Tesis 1. Nuestra época, la del imperialismo y las revoluciones proletarias.

[1.1] Vivimos la época del imperialismo y las revoluciones proletarias. La Gran Revolución Socialista de Octubre tuvo el mérito de romper el hielo, de indicar el camino a la clase obrera y a los pueblos para su emancipación, iniciando así,  la transición histórica del género humano de la prehistoria al socialismo/comunismo.

[1.2] Esta característica general de la época fue enriquecida por la construcción socialista en el siglo XX y sus lecciones son de imprescindible importancia para la clase obrera del mundo, para los partidos comunistas y obreros, para el conjunto de las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas. En el frente teórico, ideológico y político es un deber y una necesidad del movimiento comunista internacional defender esa heroica experiencia y extraer las lecciones que enriquecerán la lucha de clases contemporánea.

[1.3] El retroceso temporal, resultado dela contrarrevolución internacional de las últimas dos décadas del siglo XX,  no anulan el carácter de la época.  El proceso de reorganización y lucha, el ascenso del movimiento antiimperialista, la intensificación de la contradicción capital/trabajo demuestran que el curso revolucionario continua y que el siglo XXI atestiguará que el proletariado y sus aliados, con partidos comunistas de vanguardia, continuarán el ciclo abierto por Lenin y los bolcheviques para derrocar el capitalismo y enterrarlo, construyendo la sociedad sin explotación del hombre por el hombre, la sociedad comunista.

[1.4] La Revolución de Octubre fue el resultado del desarrollo del proletariado, de su conciencia de clase, de su Estado Mayor –el Partido Comunista- y de su teoría revolucionaria el marxismo-leninismo.

El proletariado, la clase obrera, irrumpe con su propia teoría, como resultado de la conjunción de factores que la propia humanidad gestó en su devenir en los progresos de las fuerzas productivas y en el campo de las ideas. Desde que en 1847-1848 Karl Marx y Friederich Engels redactaron el Manifiesto del Partido Comunista, en vísperas de la Revolución que sacudió al Continente europeo, la bandera del socialismo científico fue asumida cada vez con mayor fuerza. La misma práctica de la lucha de clases fue enriqueciendo la teoría, confirmándole su rol que se expresa en la frase: sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario.

Muy aleccionadora fue la experiencia de la Comuna de París en 1871, primer asalto al cielo. La I y II Internacional también proporcionaron lecciones imperecederas a la doctrina proletaria. Fue la lucha contra el oportunismo de derecha, el reformismo y el revisionismo, así como el ingreso del capitalismo a su fase monopolista -el imperialismo- lo que definitivamente maduró a la clase de vanguardia, con los aportes inmortales de Vladimir Ilich Lenin. Sostenemos, sin concesiones ni complejos, que el marxismo-leninismo es la ciencia viva de la clase obrera y el conjunto de los oprimidos, que asegura la ruta a la emancipación, no sólo de los explotados sino del conjunto del género humano, que proporciona los elementos necesarios a la política clasista para el derrocamiento de la sociedad basada en la propiedad de privada de los medios de la producción y del cambio.

[1.5] En el contexto del triunfalismo contrarrevolucionario de finales del Siglo XX emergieron argumentos, enarbolados por viejos y nuevos oportunistas, con la pretensión de demeritar a la Revolución de Octubre y a la construcción socialista. Se planteó por ejemplo, que en las condiciones de atraso de Rusia estaba el germen del fracaso; que fueron quemadas etapas por el aventurerismo de los bolcheviques; que en la inmadurez procedía la república democrático-burguesa y el parlamentarismo y que no ceñirse a tal concepción derivaba en la antidemocracia. Tales posiciones antaño sostenidas por Karl Kautsky, fueron ahora repetidas, con fraseología posmodernista, por las distintas corrientes trotskistas, por la socialdemocracia, ahora con el nombre de “socialismo democrático” y por el eurocomunismo.

Omiten todos esos adversarios ideológicos y políticos de la clase obrera y de la Revolución Socialista, que Lenin y el Partido Bolchevique se empeñaron en profundizar el estudio del imperialismo como fase superior y última del capitalismo y que en esa base ideológica surge la teoría del eslabón más débil; que fueron tomados en cuenta el factor de la Primera Guerra Mundial, la crisis, el ascenso de la lucha de masas, primero contra la autocracia zarista y de manera ininterrumpida contra el imperialismo; que la democracia burguesa no solo fue incapaz de dar a los obreros y campesinos la paz, el pan, la tierra, anhelos impostergables, sino que profundizo la situación de guerra, la hambruna y la alianza con los terratenientes, los señores de la horca y el cuchillo. El surgimiento de los soviets, consejos de obreros, campesinos y soldados fueron manifestaciones de un nuevo poder; cuyo motor era el Partido Bolchevique, el cual genero una dualidad de poderes; las condiciones maduraron y en el justo momento, cuando el análisis concreto de la situación concreta lo indicó, el proletariado irrumpió victoriosamente en la Historia.

El poder soviético que emergió como dominante al triunfo de la Revolución, fue la manifestación de la dictadura de clase, de la dictadura del proletariado y expresó manifestaciones de democracia de los trabajadores solo conocidas embrionariamente en la Comuna de París, que por primera vez en la Historia llevaron a la palestra a millones de hombres y mujeres, obreros y campesinos, protagonistas de la construcción socialista.

[1.6] Ideológicamente la contrarrevolución centró su argumentación en demeritar la construcción socialista, principalmente en la URSS.

Para ello recicló sobre todo las posiciones del trotskismo y la socialdemocracia, al tiempo que desataba una campaña de deformación de la Historia, de revisionismo histórico sin precedentes, algo que bien podemos denominar un nuevo asalto a la razón, de la misma manera que Georgy Lukács se refirió a las bases filosóficas que fundamentaban al III Reich en Alemania. En ello jugo también su rol el revisionismo que en los propios países socialistas surgió y se desarrolló con base en las contradicciones resultantes de la existencia de las relaciones mercantiles.

Sin embargo la contribución de la URSS a la humanidad es de capital importancia, pues desmanteló el colonialismo, las reminiscencias feudales, derroto al fascismo.

[1.7] Con la Rusia soviética vino no solo una república multinacional –la URSS- que abrió a pueblos enteros por primera vez el acceso a la educación, la cultura universal, la salud, niveles de vida nunca conocidos; que respeto y potenció las nacionalidades antaño oprimidas; además se produjo un impulso a la lucha de liberación nacional de los pueblos de Asia, África y América, desde 1917, pero sobre todo después de la victoria sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

De la misma manera que la acción de los internacionalistas -con los bolcheviques y espartaquistas en el centro- fue la conciencia y el honor de la clase, la perspectiva de la revolución socialista frente a la barbarie capitalista expresada en guerra, fue el papel de la URSS, del Ejército Rojo, del PC (Bolchevique), del movimiento partisano y la acción de la Internacional Comunista, y después de la disolución de está, de los partidos comunistas.

El fascismo, y su variante más reaccionaria y agresiva, el nazismo alemán, expresaban tal como lo caracterizo el VII Congreso de la Internacional Comunista, la dictadura más terrorista, más chauvinista, con tendencia a la guerra. El fascismo fue impulsado como una salida a la crisis capitalista que inicio en 1929 y como una barrera de contención a la ola expansiva revolucionaria en Rusia, Alemania, la República de los Consejos en Hungría, los consejos en Turín en Italia, en Shanghái y otras partes de China, la República Española.

La alianza fascista no en balde era conocida como el “Eje anti-Comintern”.

La barbarie fue llevada a varios Continentes; en Europa fue devastadora, en los países ocupados la represión y el asesinato fueron masivos. Es verdad que el pueblo judío fue una víctima de la ceguera racial preconizada, pero no fue el único objetivo: la clase obrera organizada, los partidos comunistas, los sindicatos clasistas, las diversas formas asociativas de los trabajadores fueron sistemáticamente golpeadas; miles de comunistas asesinados o recluidos en los Campos de concentración.

Con la inicial complicidad de los círculos monopolistas de los EEUU e Inglaterra, Alemania nazi decidió la invasión a la URSS el 22 de junio de 1941. Toda la maquinaria de muerte fue desplegada arteramente. En las puertas de Moscú y Leningrado, con la roja bandera de la hoz y el martillo ondeando indoblegable, la resistencia no cedió, cada metro de tierra fue defendido con el sacrificio de los ciudadanos soviéticos agrupados en torno al Comité de Defensa del Estado y del Partido Comunista. La Gran Guerra Patria en todo el territorio, en Kursk, Stalingrado, tras las propias líneas del ocupante quebró el espinazo al fascismo. Fue en Stalingrado y no en Normandía donde el curso de la Segunda Guerra Mundial fue definido. El costo para el país de los soviets fue elevado, ciudades en ruinas, campos destrozados; más de 20 millones de hombres y mujeres ofrendaron su vida por la justa causa.

La bandera roja ondeo en Berlín el 9 de Mayo de 1945, y el Ejército Rojo al liquidar a la Alemania nazi fue la principal fuerza de liberación de Europa; una Europa democrática, la del campo socialista, integrada por Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, la RDA, Yugoslavia, Albania, surgió y con ella indudablemente una correlación de fuerzas que favoreció el desencadenamiento descolonizador y liberador. En Asia: la República Popular Democrática de Corea, la República Popular de China, Vietnam y la península indochina. En los años siguientes fue el mismo factor que aseguro la supervivencia del triunfo revolucionario en Cuba, donde las fuerzas antiimperialistas derrocaron la dictadura de Batista en 1959. Lo mismo en África, e inclusive la derrota del apartheid.

El Partido Comunista de México considera su deber expresar que valora positivamente, y contribuir a tal reconocimiento de la época de cambios profundos y radicales que el triunfo revolucionario y la construcción socialista abrió a la humanidad.

Si bien la vida en la tierra surgió alrededor de 3500 millones de años y el hombre hace poco más de un millón, ni durante el inmenso periodo de casi un millón de años del régimen de la comunidad primitiva, ni durante los 10,000 años del régimen esclavista, ni durante los 1000 años del régimen feudal, ni durante los 300 años del régimen capitalista la humanidad conoció una época como ésta, abierta por el ciclo de ruptura con el capitalismo y la transición al socialismo-comunismo. Es verdad como demuestra el materialismo histórico, que cada modo de producción ha superado progresivamente al previo, y que la burguesía espoleo el desarrollo de una forma impresionante, pero las revoluciones proletarias, la construcción socialista –que no fueron derrotadas por el fascismo, ni por la bomba nuclear y la guerra fría, ni por la contrarrevolución temporal- han mostrado que las clases hoy explotadas y oprimidas, pueden y deben construir otro mundo de justicia, democracia y libertad, el mundo socialista-comunista.

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