partidos constituían una mezcla de elementos marxistas y oportunistas, de partidarios y enemigos del marxismo. Los primeros iban adaptándose poco a poco a los segundos y sometiéndose inevitablemente a su influencia. Por eso, en aquellos partidos predominaban los oportunistas, enemigos de la revolución socialista.

En Rusia, fueron los trotskistas,[4] los capituladotes de derecha y otros enemigos del leninismo quienes propugnaban la teoría de la convivencia de distintas fracciones y  los trotskistas negaban la doctrina de Lenin acerca de la posibilidad de edificar el socialismo en un solo país y se corrientes dentro de un mismo partido y trataban de debilitar a éste frente a su enemigo de clase. Luchando contra toda clase de oportunistas, Lenin señalaba que el partido no podía tolerar en sus filas ni a los oportunistas ni a los conciliadores, que el partido es una organización de correligionarios. “…No podemos trabajar –decía Lenin- sin unidad en las cuestiones fundamentales”.

La revolución proletaria no puede triunfar, si los reformistas y los oportunistas se infiltran en el partido. Como ejemplo de esta tesis está la experiencia histórica de la clase obrera húngara. La República Soviética Húngara, advenida en 1919, duró muy poco porque en las filas del Partido Comunista Húngaro, al lado de los marxistas revolucionarios actuaban oportunistas y capituladores. Después de la segunda guerra mundial, la clase obrera de Hungría, en alianza con el campesinado trabajador, tomó el poder en sus manos y se dedicó a construir el socialismo. Los acontecimientos de 1956 demostraron una vez más que los divisionistas, oportunistas y capituladores se aprovecharon de su condición de miembros del Parido Obrero para luchar contra la República Popular Húngara. Los trabajadores de este país frustraron las maniobras de los contrarrevolucionarios y quedó confirmado y completamente claro que el partido no debe tolerar en sus filas a los fraccionarios y escisionistas.

Lenin decía que en Rusia también “surgieron muchas veces situaciones tan difíciles que el régimen soviético habría sido derrotado inevitablemente si los mencheviques, reformistas y demócratas pequeñoburgueses hubieran quedado en el partido”. De ahí que, en 1921, el X Congreso del Partido Comunista de Rusia aprobase la proposición de Lenin de prohibir todo fraccionamiento bajo amenaza de ser expulsado, incondicional e inmediatamente del partido.

En la organización del partido desempeña un importantísimo papel el principio del centralismo democrático. Lenin, desarrollando la doctrina elaborada por Marx y Engels, enseñaba que el partido debe estar estructurado de forma que cada organización y cada miembro actúe según un plan único. En caso contrario, ¿cómo sería posible garantizar la unidad de voluntad y acción de todos sus miembros? Por eso, el partido debe observar rigurosamente el principio del centralismo democrático, elaborar un programa y estatutos únicos, establecer una dirección centralizada y proporcionar las condiciones necesarias para que todos los afiliados puedan influir en su vida interna.

Tales son los principios de organización del partido de nuevo tipo elaborados por Lenin. Su importancia es enorme, porque sirven de base para la formación del partido como organización combativa, centralizada, una organización capaz de llevar a la clase obrera y a todos los trabajadores por el camino de la lucha revolucionaria hacia la victoria de alcance histórico-mundial sobre la burguesía, hacia la sociedad comunista. Los principios de organización permiten al partido marchar a la cabeza de todas las demás organizaciones de la clase obrera y dirigirlas.

“Necesidad de elaborar las normas de organización”

Los principios de organización constituyen la base del partido, pero no pueden ni deben abarcar toda la gama de problemas concretos que regulan la vida interna del mismo: los derechos y deberes de sus miembros, la estructura y la actividad diaria de sus organizaciones, las relaciones entre ellas, entre las organizaciones de base y las superiores, etc. Pero sin estos importantísimos factores es imposible organizar correctamente la vida interna del partido como una organización voluntaria, centralizada y combativa. Por eso, a la par de los principios generales de organización del partido, es necesario elaborar las normas concretas de su vida interna, sin las cuales, además los principios generales pueden ser interpretados de distintas maneras.

He aquí varios ejemplos. El principio de que el partido es una fuerza organizada de la clase obrera, uno de los principios más importantes, ha sido interpretado por los oportunistas de manera muy distinta a la concepción marxista-leninista. De ahí que los mencheviques, enemigos de los bolcheviques, de los comunistas, se pronunciasen por una organización carente de verdadero espíritu partidista y propusieran admitir en el partido a todos los intelectuales simpatizantes. Los socialdemócratas de la II Internacional tampoco veían diferencia entre el concepto de partidismo y el de imparcialidad admitiendo en sus partidos a todos, incluyendo a los elementos pequeñoburgueses y hasta burgueses. En la actualidad son los revisionistas quienes viven con la ilusión de acabar con el partido como organización íntegra y combativa. Con este fin proponían los revisionistas norteamericanos sustituir el Partido Comunista de EE.UU. por la llamada “asociación de acciones políticas”.

Otro ejemplo. Hemos dicho anteriormente que el centralismo democrático es uno de los principios de capital importancia. Pero, ¿cómo interpretarlo y ponerlo en práctica? Sólo el partido marxista da una interpretación correcta al concepto de democracia interna del partido. No la separa del centralismo, no la considera como un fin en sí, sino ve en ella un medio que ayuda a los comunistas a ser fieles servidores de la clase obrera, de todos los trabajadores. En cuanto a los oportunistas, pretenden convertir el partido en un club de discusiones, en una organización incapaz de encabezar acciones unidas. Los revisionistas son el eco de los reformistas, autores de una teoría acerca de la llamada democracia “integral”, amplia, sin limitación alguna. Los dirigentes de los socialistas de derecha y los revisionistas, valiéndose de la consigna de amplia democracia, tratan de implantar la libertad de fracciones, grupos y acciones dirigidas contra el partido contra su unidad.

Estos ejemplos, cuyo número podría ser aumentado, revelan la necesidad de concretar los principios de organización y especificar las normas de vida del partido. Es de valor inapreciable la labor emprendida por Lenin en el terreno de la elaboración de estas normas y principios de dirección del partido, que son la base de todas las actividades de los partidos marxistas-leninistas.

La necesidad de elaborar normas más concretas de la vida del partido surgió en Rusia a principios del siglo XX, en la época en que los círculos dispersos se unificaban en un solo partido. En época anterior, estas normas no habían hecho falta porque no existía un partido único, sino que actuaban círculos independientes carentes de unidad orgánica. El paso de un círculo a otro dependía de la libre voluntad del individuo. Los problemas no se resolvían de acuerdo con los Estatutos, sino “luchando y amenazando con marcharse”. Pero llegó el momento en que de los círculos dispersos e independientes, que actuaban libremente, cristalizó un partido en el cual las estrechas relaciones amistosas se sustituyeron por una sola y amplía vinculación. En aquellas condiciones la cosa “no podía considerarse terminada –decía Lenin- si todo el partido no reconocía y no dejaba afianzadas de una forma taxativa determinadas ideas de organización”, o sea, si no eran elaboradas y afianzadas por los Estatutos del Partido las normas de su organización.

En la época de la formación del Partido Comunista, Lenin recalcó más de una vez la necesidad de elaborar estas normas y él mismo lo hizo al escribir obras como Carta a un camarada acerca de nuestras tareas de organización, ¿Qué hacer?, Un paso adelante, dos pasos atrás, Sobre la reorganización del partido y otras.

Las normas de vida del partido son, según una definición muy general, los preceptos básicos que regulan la vida interna del mismo y de todas sus organizaciones, las ideas de organización sobre los métodos de acción necesarios para afianzar el papel dirigente del partido en la lucha por el poder y la edificación del socialismo y el comunismo.

Las normas de vida del partido y principios de dirección leninistas, que son la única interpretación. Aceptada por todos, de los principios de organización, sirven de medio potente para consolidar sus filas, para aumentar su fuerza organizativa y combatividad. De acuerdo con estas normas, el partido representa una organización voluntaria, centralizada, unida, cuya fuerza reside, además, en una amplía iniciativa de sus miembros. Este partido es capaz de encabezar la lucha que mantienen la clase obrera y todos los trabajadores.

¿Cuáles don, pues, las normas de vida del partido elaboradas por Lenin? ¿Cómo se traducen en ellas los principios básicos de organización del partido?

Normas leninistas de vida del partido

Las normas más importantes que se derivan de los principios de organización son las que rigen la pertenencia al partido.

La combatividad del partido depende de su composición Lenin enseñaba que la combatividad del partido marxista depende, en medida considerable, de su composición, o sea, de los afiliados y de los deberes que éstos asumen. La política del partido depende en gran medida de quienes forman parte del mismo, cosa muy lógica, ya que las masas del partido representan una fuerza decisiva que no sólo determina la línea política, sino que la pone en práctica.

Lenin siempre subrayaba la dependencia existente entre los comunistas y la posibilidad de aplicar una política partidista acertada. El problema de los deberes del militante es la piedra angular en la creación del partido, porque determina su tipo. No es de extrañar que en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, celebrado en 1903, se entablase precisamente alrededor de este problema una enconada lucha entre Lenin y sus partidarios, de una parte, y los mencheviques, de otra. En la lucha que se desplegó en torno al articulo primero de los Estatutos, que definía la condición de militante, se revelaron dos tendencias –la revolucionaria (leninista) y la oportunista (menchevique)- y se hizo evidente el abismo que separaba a los bolcheviques de los mencheviques al resolver el problema de si el partido debía ser de nuevo tipo o una copia de los existentes en Europa Occidental. Estos últimos no se preocupaban de la calidad de sus afiliados y se atenían a la política de “puertas abiertas”, o sea admitían en sus filas a todos los que lo deseaban. Por eso estos partidos se vieron repletos de elementos antiproletarios, lo que constituyó una de las causas de su oportunismo. Por ejemplo, el Partido Socialdemócrata de Alemania, durante la primera guerra mundial y en el periodo posterior a ella, traicionó los intereses de la clase obrera y apoyó a la burguesía porque, a lo largo de muchos años, admitió a elementos casuales, pequeñobuergueses e incluso burgueses.

El Partido Comunista de la Unión Soviética es un partido de nuevo tipo, un partido combativo, revolucionario, monolítico. Luchando por su creación, Lenin, en su articulo Los obreros acerca de la escisión en el seno del partido, escribía: “Es necesario definir con toda precisión las condiciones de militante del partido”.

Tal definición hizo Lenin en el II Congreso del POSDR y, posteriormente, en su obra Un paso adelante, dos pasos atrás. En ambos casos, Lenin argumentó las normas de vida del partido ligadas con la condición de militante. Su formulación del artículo respectivo de los Estatutos preveía que cada miembro del partido reconociese su programa y contribuyese tanto con recursos materiales como con su participación personal en una de sus organizaciones. Esta formulación determinaba lo esencial: los límites del partido, la divisoria entre los principios partidistas y los de imparcialidad, recalcando que le partido es combativo y revolucionario si se basa no sólo en la unidad ideológica, sino también en la lucha activa de sus miembros por esa unidad, bajo la dirección de una de sus organizaciones.

Los mencheviques presentaron una formula según la cual se consideraba miembro del partido a todo el que aceptase su programa y le ayudase económicamente. Insistían en que la participación personal en una de las organizaciones del partido no fuese obligatoria.

Lenin consideraba absurdo, carente de todo sentido y perjudicial, otorgar a cada cual el alto titulo de comunista.

En su obra Un paso adelante, dos pasos atrás, Lenin reveló toda la inconsistencia teórica de la fórmula de los mencheviques referente a la condición de militante. Estos borraban los límites entre el partido y la clase, convirtiendo a aquél en una agrupación difusa e informe, Lenin y sus partidarios veían claramente la diferencia entre la clase y su vanguardia, el partido. Lenin escribía al respecto: “Nosotros somos el partido de la clase y, por ello, casi toda la clase, (y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro partido, debe tener con nuestro partido la ligazón más estrecha posible; pero sería manilovismo,[5] y “seguidismo” creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia… Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplías a su avanzado nivel, sería únicamente engañarse a si mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas. Y precisamente así se cierran los ojos y tal es el olvido que se comete cuando se borra la diferencia que existe entre los que están en contacto y los que ingresan, entre los conscientes y activos, por una parte, y los que ayudan por otra”.

Tanto antes como después de la toma del poder por la clase obrera –y sobre todo después el partido puede gozar de un prestigio ideológico y político absoluto entre las masas trabajadoras, pero no debe admitirlas a todas en sus filas. No se trata de echar por la borda a los que no son miembros del partido. Pueden y deben ser incorporados a las organizaciones sin partido anexas a éste (sindicatos, cooperativas, comités antifascistas, sociedades de partidarios de la paz, etc.).

Lenin demostró convincentemente que la fórmula de los mencheviques acerca de la condición de militante revela el punto de vista oportunista sobre el partido como una simple aglomeración de personas no obligadas a observar sus resoluciones. La definición de Lenin reveló toda la esencia de un partido de nuevo tipo.

Los comunistas están unidos por la comunidad de ideas y obras; todos luchan abnegadamente por la causa del partido. Lenin decía: “discutir el problema, expresar y oír opiniones distintas, conocer el criterio de la mayoría de los marxistas organizados, estampar este criterio en una resolución y cumplir honestamente esa resolución es lo que se llama unidad en todas partes del mundo y por toda la gente sensata”. El partido educa a sus miembros en el sentido de que la resolución de éste es una ley inquebrantable, una guía para la acción. El comunista fortalece el partido no sólo admitiendo de palabra la justedad de la línea del mismo, de sus acuerdos y votando por ellos, sino, en primer lugar, trabajando abnegada y enérgicamente a fin de poner en práctica las resoluciones por él tomadas.

El alto titulo de comunista

De lo dicho anteriormente se desprende que las normas de vida del partido en lo referente a la condición de militantes, emanan íntegramente de la definición del Partido Comunista como fuerza de vanguardia de la clase obrera, organización combativa y revolucionaria, capaz de llevar tras ella a todos los trabajadores. De ahí que a los comunistas se les exija un excelente comportamiento político. Al señalar que el titulo de comunista debe mantenerse en alto, Lenin decía: “Nuestra tarea es cuidar de que los miembros de nuestro Partido se mantengan firmes en sus convicciones, enteros en su acción y puros en sus ideas. Debemos elevar más y más cada día el titulo de miembro del partido y su importancia”.

¿Qué dice al respecto la historia del Partido Comunista? ¿Quiénes se afiliaban a él antes de la Revolución de Octubre, en las condiciones del zarismo? Desde luego, los obreros más avanzados, los proletarios más conscientes y firmes. Los seguían los campesinos, en primer término los más pobres, y los intelectuales progresistas que habían ligado su vida con la causa revolucionaria de la clase obrera. A ellos no les aterrorizaba la perspectiva de ser detenidos por la policía zarista, encarcelados, condenados al destierro o a la pena capital.

Estaban seguros de la justedad de la causa que defendían y creían en la victoria de la revolución.

Recordemos, por ejemplo, a Félix Edmúndovich Dzerzhinski, conocido en la historia del PCUS como paladín de la revolución. Ingreso en el partido en 1895. Fue un participante muy activo de la revolución de 1905 y de la Gran Revolución Socialista de Octubre. En su diario, escrito en la cárcel, decía: “Ya veo a las enormes masas puestas en movimiento, veo cómo quebrantan el viejo régimen…Me siento Orgulloso de ir con ellas, de verlas, sentirlas, comprenderlas y de haber sufrido mucho con ellas. Aquí, en la cárcel, son frecuentes los momentos muy difíciles, a veces a uno le da hasta miedo… Sin embargo, si hubiera tenido que empezar a vivir de nuevo, habría emprendido el mismo camino”.

El pueblo soviético venera a sus héroes nacionales. Refiriéndose a Iván Bábushkin, uno de ellos, Lenin dijo que, gracias a la actividad de los obreros avanzados, el partido creció en 1905 y se logró unir a la clase obrera. A Bábushkin lo mataron ferozmente los verdugos zaristas. Lenin dijo que Bábushkin al morir estaba seguro de que perduraría la causa por la que él entregaba la vida, de que la continuarían decenas y centenas de miles de personas, de que por esta causa morirían otros obreros y que seguirían luchando hasta lograr la victoria.

Después de la toma del poder por los trabajadores, al Partido Comunista afluyeron muchos combatientes no menos abnegados. En la época de la construcción pacífica del socialismo y en los años de la defensa de las conquistas de Octubre y del socialismo, los mejores obreros, campesinos e intelectuales trabajadores ingresaron al partido. Millones de patriotas soviéticos se afiliaron al Partido Comunista durante la segunda guerra mundial. “Ruego me consideren comunista” –decían y escribían muchos miles de combatientes del Ejército Soviético antes de lanzarse al combate por la libertad de su Patria.

En la actualidad, los mejores trabajadores del País de los Soviets ingresan en el partido porque quieren ser constructores más activos de la sociedad comunista. En cinco años y medio, o sea, en el periodo comprendido entre los Congresos XX y XXII, han sido admitidos al Partido Comunista 2.500.000 personas. Entre los que ingresaron en el partido en 1960, los obreros constituyen el 43%, los campesinos, el 22%, ingenieros, agrónomos y otros especialistas, más de un 20%.

La clase obrera de otros países también ha promovido revolucionarios firmes y valientes.

Es conocido mundialmente el nombre de Jorge Dimitrov, destacado revolucionario, que, debido a su firmeza, preparación ideológica y voluntad inquebrantable, se convirtió de acusado, como figuraba en el juicio que le habían preparado los fascistas alemanes, en acusador del fascismo nazi. Es imposible olvidar las torturas a las que sometieron a Ernesto Thaelmann, jefe del Partido Comunista de Alemania. No hubo fuerzas capaces de quebrantar el espíritu de Julius Fucik, comunista checoslovaco, asesinado en la cárcel por los fascistas alemanes durante la segunda guerra mundial. Fucik murió como un héroe nacional, como un comunista.

Para garantizar la pureza en las filas del partido se han establecido normas de admisión.

Esta es individual, se presentan avales. Una norma muy importante, establecida después de la Revolución de Octubre, es la que prevé el periodo de candidato a miembro. Las organizaciones del partido deben observar rigurosamente estas normas cuya esencia consiste en asegurar la correcta selección de los obreros, campesinos e intelectuales más conscientes, para que no puedan penetrar en su seno elementos casuales o enemigos.

De las indicaciones de Lenin acerca del sublime titulo de comunista y de la necesidad de luchar activamente por la causa del partido dimanan los deberes de sus miembros enumerados en los Estatutos: fortalecerla unidad del partido, dominar la teoría marxistaleninista, ser ejemplo de actitud comunista en el trabajo, observar los principios de la moral comunista, etc. Estos deberes constituyen las normas más importantes de vida del partido, reflejando las altas reivindicaciones que él plantea ante sus miembros. Entre los millones de luchadores por una nueva sociedad, los comunistas son los más conscientes, activos y fieles. Siempre y en todas las ocasiones se encuentran en las primeras filas de la lucha, y siempre son un modelo digno de imitar para las masas.

Además, Lenin elaboró las normas de vida del partido, que determinan su estructura.

El centralismo democrático

El principio del centralismo democrático es la piedra angular de la estructura orgánica del partido. Todas sus actividades se rigen por los principios del centralismo, observando la más amplia democracia.

El centralismo significa que el partido tiene un solo programa y unos estatutos únicos, obligatorios para todas sus organizaciones y miembros; que su dirección es única, debiendo los organismos inferiores cumplir incondicionalmente las decisiones de los superiores; en el partido hay una sola disciplina: la minoría se supedita a la mayoría.

Los principios democráticos significan que el Programa y los Estatutos, así como las decisiones mas importantes, son aprobados luego de discutidos por todos los miembros del partido; que los organismos dirigentes tienen carácter electivo y rinden cuentas periódicamente, y que todos los comunistas participan activamente en la vida del partido.

Según definición de Lenin, la esencia de la democracia interna consiste en que “en todos los asuntos del partido participan, directamente o a través de sus representantes, todos los afiliados, con plena igualdad en derechos y sin excepción alguna; además, todos los funcionarios, todo el aparato dirigente y todas las instituciones del partido son electivos, rinden cuentas periódicamente y se renuevan”.

Lenin consideraba el centralismo y los principios democráticos como un todo único, vinculado orgánicamente. Se complementan mutuamente, formando una sólida base en la estructura y actividades del partido. Al aceptar lo uno y negar lo otro, se destruye toda la esencia de este principio.

El centralismo democrático prevé también una rigurosa disciplina, subordinación de la minoría a la mayoría, el cumplimiento obligatorio de las decisiones de los organismos superiores por los inferiores. Lenin decía que al existir del deseo de actuar unidos, debe existir también el de someterse a la voluntad de la mayoría. Al mismo tiempo, decía, negarse a cumplir las decisiones de la dirección central equivale a renunciar a su calidad de miembro del partido.

El centralismo y la observancia incondicional de la disciplina son necesarios para que el partido tenga una voluntad común y asegure la unidad de acción. Al mismo tiempo, esta voluntad solo puede lograrse por vía democrática, es decir, discutiendo conjuntamente los problemas fundamentales y aprobando los acuerdos obligatorios para todos. La voluntad común, cristalizada en los acuerdos del partido, es fruto de la democracia interna, expresa con la mayor plenitud y acierto las necesidades de la lucha de clase del proletariado y protege el partido contra el subjetivismo.

El centralismo democrático es necesario en la estructura y vida del partido para lograr que este bien organizado y tenga unidad de acción, fortalecer la disciplina e impulsar la iniciativa y actividad revolucionaria de los comunistas.

El centralismo y la democracia interna obedecen a la conveniencia revolucionaria. Según sean las condiciones históricas, el peso relativo de uno u otra puede aumentar o disminuir.

La experiencia del Partido Comunista de la Unión Soviética dice que, en condiciones de clandestinidad, cuando el partido se ve perseguido, o durante la guerra, destaca al primer plano el centralismo, conservándose en la medida posible todas las formas democráticas.

En cambio, cuando el partido actúa en condiciones legales, gozando de libertad, aunque sea relativa, y tanto mas si es dirigente, si esta en el poder, se desarrollan ampliamente las formas democráticas, que se conjugan, desde luego, con el centralismo, sin el cual seria imposible lograr la voluntad común y la unidad de acción de los comunistas.

El partido procura en todo momento asegurar la mayor democracia posible, penetrar en las particularidades de cada periodo, reflejar acertadamente la marcha de la vida e impedir que se vulnere el principio del centralismo democrático. Al admitir el centralismo como el principio único en la organización del partido, uno va a caer inevitablemente en tergiversaciones de carácter burocrático y, en este caso, se debilitaría la iniciativa de los comunistas, mientras que el olvido de este llevaría al anarquismo en el terreno de la organización, al surgimiento de fracciones y grupos y al debilitamiento y destrucción de la disciplina del partido. Ambos casos son perjudiciales en extremo.

Al declarar Lenin el centralismo democrático como principio rector de la estructura orgánica del partido, los oportunistas de toda laya pusieron el grito en el cielo. Los mencheviques se lanzaron furiosos contra el centralismo, contra la subordinación de la minoría a la mayoría, de los organismos locales a los centrales y contra la disciplina igual para todos los miembros. Afirmaban falazmente que el partido no debía basarse en el centralismo democrático, sino con el federalismo y el autonomismo anárquico,[6] el cual  brindaría a algunos afiliados y organizaciones la posibilidad de infringir los acuerdos adoptados, creando así un caldo de cultivo para los elementos oportunistas. Los revisionistas modernos imitan a los mencheviques rusos y a los socialdemócratas de Europa occidental, que formaban parte de la II Internacional. Algunos de ellos (el norteamericano Norman y el italiano Onofri) niegan el centralismo democrático en general, promulgando una “democracia absoluta”, o sea, la democracia sin dirección alguna. Otros (Gates, de los EE.UU) actúan con mayor sutileza: proponen separar la democracia delcentralismo porque su conjugación, según ellos lleva al aplastamiento de la democracia por el centralismo. Al mismo tiempo, los oportunistas se encubren con la consigna de “libertad” de discusiones y exigencia de ampliar la democracia, comprendida sólo en el sentido pequeñoburgués y anárquico.

En realidad, el centralismo crea condiciones propicias para el desarrollo de la democracia interna y se fortalece el mismo debido a este desarrollo. Es natural que la amplia democracia interna lleve a una elevación del prestigio de los organismos dirigentes del partido que actúan con acierto y justedad cada vez mayores, ya que se apoyan en la experiencia e inteligencia de todos los comunistas. A su vez, los organismos de dirección, que son fuertes y gozan de prestigio, hacen todo lo posible para impulsar la actividad de los comunistas y desarrollar la democracia interna, viéndose de esta forma como estos dos factores se encuentran en un estado de interacción constante.

El centralismo democrático se manifiesta, ante todo, en la elegibilidad, de abajo arriba, de todos los organismos directivos del partido, en el derecho de cada miembro a elegir los diversos organismos y poder ser elegido. Se manifiesta también en una rendición periódica de cuentas de los organismos del partido ante sus organizaciones. De este modo, en la vida del partido participan activamente todos los comunistas.

Refiriéndose a la vida interna del partido, Lenin decía: “La organización del partido descansa sobre bases democráticas. Esto significa que todos los afiliados eligen a los que han de ocupar los cargos de responsabilidad, a los miembros de los comités etc., que todos los comunistas discutan y resuelvan los problemas referentes a la campaña política del proletariado, que todos los comunistas determinaran la táctica de las organizaciones del partido”.

Libertad de discusión y critica

El centralismo democrático significa el libre examen de las cuestiones políticas del partido sobre una base de crítica y autocrítica. Lenin señalaba que el partido debe desarrollar todos Lenin, aceptando el principio federal en el terreno de la estructura estatal, lo rechazaba rotundamente con respecto a la del partido, pues este principio desunía al proletariado y lo dividía en pequeños grupos nacionales. Lenin señalaba que el federalismo en el partido legalizaba la desunión y el separatismo.

El principio burgués del autonomismo está ligado estrechamente con el federalismo y anuncia la  absoluta independencia de las organizaciones locales respecto a las centrales. Los mencheviques, enemigos del centralismo, se atenían a este principio, considerando superflua e innecesaria la intervención del Comité Central en las labores locales de las organizaciones del partido. Al rechazar el principio, Lenin le contra ponía el de la autonomía de las organizaciones locales cuanto a la solución de carácter social, y cuando esas soluciones lo contradijeran las directrices obligatorias para todo el partido. (nota de la edit.)

Los medios de la crítica y la autocrítica como arma siempre presta e instrumento imprescindible para descubrir y eliminar defectos.

La crítica y la autocrítica son normas importantísimas en la vida del partido marxista y se determinan en su seno por las necesidades de la lucha de clases. La critica esta llamada a fortalecer las filas y la disciplina del partido, pero, no significa libertad para manifestar cualquier punto de vista ni derecho a minar la disciplina, que constituye la base del partido.

Es intolerante respecto a las predicas de criterios nocivos y considera como imposible la permanencia en sus filas de aquellos que las hacen. ¿No contradice esto la democracia del partido? Ni mucho menos. Al contestar a la exigencia de implantar una libertad absoluta de critica, Lenin decía: “Cada uno es libre de escribir y de hablar cuanto quiera, sin la menor cortapisa. Pero toda asociación libre (incluido todo partido) es también libre para arrojar de su seno a aquellos de sus miembros que utilizan el nombre del partido para propugnar puntos de vista contrarios a este… El partido es una unión voluntaria, cuya disgregación, primero ideológica y luego material, seria inevitable sino se desembarazase de los miembros que sostienen opiniones opuestas a las del partido. Pues bien, para determinar los limites entre el partido y lo que es contrario al partido esta el programa del mismo, están sus resoluciones sobre táctica y sus estatutos…”.

El partido comunista desarrolla por todos los medios la crítica y la autocrítica, cuyo objeto fundamental es fortalecer la disciplina consciente. El partido arranca de la siguiente tesis leninista: una vez terminadas las discusiones y tomado un acuerdo, se establece la unidad de acción absoluta, y todos los comunistas actúan como un solo hombre.

El carácter colectivo de dirección

El centralismo democrático significa también el carácter colectivo de dirección, lo que representa un principio supremo en la dirección del partido, una de las normas fundamentales de su vida. Lenin decía que la dirección, en todos sus eslabones, de abajo arriba, debe ser colectiva, o sea, apoyarse en la teoría marxista, en la iniciativa y experiencia de los cuadros del partido y las amplias masas. La vida normal del partido y la feliz ampliación de su política serian imposibles “sin elaboración colectiva de determinadas formas y normas de trabajo”.

El partido puede realizar la dirección justa y tomar decisiones correctas solo si acude a la experiencia colectiva y a la sabiduría colectiva de su comité central, que se guía por los principios científicos de la teoría Marxista-Leninista. Lenin, al resolver los problemas esenciales, siempre tomaba en consideración las opiniones de los comunistas y la practica de las amplias masas trabajadoras, sobre todo en los momentos de bruscos virajes que exigían cambios del partido y elaboración de nuevas decisiones.

Tomemos, por ejemplo, el periodo entre febrero y octubre de 1917, unos de los más importantes en la historia del partido. El 3 de abril del mismo año Lenin regresó del extranjero, a donde había huido de las persecuciones policíacas. Al día siguiente pronunció un informe sobre las tareas del partido en la revolución, primeramente ante los miembros del Comité Central y después ante los delegados bolcheviques y mencheviques a la Conferencia de toda Rusia de los Soviets de diputados obreros y soldados. A este mismo problema estuvieron dedicados sus informes ante la Conferencia de los bolcheviques de Petrogrado y ante la VII Conferencia de toda Rusia (Conferencia de Abril) del Partido Bolchevique. De este modo, Las Tesis de Abril de Lenin reflejaron el punto de vista de todo el partido.

Cuantos han trabajado con Lenin subrayan su gran maestría para organizar el examen colectivo de las cuestiones y tomar acuerdos colectivos. He aquí lo que dice L. Fotieva, secretaria de Lenin: “En su actividad como jefe del Estado soviético, Lenin aplicó rigurosamente el principio de la dirección colectiva. A pesar de su enorme prestigio, Lenin no resolvía nunca las cuestiones personalmente, como Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo. Estimulaba la iniciativa de cada trabajador, no le abrumaba con su autoridad, sino que trataba de persuadirle. La lisonja, la adulación y el servilismo eran inconcebibles entre los allegados a Lenin. En las reuniones del Consejo de Comisarios del Pueblo o en el Consejo de Defensa, todos los oradores exponían libremente sus opiniones sobre los asuntos que discutían. Frecuentemente se entablaban vivísimas discusiones; también sucedía que la mayoría de los miembros del Consejo de Comisarios del Pueblo adoptase una decisión con la que no estaba de acuerdo Vladimir Ilich. Se subordinaba a la mayoría y, en caso que el asunto tuviera una importancia primordial, lo pasaba al Buró Político del CC del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia o lo presentaba al dictamen del Comité Ejecutivo Central y volvía una y otra vez a la cuestión en litigio”.

Es muy interesante la forma en que Lenin dirigía las reuniones del Consejo de Comisarios del Pueblo o del Buró Político del CC del Partido Comunista. Prestaba mucha atención a lo que decían los informantes y les invitaba a exponer inmediatamente sus opiniones, objeciones y sugerencias. Los documentos recopilados en las Obras de Lenin, sus anotaciones, preguntas, etc., muestran que él siempre trataba de conocer los puntos de vista de gran número de personas antes de tomar un acuerdo definitivo. Durante las reuniones del Consejo de Comisarios del Pueblo, casi nunca intervenía en los debates si no figuraba entre los informantes. Por lo visto, no quería abusar de su autoridad, dejando que expresaran sus opiniones todos los que deseasen. A veces, si todos callaban, él se dirigía a alguien: “A ver ¿Cuál es su opinión?”

Lenin veía en el Partido Bolchevique un jefe colectivo del pueblo soviético, y, en el Comité Central, un organismo digno de orientar todo el trabajo ideológico y orgánico del partido, toda la vida económica y política del país. El carácter colectivo de la elaboración de las decisiones es el método principal de la actividad del Comité Central. En su informe ante el IX Congreso del Partido Lenin dijo: “Para evitar cualquier malentendido, hay que recalcar, desde el principio, que el secretario del CC ha puesto en práctica sólo las decisiones colectivas de éste, aprobadas por el Buró de Organización, el Buró Político o el Pleno del CC. En caso contrario el CC no podría funcionar debidamente”.

Lenin impedía que ensalzasen sus méritos personales y desarraigaba cualquier brote de culto a la personalidad. Por ejemplo, cuando llegó a conocer que la Comisión de Historia del Partido Comunista y de la Revolución de Octubre había emprendido, en 1920, la recopilación de materiales para el futuro Museo de Lenin, lo prohibió de la manera más categórica. A M. Olminski, le dijo así: “Usted no puede imaginar hasta qué grado estoy descontento al observar esa exaltación constante de mi persona”.

Este es uno de tantos ejemplos que evidencian cómo Lenin siempre se preocupaba por elevar el prestigio de los organismos colectivos del partido. Consideraba que en el periodo comprendido entre dos congresos, el CC debía funcionar como una entidad colectiva. El principio de dirección colectiva, vulnerado en los años del culto a la personalidad de Stalin, está restablecido por completo y se aplica firmemente por el Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Los plenos del CC y los congresos del partido se convocan con regularidad de acuerdo con los plazos estipulados por los Estatutos del mismo. Los problemas más importantes de la vida del partido y del pueblo se someten a una amplia discusión, en la que toman parte todos los comunistas, todos los trabajadores.

El prestigio del dirigente

Es obvio que la dirección colectiva no puede existir sin una responsabilidad de los dirigentes por el cumplimiento de las tareas encomendadas y no rebaja el papel de los dirigentes ni su prestigio. Lenin, dirigiéndose a las personas contagiadas por el anarquismo, que negaban toda autoridad, decía que la clase obrera, al llevar en todo el mundo una lucha dura y tenaz por su liberación, necesita autoridades, en el sentido de que la experiencia de los viejos combatientes dotados de amplios horizontes políticos educa a los jóvenes revolucionarios.

En sus XX, XXI, XXII Congresos, PCUS, partiendo de esta indicación de Lenin y luchando contra el culto a la personalidad, que denunció completamente, señaló que apreciaba mucho el prestigio de sus dirigentes y tenía en alta estima a los que reflejaban de verdad los intereses del pueblo y entregaban todas sus fuerzas a la lucha por el triunfo del comunismo.

El prestigio de un dirigente descansa en sus vínculos con las masas, en su labor práctica, en su experiencia, conocimientos y capacidad. El prestigio de Lenin no tenía límites, era natural y se basaba en su ligazón con el pueblo, capacidad extraordinaria, inteligencia genial y enorme experiencia política. Los viejos comunistas dicen que la autoridad de Lenin, como dirigente del partido “era la del verdadero jefe y camarada, ante cuya superioridad se inclinaba uno, dándose perfecta cuenta de que él lo comprendería todo y, por su parte, quería ser comprendido”.

Lenin consideraba que deben encabezar el partido personas que no sólo se distingan por sus altas capacidades políticas y administrativas, sino por unas determinadas cualidades personales. En 1923, en vísperas del XII Congreso del partido, Lenin, gravemente enfermo, dicto su Carta al Congreso en la que presentó severas exigencias a los dirigentes. En particular, plateó la cuestión de si Stalin podría seguir siendo Secretario General del CC del Partido. “El camarada Stalin –decía en la Carta-, llegado a Secretario General, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia”. Lenin, al señalar que Stalin era demasiado brusco, hacía notar su intolerancia, falta de atención para con los camaradas, su carácter caprichoso, etc. Estos defectos, tolerables en las condiciones corrientes, son completamente incompatibles con la calidad de dirigente del partido. Lenin veía que las cualidades negativas de Stalin podrían perjudicar al partido y al Estado y proponía discutir su traslado a otro cargo. Sin embargo, las advertencias y los consejos de Lenin, lamentablemente, no se tomaron en cuenta, lo que proporcionó muchas dificultades al partido y al país, provocadas por el culto a la personalidad de Stalin y la vulneración del principio de la dirección colectiva.

Una manifestación concreta de las normas de vida del partido, que regulan la dirección colectiva democrática de todo él y de todas sus organizaciones, son los artículos de los Estatutos que determinan la efectividad de los organismos dirigentes del mismo, la rendición de cuentas de estos organismos y de los dirigentes, el papel de los plenos de los comités del partido, las reuniones de los activistas, las asambleas del partido, etc.

No se reduce todo a que dichos plenos y asambleas discutan periódicamente distintos problemas. ¿Cómo entienden los leninistas el principio de la dirección colectiva? Conforme a este principio, los comités del partido, en su labor cotidiana, se apoyan en la experiencia colectiva de los cuadros dirigentes y las amplías masas. Lo esencial de este principio consiste en una estrecha y constante ligazón del partido con el pueblo.

Lenin ponía por encima de todo la experiencia práctica de las masas porque veía en ella la cristalización de la sabiduría colectiva. “La inteligencia de decenas de millones de creadores –decía- produce algo incomparablemente más grande que una previsión, por ingente y genial que sea”. La tesis de Lenin acerca de la ligazón del partido con las masas se ve encarnada en varias normas de vida de éste. Su preocupación por fortalecer dicha ligazón se manifiesta también en la organización del partido según el principio territorial y de producción. De los vínculos con las masas tratan varios artículos de los Estatutos, entre los cuales figuran, en particular los que determinan las relaciones entre el partido y las organizaciones de masas. El partido, dicen los Estatutos, dirige las labores de los Soviets,  que son organismos estatales, de los sindicatos, del Komsomol, etc., y, al dirigirlas, no emplea métodos de ordeno y mando, sino de persuasión, actuando a través de los comunistas que forman parte de estas organizaciones. En los organismos estatales y sociales electivos, los comunistas forman núcleos, resolviendo colectivamente los problemas referentes a las actividades de estos organismos y toman los respectivos acuerdos para llevarlos a la práctica mediante la persuasión de sus camaradas sin partido.

La selección de cuadros y el control del cumplimiento.

Entre los principios leninistas de la dirección figura el referente a la selección de cuadros y el control del cumplimiento de las tareas encomendadas. El gran mérito del Partido Comunista, un partido que se dedica a transformar la sociedad, consiste en saber unir la palabra a la acción, la decisión a su cumplimiento, los planes a su realización. El Partido Comunista no se limita a elaborar una política acertada, sino que garantiza su aplicación, no se limita a trazar planes científicos de la construcción del comunismo, sino que logra que estos planes se realicen. Esto es posible porque la política del partido va indisolublemente unida con su labor organizativa.

La política, basada en los conocimientos de las leyes económicas objetivas y que corresponde a los intereses del pueblo, sirve de segura garantía para el éxito.

Pero sólo una política acertada no basta. Ara poder aplicarla eficazmente hace falta realizar un trabajo tenaz. Por bueno que sea un programa, puede convertirse en un trozo de papel inútil, si no se ve reforzado por el trabajo de organización. Los éxitos de histórica resonancia universal, alcanzados por la URSS, son fruto de una política acertada y, al mismo tiempo, de la enorme labor de organización que el partido realiza entre el pueblo.

Uno de los principios rectores de la dirección en el terreno de la organización es la selección y el empleo de los cuadros. No vale nada un acuerdo si no hay quien lo cumpla y organice le trabajo. En todas las esferas de actividad del partido y del Estado, el éxito depende en gran medida de la experiencia y calificación de los cuadros que consideran el cumplimiento de las directrices del partido como un honor y sagrado deber suyo. La política se aplica, decía Lenin, a través de la gente, a través de los cuadros.

La importancia de este principio se reveló, por ejemplo, en la solución dada por el PCUS al problema de lograr un rápido ascenso de la agricultura. El PCUS elaboró un programa de desarrollo de la agricultura, tomó importantes medidas de carácter organizativo y reforzó los koljoses y sovjoses con especialistas. En el campo fue creado un personal permanente de mecánicos y conductores de tractores y cosechadoras, y un gran número de especialistas agrícolas fueron enviados desde las ciudades a trabajar al campo. El partido dedicó especial atención a reforzar los koljoses con buenos y enérgicos organizadores que, como presidentes de los mismos, supieron organizar a las masas, utilizar todas las reservas internas y elevar, en breve lapso, la producción social.

El correcto empleo de los cuadros está determinado por las tareas que se plantean ante el partido en cada etapa de la edificación socialista y es inconcebible con los estrechos intereses locales y departamentales. Los cuadros se distribuyen de acuerdo con las tareas políticas y teniendo en cuenta la capacidad e inclinaciones personales. Lenin señalaba que, en distintas esferas de la actividad, se necesita distinta capacidad. A veces, por ejemplo, una persona inapta para el trabajo organizativo puede ser un magnifico agitador o propagandista. El conocimiento de las cualidades personales de cada trabajador permitirá utilizarlo allí donde su capacidad se desarrolle con mayor plenitud.

La selección y el empleo de los cuadros están ligados estrechamente con el control, que también representa uno de los principios fundamentales del partido en la esfera de la dirección. El partido considera que no basta con otorgar un cargo; hay que comprobar cómo se cumple la misión que haya sido encomendada, y no sólo comprobarla, sino ayudar, en caso de necesidad, y destituir al que cometa graves errores, sobre todo de carácter político.

La comprobación no significa un análisis formal de los documentos referentes al cumplimiento de una tarea encomendada, sino un trabajo cuyo fin es garantizar el cumplimiento de las directrices del partido. No se puede comprender de otro modo la esencia de este principio sin tergiversar su contenido.

La comprobación está ligada estrechamente con la labor de organización. La mejor comprobación es la organización del cumplimiento de una decisión. Al decir que los cuadros se valoran según los resultados del trabajo, se sobreentiende que esta valoración no es el resultado de un registro de los libros de oficina, sino observación del trabajo mismo.

La comprobación es eficaz si se realiza con toda responsabilidad y a su debido tiempo; pero, en cambio, rezagada, hecha después de haberse cometido graves errores, no vale, prácticamente, nada.

La selección correcta de los cuadros, su preparación y la inspección bien organizada son garantía de la eficaz dirección por parte del partido.

La unidad es una ley inquebrantable

Son de extraordinaria importancia las normas de vida del partido que garantizan la unión y cohesión en el seno de éste. Dichas normas han sido elaboradas en el curso de la lucha que llevó el partido contra fracciones y corrientes enemigas, y algunas de ellas surgieron como respuesta al trabajo de zapa realizado por elementos antipartido que trataban de quebrantar las filas del partido. Por ejemplo, como reacción al intento de los trotskistas de utilizar la democracia interna para frustrar la unidad del partido, en los Estatutos aparecieron las normas que determinan el orden y las condiciones de la discusión general. La discusión se admite en los casos siguientes: si se considera necesaria por varias organizaciones locales del partido; y si dentro del CC no hay una mayoría convincente indudable de votos o, habiéndola, si el CC considera necesario comprobar la justedad de su política. Los Estatutos determinan que la discusión general sobre cuestiones de política de partido debe ser organizada de manera que una minoría insignificante no pueda imponer su voluntad a una mayoría aplastante de militantes del partido, de forma tal que no se permita surgir fracciones que quebrantarían la unidad.

De este modo, el partido, a través de sus Estatutos y las normas allí enunciadas, crea “una arma más o menos afilada contra el oportunismo” (V. I. Lenin).

Cuidar con esmero de la unidad del partido es un sagrado deber tanto de su Comité Central como de todas sus organizaciones. Refiriéndose a la extraordinaria importancia de la unidad del partido para su actividad y para la cohesión de la clase obrera, Lenin subrayaba que, para evitar la formación de fracciones, cada organización del partido debe velar con el mayor rigor para impedir cualquier manifestación de fraccionamiento.

Tales son las normas fundamentales de vida del partido, elaboradas por Lenin. Desempeñan un papel muy importante porque vinculan a todas sus organizaciones con reglas y formas únicas de estructura, trabajo y relaciones. Sin estas normas únicas, el partido no puede se una organización unida y bien organizada.

ENRIQUECIMIENTO Y DESARROLLO CREADOR DE LAS NORMAS LENINISTAS DE VIDA DEL PARTIDO

Al tratar de las normas leninistas de vida del partido, hay que tener presente que, si bien éstas concretan los principios de organización del partido, especifican, al propio tiempo, únicamente las tendencias principales y esenciales de la actividad del mismo. Las normas de vida del partido están reflejadas en sus Estatutos que, según Lenin, constituyen un acuerdo común en cuanto a las formas y normas de trabajo de sus organizaciones, siendo natural que no puedan ni deban prever todos los pormenores del trabajo del partido y sus organizaciones. Por ejemplo, en los Estatutos se formulan los principios esenciales referentes a la elección de los organismos del partido y, la propio tiempo, el CC del PCUS elabora instrucciones especiales que prevén el orden de las elecciones de los comités del mismo. Las organizaciones del partido toman acuerdos relativos a su actividad cotidiana, siempre que dichos acuerdos, lejos de contradecir las normas de vida del partido, se basen enteramente en ellas.

Otra particularidad de estas normas consiste en que no sólo sirven de base para la actividad y estructura del partido, sino que se desarrollan y se enriquecen con experiencia práctica en la lucha revolucionaria. El Partido Comunista aplica las formas de organización y métodos de actividad y desarrolla la teoría desde las posiciones del marxismo creador. Todo lo nuevo y valioso que surge en la vida, en la práctica, queda afianzado en los Estatutos, en cuyos artículos respectivos se introducen las modificaciones necesarias.

Los estatutos no pueden ser modificados arbitrariamente

El partido no modifica arbitrariamente los estatutos, sino de estricto acuerdo con las condiciones históricas concretas y las tareas políticas que dimanan de ellas.

El partido nunca ha visto en las formas de organización un fin en si, sino un medio para el feliz cumplimiento de las tareas planteadas. Las formas en cuestión se determinan por el trabajo mismo, las condiciones históricas concretas, la correlación de fuerzas de clase y otros factores que sirven de base para las tareas fundamentales que el partido elabora cada fase. El partido es fuerte porque está organizado, es flexible, sabe rechazar las tesis caducas y cambiar de táctica y formas de organización. El desarrollo creador de los principios marxistas-leninistas de organización del partido estriba en este proceso ininterrumpido, en el que todo lo caduco se ve sustituido por lo nuevo, por lo recién nacido, por lo que corresponde a las necesidades del momento.

El Partido Comunista se basa en el marxismo creador y, como se dice en un acuerdo sobre los problemas de organización aprobado por el X Congreso, “rechaza rotundamente las búsquedas de formas de organización del partido y métodos de trabajo absolutamente correctos y aptos para todas las fases del proceso revolucionario. Al contrario, las formas de organización y métodos de trabajo del partido se determinan enteramente por una situación histórica concreta, así como por las tareas que dimanan directamente de esta situación”.

Lenin criticaba con toda severidad a quienes se atenían a puntos de vista muertos y osificados en las cuestiones de organización, a quienes se aferraban a formas de organización caducas “en vez de aplicar un método revolucionario a una situación nueva, a una época que ha sufrido transformaciones y que requiere procedimientos y formas de organización nuevos”.

He aquí varios ejemplos que muestran de qué manera los cambios en la situación influyen sobre el desarrollo de las formas de organización y métodos de trabajo del partido.

En la época prerrevolucionaria, en la que el partido se encontraba en una profunda clandestinidad y se veía perseguido implacablemente, no podía aplicar ampliamente el principio del democratismo. En las condiciones conspirativas, todo intento de aplicar una amplía democracia interna llevaría al fracaso, a las detenciones en masa de los militantes del partido. Este principio podía ser aplicado en condiciones legales, o por lo menos debilitada, la autocracia zarista. Mientras tanto, los comités del partido no eran, en muchos casos, elegidos, sino designados desde arriba y también determinaban ellos mismos su composición. Tampoco había condiciones para que los organismos de dirección rindieran periódicamente cuentas ante los afiliados.

Lenin consideraba temporal esa situación. El partido aprovechaba cada oportunidad, incluso en tiempos del zarismo, para aplicar el principio del centralismo democrático.

Durante la revolución de 1905, el partido empezó a salir de la clandestinidad y Lenin planteó la cuestión de la democracia interna. En noviembre de aquel año, cuando el zarismo, forzado por la revolución concedió algunas libertades, Lenin escribió el artículo Sobre la reorganización del Partido en el que decía: “Ha llegado o, en todo caso, está llegando la hora en que el principio electivo podrá aplicarse en la organización del partido no de palabra, sino de hecho, no como una frase bella, pero vacía, sino como un principio efectivamente nuevo, efectivamente renovador, que ampliará y robustecerá las ligazones partidarias”.

Después del triunfo de la Revolución de Octubre, cuando el partido se hizo gobernante y se le plantearon las tareas de lucha por el socialismo, se introdujeron muchos conceptos nuevos en sus formas de organización. El principio de elección y rendición de cuentas de los organismos del partido ante los comunistas se aplicó sistemáticamente. El número de los que deseaban ingresar al partido aumentaba sin cesar y, para impedir que se infiltrasen en sus filas elementos indignos, se estableció el período de candidato a miembro, o sea, el tiempo necesario para que los candidatos conozcan más a fondo el Programa y los Estatutos del Partido Comunista y se preparasen para ser miembro del mismo. Además, durante este período, la organización del partido comprueba las cualidades personales del candidato.

Sólo al caducar dicho periodo (que en el PCUS es de un año) la organización decide sobre la admisión del candidato en calidad de miembro. Los que aspiraban a ingresar en el partido se dividían en tres categorías. Los obreros (1ª categoría) gozaban de algunos privilegios en comparación con los campesinos (2ª categoría) y los empleados (3ª categoría): presentaban menor número de avales, y el período de candidato establecido para ellos era más corto.

Esta decisión se adoptó para atraer al partido a cuadros más valiosos, para unirlo y cohesionarlo más y acrecentar su papel dirigente.

A pesar del culto a la personalidad

El triunfo del socialismo en la URSS creó nuevas condiciones para la actividad del partido.

Se efectuaron cambios radicales en la estructura de la sociedad soviética y se formó su unidad ideológica y política. Las diferencias de clase entre obreros y campesinos siguieron desapareciendo. Por eso, fueron establecidas las condiciones de admisión en el partido iguales para todos los trabajadores. Continuó desarrollándose constantemente la democracia interna, a pesar de que hacia el XVII Congreso del Partido arraigó el culto a la personalidad de Stalin, que se dejó sentir en la teoría y en la práctica. Una de las normas nuevas que aparecieron al desarrollarse la democracia interna, fue la de votación secreta al elegir los organismos de dirección.

De lo dicho se desprende que el Partido Comunista de la Unión Soviética, educado y templado por Lenin, ha resultado ser una organización fuerte y sana, a pesar del daño considerable causado por el culto a la personalidad.

Las medidas encaminadas al desarrollo de la democracia interna y adoptadas después de celebrarse el XX Congreso del PCUS (febrero de 1956) sirven como magnifico ejemplo del enfoque creador de la organización del partido. El Congreso abrió una nueva página en la historia del Partido Comunista y ejerció una influencia benéfica en el desarrollo del País Soviético y del movimiento comunista mundial. El Congreso condenó franca y firmemente el culto a la personalidad de Stalin, incompatible con la ideología marxista-leninista, que socavaba el democratismo inherente al socialismo. Precisamente el culto a la personalidad originó algunas deformaciones e infracciones de la legalidad socialista y vulneraciones de las normas leninistas de vida del partido y de los principios de dirección del mismo.

Ocuparon importante lugar en la labor del PCUS, después del XX Congreso, el restablecimiento y el desarrollo ulterior de las normas leninistas de vida del partido y de los principios de dirección colectiva en todos sus eslabones, tanto en el partido como en el Estado. El Comité Central concedió mucha importancia a la necesidad de convocar sistemáticamente los organismos electivos, empezando por los congresos del partido y los plenos del Comité Central. En los diez años transcurridos desde el XIX Congreso se celebraron tres congresos: el XX, el XXI y el XXII, que fueron precedidos por una amplia discusión por parte de los comunistas y las masas sin partido. Una actividad política de envergadura especial se notó antes de iniciarse el XXII Congreso, que adoptó el nuevo Programa del PCUS. En las reuniones, en las que se discutió el proyecto del Programa, participaron unos 73 millones de personas.

De acuerdo con las normas leninistas, el PCUS, que es el partido de todo el pueblo soviético, trata de atraer a estas discusiones a la mayor cantidad posible de trabajadores. El partido siempre tiene presente las sabias palabras de Lenin: “Sin publicidad sería ridículo hablar de democratismo y, además, sin una publicidad que no quede reducida a los miembros de la organización”.

El Partido Comunista, siguiendo una línea leninista en cuanto a la política interior y exterior, cambió resueltamente el estilo de trabajo y los métodos de dirección perjudiciales (métodos de ordeno y mando, adulteración de los hechos, violación del principio de colectividad, menosprecio de la experiencia e iniciativa de las masas, etc.), heredados del periodo del culto a la personalidad. En la actualidad, el PCUS aplica firmemente los métodos leninistas de dirección basados en el profundo conocimiento de la vida, una estrecha ligazón con las masas, utilización de su experiencia colectiva, apoyo de la actividad creadora e iniciativa de los trabajadores.

En los últimos años, el PCUS aplicó medidas de extraordinaria importancia: liquidación de una centralización excesiva en la dirección de la economía nacional; ampliación de los derechos de las repúblicas federadas y organismos soviéticos locales; reorganización de la planificación de la economía nacional, atrayendo a esta labor a amplías masas trabajadoras; implantación de métodos democráticos en la dirección de la producción, con amplía participación de los trabajadores; creación de los consejos económicos en las zonas económicas, para que la dirección de la industria sea más eficaz, etc. Todas estas medidas contribuyen al desarrollo de la democracia socialista y a la ligazón, siempre en aumento de las organizaciones del partido en todas las esferas de la vida de la sociedad soviética, lo que aceleró aún más el avance del país.

Eso, significa que el Partido Comunista no se limitó a restituir las normas y las tradiciones leninistas, sino que las aplicó con espíritu creador, teniendo en cuenta las nuevas condiciones históricas, y elaboró nuevas formas y métodos de dirección que corresponden íntegramente al espíritu leninista. El grupo antipartido integrado por Molotov, Malenkov, Kaganívich y otros se opuso a las medidas encaminadas a la superación del culto a la personalidad y a la línea leninista, trazada por el XX Congreso del PCUS. Con su enfoque escolástico del marxismo-leninismo, estos sectarios y dogmáticos trataron de conservar los métodos nocivos de dirección y frenar el avance de la sociedad soviética hacia el comunismo. El desenmascaramiento y la derrota ideológica de este grupo antipartido fue un acontecimiento de enorme importancia para el PCUS, así como para todo el movimiento comunista mundial.

Nueva fase en la vida del partido

El desarrollo ulterior de las normas leninistas de vida del partido y la perfección de las formas y métodos de la actividad del mismo, vienen condicionados por las tareas que se presentan en el período de la edificación del comunismo en todos los frentes. El nivel alcanzado en el terreno de las transformaciones sociales y de la edificación del comunismo exige la ampliación y el desarrollo del centralismo  democrático y de los principios democráticos de la dirección de la economía nacional y del Estado.

En el periodo de la construcción del comunismo en todos los frentes, el partido se ha convertido en un partido de todo el pueblo. Eso es natural. El partido es una organización llena de vida e iniciativa que se desarrolla sin cesar, de acuerdo con los cambios que se observan en el terreno de las relaciones sociales y con las tareas que se presentan a la sociedad. Su base social se amplía constantemente, sus fuerzas crecen impetuosamente.

Sería erróneo dejar de ver los cambios cardinales que se han producido en la estructura de clase de la sociedad soviética en el período de la edificación del socialismo y el comunismo. Con el triunfo del socialismo, en la URSS han desaparecido las clases explotadoras y se extinguen cada día más las diferencias entre los obreros y campesinos, que son dos clases amigas. En estas condiciones el partido se convierte en portavoz de los intereses de todo el pueblo soviético. Los soviéticos confían infinitamente en su partido, le son fieles sin reserva y siguen cerrando filas en torno a la bandera del marxismo-leninismo.

Al convertirse el partido en una organización de todo el pueblo se amplió su influencia orientadora sobre todos los aspectos de la vida de la sociedad, ya que se aumentó la importancia y la complejidad de las tareas de la construcción en el terreno económico y cultural. Basta recordar que durante los primeros tres años del septenio –de 1959 a 1961- la generación de energía eléctrica aumentó en 92.000.000.000 de KWH, es decir, en tanto como si en la URSS se hubieran erigido 30 centrales eléctricas de la potencia de la Hidrocentral de Dniéper. La extracción de petróleo ha crecido en 52.900.000 toneladas.

Dicho con otras palabras, se han creado otros tres nuevos centros petroleros como Bakú aproximadamente, en tanto que en la Rusia de antes, éste era el único centro petrolero de importancia. En la economía nacional de la URSS se están produciendo profundos cambios estructurales, cualitativos; se está aplicando la electrónica, la automatización, la cibernética, etc. El programa del PCUS ha trazado tareas aún más grandiosas.

En el período de transición al comunismo, muchos millones de personas participan conscientemente en la dirección de la economía nacional y del Estado. Cuanto más crece la participación de las masas en la transformación de la sociedad tanto mayor es el papel que desempeña su vanguardia en la dirección de la sociedad, tanto más se exige del partido en su labor teórica, política y organizativa.

El papel del partido crece debido a factores como la ampliación de la democracia socialista y el incremento de la importancia de la teoría del comunismo científico y de la educación comunista de los trabajadores. Sólo el partido que posee una teoría avanzada, conoce las leyes del desarrollo social y sabe aplicarlas, es capaz de encabezar la lucha por el comunismo.

La elevación del papel dirigente del partido no se produce, desde luego, automáticamente.

Depende directamente de la actividad de éste, de las formas de organización y de los métodos de trabajo. El Programa del PCUS dice : “El partido perfeccionará continuamente las formas y métodos de su actividad para que el nivel de su dirección sobre las masas, de la creación de la base técnica y material del comunismo y del desarrollo de la vida espiritual de la sociedad responda a las crecientes exigencias de la época de la edificación del comunismo”.

Las modificaciones introducidas por el XXII Congreso del PCUS (octubre de 1961) en sus Estatutos están encaminadas a perfeccionar sucesivamente las formas de organización y los métodos de dirección y, al mismo tiempo, desarrollar las normas leninistas de vida del partido. Las medidas de carácter organizativo, previstas por los Estatutos, son testimonio de una nueva fase en el desarrollo del partido y están ligadas indisolublemente con la estrategia y táctica de la lucha por el comunismo.

¿Cómo desarrollan los Estatutos las normas leninistas de vida del partido?

En primer término, se presentan nuevas exigencias a los comunistas. El artículo referente a la calidad de miembro del partido conserva íntegramente el principio leninista relativo a la pertenencia al mismo. Este principio ha soportado todas las pruebas y está confirmado por la historia. Al mismo tiempo, este artículo contiene una nueva tesis: el criterio más importante para determinar si un ciudadano es digno del título de comunista es la medida en que participa en la edificación del comunismo. Entre los deberes fundamentales del comunista figuran los deberes en el trabajo social, en la producción y en la creación de la base material y técnica del comunismo. El comunista debe cuidar que todos sus compañeros de trabajo mantengan una actitud comunista ante el mismo y observen los principios éticos incluidos en el código moral de los constructores del comunismo. En el terreno de las labores de carácter social es donde los comunistas tienen que desplegar también sus actividades, cumpliendo su papel de vanguardia.

Los Estatutos, aprobados por el XXII Congreso del PCUS, significan un gran paso en el desarrollo del centralismo democrático, de la democracia interna, la crítica y la autocrítica, la dirección colectiva y otros principios y normas leninistas de vida del partido. En el período de la edificación del comunismo en todos los frentes, el partido como destacamento avanzado del pueblo, debe ir también delante en la organización de su vida interna, debe ser ejemplo y modelo en la elaboración de las formas más perfectas de autogestión social Comunista.[7]

El partido está llamado a servir de ejemplo en el terreno de la democratización de su vida interna, elevación de la actividad e iniciativa de los comunistas y ampliación del principio social en las labores de sus organizaciones. Sólo así el partido puede encabezar a las masas, su lucha por una nueva sociedad y asumir el papel dirigente en las condiciones de la democracia socialista en desarrollo. Introduciendo los métodos democráticos de organización de su vida interna, el partido prepara a los comunistas para el paso a la autogestión social, educa a las masas sin partido y sirve de modelo para todas las organizaciones sociales.

Uno de los postulados primordiales de las Estatutos del PCUS trata del desarrollo ulterior de la democracia interna y de la elevación constante de la actividad de los comunistas. Para este desarrollo tiene una enorme importancia la tesis que refrenda la dirección colectiva como principio supremo de la dirección del partido. En los Estatutos se formulan nuevas e importantes normas de vida del partido que garantizan la inalterable realización de este principio.

Los Estatutos prevén la renovación periódica, en las proporciones respectivas, de la composición de los comités del partido: desde el comité de organización de base hasta el Comité Central del PCUS. En cada elección ordinaria se renueva, por lo menos, una cuarta parte de la composición del Comité Central y de su Presídium. Los Comités Centrales de los partidos comunistas de las repúblicas federadas y los comités territoriales y regionales se renuevan en una tercera parte, por lo menos; los comités urbanos y distritales, así como los comités de las organizaciones de base del partido, en no menos de la mitad. Los Estatutos prevén las normas para elección de miembros a los órganos dirigentes, desde los miembros del Presídium del CC del PCUS y los miembros de los Comités Centrales de los partidos comunistas de las repúblicas federadas hasta los comités de las organizaciones de base. No pueden ser elegidos más de tres veces seguidas, y los secretarios de las organizaciones de base no pueden ser elegidos más de dos veces seguidas.

Estas importantes medidas de organización garantizan el desarrollo ulterior de las normas leninistas de vida del partido, permiten realizar más consecuentemente cada día el principio de la dirección colectiva, la democracia interna, desarrollando de este modo su actividad, la de todas las organizaciones sociales y del pueblo soviético. Este principio de la creación de los órganos del partido asegura amplia afluencia de nuevas fuerzas a los mismos, la acertada conjugación de la experiencia de los cuadros viejos y los jóvenes, permite evitar una concentración desmesurada de poder en manos de algunos dirigentes e impide que se salgan del control de la colectividad. Estas medidas permiten desembarazarse de gente engreída y de espíritu oficinesco, de los dirigentes que no saben trabajar con las masas y prefieren mandar, despreciando la experiencia de ellas, o sea, de los dirigentes que, como  decía Lenin, “valiéndose de su titulo de comunista, no aplican una política comunista, sino burocrática, de ordeno y mando”.

Las medidas estipuladas por el Programa y los Estatutos del PCUS con respecto a la renovación de los cuadros y al desarrollo por todos los medios de la democracia interna, se encuentran en estrecha ligazón orgánica con el plan general trazado por el partido, con su estrategia y táctica de lucha por el comunismo. La aplicación de estas medidas ayuda a educar a cuadros de talento, fieles al comunismo, desarrollar la actividad del partido, de las organizaciones sociales y de todo el pueblo. Ello contribuirá al desarrollo más venturoso cada día de la economía nacional y de la cultura, así como a la construcción del comunismo.

La democratización de la vida interna del Partido adquirirá una envergadura cada vez mayor, debido a las normas estipuladas por el Programa y los Estatutos, encaminadas al amplio desarrollo de los principios sociales en el trabajo del partido, es decir, a la participación de los comunistas, sin remuneración alguna, en las actividades de los organismos del partido. En la actualidad, en las organizaciones del partido trabajan muchos instructores que desempeñan este cargo como labor social y se crean comisiones de distinta clase para inspeccionar la actividad económica de las empresas, los koljoses, etc., para llevar a cabo el trabajo ideológico, etc.

El desenvolvimiento de la democracia interna contribuirá al desarrollo sucesivo de la crítica y la autocrítica. El amplio examen de los problemas de capital importancia y la participación constante de los comunistas en el cumplimiento de los acuerdos tomados, permiten descubrir a tiempo los errores y educar correctamente a los cuadros.

El Partido Comunista no admite el espíritu de engreimiento y placidez, dedica su atención no sólo a los éxitos, sino también a las deficiencias en el trabajo, sometiéndolas a una critica implacable, y sabe movilizar todos sus esfuerzos para alcanzar las metas fijadas.

El PCUS crea condiciones propicias para el examen libre y minucioso de su actividad política y práctica, para las discusiones amistosas en torno a las cuestiones en las que no haya unidad de criterio o estén poco claras. Al mismo tiempo, los nuevos Estatutos ofrecen garantías contra el surgimiento de fracciones y grupos, incompatibles con el marxismoleninismo.

En los Estatutos se dice que en el seno de una u otra organización, o en todo el partido en su conjunto, son posibles discusiones en torno a problemas en los que no haya unidad de criterio o estén poco claros. La amplia discusión, especialmente la discusión en toda la URSS, de cuestiones de política del partido, debe realizarse de modo que asegure la libre manifestación de los puntos de vista de los miembros del partido y que quede excluida la posibilidad de todo intento de formar grupos fraccionarios que rompan la unidad, de todo intento de escisión.

¿Se necesitan en la actualidad garantías contra el fraccionalismo y la actividad de grupos?

Si, se necesitan. En la sociedad socialista soviética, naturalmente, no hay ni puede haber base social para las tendencias oportunistas en el seno del partido; pero no se puede hacer caso omiso a las reminiscencia del capitalismo en la conciencia de los hombres, al afán de la reacción imperialista de mantener desde fuera estas reminiscencias que pueden ejercer su influencia en algunos individuos. Unos se dejan llevar por la propaganda burguesa de fuera, otros, sin llegar a comprender la dialéctica del desarrollo de la vida social, rechazan todo lo nuevo y se atienen a las posiciones caducas, dogmáticas y osificadas.

De ahí que el Programa del PCUS declare: “El partido seguirá fortaleciendo la unidad monolítica de sus filas y manteniendo impoluta la bandera del marxismo-leninismo…La indestructible cohesión ideológica y orgánica del partido es el más importante manantial de su invencibilidad, garantía del cumplimiento con éxito de las grandes tareas en la construcción del comunismo”.

Es muy importante el hecho de que los Estatutos, aprobados por el XXII Congreso del PCUS, hayan refrendado y desarrollado la tendencia a elevar el papel de los organismos locales en la edificación económica y cultural, a ampliar sucesivamente sus derechos y a desplegar su actividad e iniciativa. El PCUS es responsable de todos los aspectos de la vida del país, incluyendo la edificación económica. La economía constituye la base de la vida de toda la sociedad. Lenin decía que “la base, la esencia del Poder soviético, así como la esencia de la transición de la sociedad capitalista a la socialista, consiste en el hecho de que las tareas políticas ocupan un lugar subordinado con relación a las tareas económicas”.

Guiándose por esta tesis leninista, el partido exige que sus organismos locales dirijan la economía de modo concreto, teniendo en cuenta un fin determinado y poseyendo conocimientos necesarios. ¿Cuál es el objetivo principal de la construcción comunista?

Llevar a la práctica la tarea planteada ante el partido y todo el pueblo, a saber: crear la base material y técnica del comunismo, desarrollar al máximo las fuerzas productivas de la sociedad y, a base de estos factores, lograr la abundancia de bienes materiales y espirituales. Para hacer más eficaz la actividad de sus organizaciones en el terreno de la dirección, el partido adopta medidas encaminadas a perfeccionar su estructura orgánica, luchando, al mismo tiempo, contra reorganizaciones y reestructuraciones no dictadas por las necesidades de la vida. Toda su actividad está basada en el análisis más minucioso de las condiciones concretas y en el aprovechamiento de los avances de la ciencia y la práctica.

Así, en el Pleno de noviembre de 1964, el CC del PCUS revisó la decisión, aprobada anteriormente de reestructurar los organismos del partido según el principio de producción y acordó anularla, pues era fruto del apresuramiento, rechazado por la misma vida. Dicho Pleno reconoció que la reestructuración de los organismos locales de dirección según el principio de producción perjudicó a la actividad de los órganos de dirección del partido. Por eso, el Pleno del CC consideró necesario volver al principio territorial y de producción según el cual las organizaciones de base van a estructurarse conforme al principio de producción (empresas, koljoses, fábricas), en tanto que los comités de distrito, de las regiones, etc., se crearán según el principio territorial.

Al perfeccionar la actividad de los comités y organizaciones del partido en el terreno de la dirección de la economía, el PCUS continúa desarrollando todas las esferas de su actividad como organismos de dirección política. Los comités y organizaciones del partido, lejos de limitarse a funciones administrativas, se dedican también a los problemas de la cultura y vida de los trabajadores, así como el trabajo político, organizativo e ideológico, el cual puede ser eficaz sólo si está ligado con el trabajo administrativo en el terreno de la economía y encaminando a crear la base material y técnica del comunismo.[8]

El perfeccionamiento de la actividad de los organismos del partido, de los Soviets y de la economía está unido orgánicamente con la ampliación y desarrollo de los principios democráticos en la dirección de las empresas. Sin vulnerar el principio de la dirección unipersonal,[9] el partido trata de elevar el papel de la opinión pública y de los obreros en la dirección de la producción. Con este fin se aprobó una resolución para crear en las empresas asambleas permanentes de producción integradas por representantes de distintas organizaciones sociales, obreros de vanguardia, ingenieros y peritos. De este modo, en la dirección de las empresas participan amplias masas de obreros, ingenieros y técnicos.

La reorganización del sistema de control del partido y del Estado sirve también de ejemplo para la introducción de métodos democráticos en la dirección de la producción y del Estado. Ya en los primeros años del Poder soviético, se creó, según las indicaciones de Lenin, el sistema más democrático de control: La Comisión Central de Control y a Inspección Obrera y Campesina. Formaban un solo organismos, en el que se conjugaba el control del partido y el Estado. Este organismo incorporó a sus labores a la opinión pública, a los obreros, campesinos e intelectuales de vanguardia. En el período del culto a la personalidad de Stalin, el principio leninista de organización del control fue vulnerado burdamente, sustituyéndose el sistema democrático por un aparato burocrático divorciado de las masas.

Hoy día, el Partido Comunista ha reorganizado radicalmente el sistema de inspección de los organismos del partido y del Estado y de las organizaciones económicas de acuerdo con el principio leninista de unir en un solo organismo de control del partido y el Estado y acudir a la amplia cooperación de los trabajadores. Ahora, como en tiempos de Lenin, en vez de aparatos burocráticos de control funciona un solo organismo: el Comité de Control del Partido y el Estado, dirigiendo sus actividades el Comité Central del PCUS y el Consejo de Ministros de la URSS.

El comunismo es obra del pueblo, de sus esfuerzos creadores, de su ímpetu laboral. La edificación del comunismo supone el desarrollo máximo de la actividad e iniciativa de las masas, su participación activa en la dirección de la producción y el Estado. A este fin están encaminadas las medidas tomadas por el PCUS en la esfera de la democratización del sistema de inspección y dirección de las empresas de producción.

Base de la unidad del movimiento comunista mundial

Los principios y normas leninistas de vida son fruto de la experiencia del PCUS, de la experiencia del movimiento comunista mundial y tiene carácter internacional. Los partidos comunistas y los partidos obreros marxistas-leninistas les atribuyen una importancia primordial.

Hay experiencia mucho más amplía Las normas de vida del partido sirven de sólida base para la organización y actividad de los partidos hermanos y son manantial de fuerza y unidad. Precisamente por eso, en la época que Lenin elaboró los principios y normas de vida del partido de nuevo tipo, los dirigentes de los partidos socialdemócratas de la II Internacional se pasaron al campo de los mencheviques. Contra los principios y normas de vida del partido se pronunciaron los oportunistas francos y los centristas.

En las condiciones actuales, el movimiento comunista mundial ha crecido enormemente, y los partidos se han enfrentado con tareas más complicadas, que se resuelven de modo distinto en cada país, conforme a las condiciones históricas. Los principios y normas leninistas desempeñan un papel cada día más importante. Su observancia es la base de la combatividad y unidad de los partidos marxistas-leninistas.

El PCUS se apoya en su actividad en la experiencia del movimiento comunista mundial.

Aplica constante y consecuentemente las ideas del internacionalismo y las propaga ampliamente entre su pueblo.

Los partidos comunistas y obreros manifiestan una solidaridad fraternal con el PCUS, el primer partido de nuevo tipo, fundado por Lenin, acudiendo en sus actividades a su valiosa y rica experiencia. Apoyan con todo ardor la fidelidad del PCUS a los principios y la firmeza con la que este partido defiende la gran doctrina de envergadura internacional, elaborada por Marx, Engels y Lenin y mantiene en alto la bandera del marxismo-leninismo  creador.

Los partidos comunistas y obreros hermanos, en sus documentos, han dado una valoración muy alta al XX Congreso del PCUS, el cual enriqueció la teoría marxista-leninista con tesis extraordinariamente importantes acerca de los problemas de la lucha por la paz, la independencia nacional, la democracia y el socialismo. Estas nuevas tesis, así como la enérgica condenación al culto a la personalidad de Stalin, el restablecimiento y el desarrollo de los principios leninistas de vida del partido, contribuyeron al auge del movimiento comunista mundial.

Las decisiones del XII Congreso del PCUS son una página de oro en el desarrollo del marxismo-leninismo. Los partidos hermanos han señalado que el Programa del PCUS, aprobado en este Congreso, da solución a los problemas teóricos y prácticos más importantes de la actualidad y determina las perspectivas y tareas de la edificación de la sociedad comunista. Declaran que las decisiones del XX Congreso, así como el Programa y los Estatutos aprobados por el XXII Congreso, tienen una enorme importancia para el perfeccionamiento sucesivo de los principios orgánicos de los partidos hermanos y para el fortalecimiento de su unidad.

La unidad del movimiento comunista mundial puede desarrollarse y fortalecerse únicamente sobre la base del marxismo-leninismo, sobre la base de la estricta observancia de los principios y normas de vida del partido, luchando contra el revisionismo y el dogmatismo.

El revisionismo contemporáneo trata de denigrar el marxismo-leninismo, declara  “anticuados” sus postulados de principio, confirmados por todo el desarrollo de la historia y que no han perdido su importancia en las condiciones actuales. Los revisionistas ansían privar al marxismo de su espíritu revolucionario, se manifiestan en contra de la necesidad histórica de la revolución y de la dictadura del proletariado, niegan el papel dirigente del partido en el periodo de transición del capitalismo al socialismo, etc. En el terreno de la edificación del partido, los revisionistas contemporáneos de EE.UU., Inglaterra, Canadá, Italia y otros países, aprovechando la crítica del culto a la personalidad, empezaron a atacar los principios orgánicos leninistas. Exigen que se revise el principio del centralismo democrático y se legalice el fraccionalismo. No es difícil comprender que tales llamamientos y exigencias están enfilados contra la unidad de los partidos marxistasleninistas y tienen por objeto transformarlos en un campo de batalla de las distintas fracciones.

En las condiciones actuales, la unidad del movimiento comunista mundial se ve amenazada por el dogmatismo y el sectarismo, por el oportunismo de izquierda. Aparentemente, el revisionismo y el dogmatismo son dos polos opuestos, pero, en la práctica, el dogmatismo conduce también al debilitamiento del partido. En vez de estudiar la vida tal como es, los dogmáticos parten de un esquema, lo que lleva a un divorcio con la vida real; se manifiestan contra la necesidad de combatir las adulteraciones del centralismo democrático debidas al culto a la personalidad y tratan de reducir la democracia y las formas colectivas de dirección.

Esta tendencia contradice a la Declaración de la Conferencia de representantes de los partidos comunistas y obreros (1960) en la que dice: “Los partidos marxistas-leninistas consideran una ley obligatoria de su actividad la estricta observancia de las normas leninistas de vida del partido, basándose en el principio del centralismo democrático.

Consideran indispensable cuidar de la unidad del partido como de las niñas de los ojos; observar rigurosamente el principio de la democracia del partido y de la dirección colectiva, atribuyendo, en consonancia con los principios leninistas de organización, una gran importancia al papel de los organismos dirigentes del partido en la vida del mismo.

Consideran indispensable preocuparse constantemente por el fortalecimiento de los nexos de dichos organismos con los miembros del partido y las grandes masas de trabajadores; no admitir el culto a la personalidad, que encadena el desarrollo del pensamiento creador y de la iniciativa de los comunistas; fomentar por todos los medios la actividad de los comunistas y desarrollar la crítica y la autocrítica”.

La aplicación consecuente de las normas leninistas de vida del partido tiene enorme importancia no sólo para la unidad dentro de cada Partido Comunista, sino para la unidad del movimiento comunista mundial que se desarrolla sobre la base del principio del internacionalismo proletario. Cada Partido Comunista es responsable no sólo ante su propio pueblo, sino también ante los de todos los países. Los partidos comunistas y obreros de los países socialistas ocupan posiciones dirigentes y son responsables de todo el desarrollo económico, social y político de sus países respectivos y de las relaciones con otros Estados socialistas.

El marxismo-leninismo constituye la base para la actividad de todos los partidos comunistas. Es la única doctrina internacional, fruto de la experiencia del movimiento obrero mundial. Lenin señalaba que, además de la experiencia nacional de uno u otro partido, “hay experiencia colectiva de la humanidad, mucho más amplia, plasmada en la historia de la democracia y socialdemocracia mundial y refrendada por los representantes más avanzados del pensamiento revolucionario”.

Esto significa que la actividad de un partido comunista no puede por menos de influir en otros partidos comunistas. El partido que refleja correctamente el desarrollo de la vida y aplica una política justa, tal partido no sólo fortalece sus propias decisiones, sino las del movimiento comunista mundial. En cambio, si la dirección de un partido comete errores y manifiesta revisionismo o dogmatismo, eso perjudica a todo el movimiento comunista mundial en su conjunto.

Como doctrina internacional, el marxismo-leninismo se desarrolla y se enriquece con la experiencia de todos los comunistas.

La unidad en las cuestiones fundamentales, lejos de significar uniformidad, ofrece grandes posibilidades de elaborar de un modo creador su propia política. La unidad en las cuestiones fundamentales del marxismo-leninismo, en la estrategia y la táctica se conjuga con la diversidad de las formas concretas de aplicación de la doctrina marxista-leninista de acuerdo con la situación histórica concreta y las condiciones de lucha en cada país dado.

Lenin decía al respecto que es necesario “tener en cuenta la diversidad de condiciones en que los partidos actúan y luchan”.

Es muy comprensible el interés que revelan los partidos comunistas de los países socialistas por la experiencia de la construcción del socialismo en la URSS, primer país que emprendió el camino del socialismo y el comunismo. El movimiento que nace en un joven país “puede vencer únicamente a condición de que utilice la experiencia de otros países”

(V.I.Lenin). Pero, al proceder así, cada pueblo, dirigido por su Partido Comunista, tiene perfecto derecho a elegir sus propias formas, sus propios métodos de construcción del socialismo, de una sociedad, lo que no va en detrimento, ni mucho menos, del desarrollo de las relaciones amistosas entre los países socialistas hermanos, entre sus partidos comunistas y obreros. La propia vida, la práctica se encarga de confirmar si la forma elegida de construcción del socialismo es acertada o errónea.

La disciplina internacional fortalece la unidad

La unidad en las cuestiones fundamentales del marxismo-leninismo es la base de la unidad orgánica del movimiento comunista. Los partidos comunistas y obreros de tipo marxista no tienen Estatutos únicos, pero sí normas leninistas y principios orgánicos únicos, comunes y obligatorios para todos, así como acuerdos, también comunes y obligatorios, aprobados conjuntamente en sus conferencias. En la disciplina proletaria internacional Lenin veía la base de la unidad de acción de los partidos hermanos.

“Nos enorgullecemos –decía- de que estamos resolviendo las grandes cuestiones de la lucha de los obreros por su emancipación, subordinándonos a la disciplina internacional del proletariado revolucionario, tomando en consideración la experiencia de los obreros de los distintos países, teniendo presentes sus conocimientos y su voluntad y haciendo así efectiva en la práctica (y no de palabra…) la unidad de lucha de clase de los obreros por el triunfo del comunismo en el mundo entero”. Lenin enseñaba que un obrero consciente debe sentirse miembro de la familia internacional de marxistas y “no abandonar no por un minuto el ejército internacional de los obreros”.

La dirección de un partido, que desprecia la disciplina proletaria internacional, va por el camino de pisotear los intereses del movimiento comunista mundial y de vulnerar los principios y normas leninistas reconocidos por las Declaraciones de los partidos hermanos.

La gran fuerza de los partidos comunistas y obreros marxistas-leninistas consiste en que son partidos valientes y abnegados combatientes por la causa de la clase obrera y de todos los trabajadores, y en que se guían por la doctrina marxista-leninista y los principios del internacionalismo proletario. Son intolerantes respecto a la burguesía y cualquier manifestación de oportunismo: revisionismo, dogmatismo o sectarismo de izquierda.

La historia del PCUS, así como la de todos los partidos comunistas y obreros hermanos, demuestra que no hay unidad más firme que la de los comunistas, erigida sobre el fundamente granítico del marxismo-leninismo. Esta unidad y cohesión brotan de los magnos fines de liberar a la clase obrera y a todos los trabajadores de las cadenas del capitalismo y reconstruir la sociedad sobre los principios del comunismo.

M. Shólojov, célebre escritor soviético, haciendo uso de la palabra ante el XXII Congreso del PCUS y refiriéndose a la amista entre los partidos comunistas y sus miembros, pronunció estas palabras emocionantes: “Cuando uno piensa en el partido, en sus amigos y camaradas comunistas, le vienen a la memoria unas palabras de Gógol. En su novela Tarás Bulba, el viejo Tarás, antes de empezar la batalla cerca de la ciudad de Dubno, dijo así a los zaporogos: “¡No hay lazos más sagrados que los suyos! El padre ama a su hijo; también lo ama la madre; el hijo ama a aquél y a ésta. Pero no es lo mismo, hermanos: también las fieras quieren a sus cachorros. Sólo el hombre puede hermanarse por el espíritu y no por la sangre”.

¡Qué palabras más hermosas! A nosotros, los comunistas, nos hermanó la idea de Marx, Engels y Lenin, idea por la que el Partido Comunista lleva su lucha a muerte, y para nosotros no hay lazos más sagrados que los de la solidaridad partidista!”

Los partidos comunistas y obreros de todo el mundo, guiándose por las grandes ideas del marxismo-leninismo y fortaleciendo los vínculos de solidaridad de partido, la unidad y la cohesión de sus filas, venciendo terminantemente el revisionismo y el dogmatismo, organizan a la clase obrera y a todos los trabajadores para la lucha por la paz, la democracia y el triunfo del socialismo y el comunismo.


[1] Reformistas: Se llama así a los que niegan la necesidad de transformar la sociedad por vía revolucionaria. Los reformistas defienden el punto de vista de que es posible cambiar el régimen capitalista, poniéndose de acuerdo con la burguesía. (N. de la Edit.)

[2] Oportunismo: Significa adaptación, contemporización, conciliación por medio de concesiones en cuanto a los principios, renuncia a los correctos puntos de vista profesados antes. El oportunismo en el movimiento obrero se manifiesta en que algunas personas, grupos y a veces partidos enteros traicionan la revolución proletaria, la causa de la clase obrera, el socialismo y el comunismo, y emprenden el camino de la conciliación con la burguesía, mientras que los de izquierda encubren su oportunismo con frases revolucionarias; los centristas ocupan posiciones intermedias, pero tratan de empujar a los revolucionarios hacia el camino oportunista, se esfuerzan por conciliar las divergencias y, dentro de los límites de un partido, someter a los auténticos marxistas a la influencia de los oportunistas. Lenin consideraba a los centristas, oportunistas sumamente peligrosos, ya que encubrían su oportunismo con frases izquierdistas. (N. de la edit.)

[3] Del ruso otozvat: retirar. (nota de la Edit.)

[4] Trotskismo: Corriente oportunista que surgió en el seno del POSDR. Fue derrotada en la década del 20, manifestaban contra la resolución del partido de emprender la senda de la edificación del socialismo en la URSS. Menospreciaban la alianza de la clase obrera con los campesinos, en los cuales veían una fuerza reaccionaria, con la que, según ellos, la clase obrera chocaría inevitablemente tarde o temprano. En  cuanto a la vida interna del partido, eran partidarios de la libertad de fracciones y de grupos. (N. de la Edit.)

[5] Manilovismo: Conjunto de rasgos del carácter inherentes a uno de los personajes (Manilov) de la novela Las almas muertas, del escritor ruso N. Gógol. En la imagen del terrateniente sentimental y plácido Manilov, el escritor encarna los rasgos típicos del soñador sin carácter, al hombre de fantasía huera y al vago y parlanchínsin límite. (N. de la Edit.)

[6] Federalismo es la tendencia a organizar el partido según el principio nacional, o sea, a crear una unión federal compuesta de organizaciones nacionales independientes, en sustitución de un partido centralizado.

[7] La autogestión social comunista se establecerá al triunfar el comunismo, cuando el Estado se extinga debido a la victoria y consolidación del socialismo en la palestra mundial. La gestión de la sociedad dejará de tener un carácter político y la efectuarán los mismos miembros de la sociedad. (N. de la Edit.)

[8] La base material y técnica del comunismo prevé el nivel de desarrollo de la producción que proporcione a la sociedad abundancia de bienes materiales necesarios para poder pasar al principio comunista de distribución: “de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”. La base material y técnica del comunismo supone el alto grado de la industrialización en todas las ramas de la economía nacional, incluida la agricultura; la electrificación completa de toda la producción; el desarrollo máximo de las ramas que producen materias primas y materiales sintéticos; aprovechamiento máximo de los recursos naturales; conjugación orgánica de la ciencia con la producción; alto nivel cultural y técnico de los trabajadores, y organización racional de la producción con el fin de alcanzar una productividad del trabajo superior a la que pueda ser alcanzada en las condiciones del capitalismo. (N. de la Edit.)

[9] La dirección unipersonal es uno de los principios más importantes en la dirección de la empresa industrial en la URSS. Significa la responsabilidad completa del director por los resultados del trabajo de su empresa. Este principio se conjuga, en el socialismo, con los métodos democráticos de la dirección y con la participación de las masas en la misma. (N.de la Edit.)

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2 pensamientos en “Principios y normas leninistas de vida del partido

  1. ¿Qué diferencias existen entre el principio de colectividad (si acaso este es tal), la dirección colectiva y el colectivismo (acaso este último expresión oportunista)?
    “La unidad en las cuestiones fundamentales, lejos de significar uniformidad, ofrece grandes posibilidades de elaborar de un modo creador su propia política.”

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