Sobre “Los ríos profundos”

De José María Arguedas.

Por Diana B.

Leer un buen libro, con contenido social y gran calidad literaria, así como con un valioso contenido simbólico y antropológico, y con la capacidad de llevarnos como lectores a distintos estados de ánimo, atrapándonos hasta el final, no es una tarea sencilla, y el antropólogo y escritor peruano José María Arguedas la lleva con maestría en su novela Los ríos profundos, donde relata episodios de la vida de Ernesto, un niño sencillo, amante de la libertad, sensible y luchador, quien, como el propio Arguedas, a pesar de ser blanco, es criado por quechuas, razón por la que crece con una cosmovisión intersubjetiva[1] y colectiva, donde el individualismo no se considera una virtud, por lo que desde el inicio muestra un completo rechazo a las relaciones dominador-dominado e, incluso de manera espontánea, da su apoyo a los explotados.

Si bien sus experiencias se desenvuelven principalmente en un internado, rodeado por estrictos curas y por otros niños y jóvenes, las diferencias entre las clases sociales se distinguen fácilmente en el transcurso de la historia, pues cada niño —y cada adulto— termina por seguir los intereses de su clase. Es así que Ernesto, quien a lo largo del texto madura físicamente, también avanza en su forma de pensar y en su compromiso social, volviéndose cada vez más seguro y claro, hasta que termina por definirse total y conscientemente a favor de los explotados y oprimidos.

De esta manera, Arguedas hace referencia no solamente a los problemas del indígena, sino de todos los estratos sociales en Perú, mostrando así las diferencias étnicas y las contradicciones de clase que a la fecha se mantienen, reivindicando con ello al indígena pobre, haciendo literatura de los pueblos y no de individuos, de actores que pueden contribuir a la transformación de la realidad social.

Asimismo, el antropólogo peruano aparece como un escritor comprometido con la problemática social, quien es capaz de criticar el sistema de relaciones que se vive, de rechazar la relación dominador-dominado, e incluso cuestionar a la Iglesia por su hipocresía y negociaciones con los poderosos, optando por el camino que lleve a la liberación de los oprimidos.

La trama del libro, su contenido crítico y su belleza narrativa hacen de Los ríos profundos una lectura obligada para todo aquel interesado en el mundo quechua, en Perú, en la transculturación[2] o simplemente para quien quiera disfrutar de una excelente muestra de buena literartura.


[1] En relación de armonía con la naturaleza.

[2] Según Fernando Ortiz, transculturación es el proceso transitivo de una cultura a otra que consiste en adquirir una cultura y también la pérdida o desarraigo de una cultura precedente, lo que pudiera llamarse una parcial desculturación, y además la consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales que pudieran denominarse neoculturación.

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