Tesis 6. México hoy. El capitalismo contemporáneo

El siguiente texto es un fragmento de nuestras Tesis, la referida al desarrollo del capitalismo en el México actual.  Por tanto, forma parte del conjunto de ideas que constituyen los ejes de nuestro impulso revolucionario. En ellas basamos la fuerza de nuestras convicciones. Y en todo caso, es en el grado de validez y pertinencia de esta caracterización del tiempo que nos tocó vivir contra lo que se deben medir nuestras posibilidades como fuerza política revolucionaria.

[6.1]     En la larga historia del desarrollo del capitalismo en México, la etapa contemporánea puede ser fechada a mediados de los años setenta, cuando bajo el influjo de la crisis mundial y el agotamiento de la forma de acumulación capitalista establecida por el régimen surgido de la revolución democrático-burguesa de 1910, la economía mexicana entró en una crisis múltiple y se abrió un periodo de intensa reestructuración de todas las condiciones sobre las que se sostiene la reproducción ampliada del capital. Desde entonces asistimos a la bancarrota del mito del régimen de la revolución mexicana que pretendía resolver los grandes problemas nacionales sin romper con el capitalismo mediante una «vía autóctona» de desarrollo pretendidamente asentada en el fortalecimiento del mercado interno y la industrialización sustitutiva de importaciones. Economía acompañada con un «estado de compromiso», ilusoriamente situado por encima de las clases sociales, «regulador de los factores de la producción» y en contradicción con el imperialismo norteamericano. Este mito, -sobre el que gravitó fuertemente la imaginación política incluso de las fuerzas de izquierda- se desplomó sin remedio para dejar la dominación burguesa al desnudo en un largo camino de transformaciones desde dentro y desde arriba que culminó en el «gobierno de los empresarios y para los empresarios».

 [6.2]    Ya este mito comenzaba a desmoronarse desde mediados de los años sesenta, cuando se presentaban los signos evidentes de que todas las medidas destinadas a «desarrollar» una economía de «bases nacionales» llevaba a la consolidación del dominio monopólico de la economía mexicana ejercido por grupos de capitales nacionales y extranjeros fuertemente asociados. Es una verdad establecida que las fuerzas de clase que hoy se presentan como dominantes fueron cobijadas, auspiciadas y fortalecidas al amparo de un estado que se presentaba como nacional-popular y que en realidad era una palanca estratégica de la acumulación capitalista al operar el traslado masivo al «sector privado» de recursos financieros etiquetados como subsidios, precios preferenciales, etc. De esa manera se fortaleció, como producto genuino del «nacionalismo revolucionario», la gran burguesía monopólica mexicana que hoy asombra al mundo con su fortuna, capaz de exportar capitales y dominar una buena parte del negocio capitalista en América Latina.

 [6.3]    Otro resultado directo del afianzamiento de la dominación exclusiva de la burguesa, derivada de la revolución mexicana, es la consolidación del proletariado industrial. El acelerado desarrollo del capitalismo entre 1938-1976 transformó profundamente la fisonomía del país: México se volvió básicamente urbano; la ciudad capital creció desmesuradamente; se crearon regiones industriales enteras, aumentó la población dedicada a actividades industriales, etc. El fenómeno que sintetiza todo este proceso generalmente es conocido como «modernización» y es presentado como el resultado directo de la función «civilizatoria» del capital que avanzaba sobre las ruinas del «atraso». Más allá de que el lado obscuro del proceso -la catástrofe social sobre la que se asentó- generalmente no es considerada a la hora de hacer las cuentas, lo cierto es que en este tiempo, por primera vez en la historia del país, podemos hablar de la existencia real del proletariado industrial. La larga historia de su nacimiento concluye en este periodo. Más adelante veremos la forma particular en que el desarrollo de la clase obrera continúa hasta nuestros días. Por ahora sólo queremos destacar la formación de las clases sociales fundamentales como el resultado directo de la dominación burguesa nacida de la revolución mexicana y consolidada en el cardenismo.

 [6.4]    El embellecimiento del régimen social surgido de la revolución muy frecuentemente se realizó desde las filas de izquierda. La hibridación de la tradición socialista y comunista con la «ideología de la revolución» estuvo a la orden del día y fue generosa en la producción de incontables obras destinadas a justificar el abandono de las posiciones de clase. Se escribió sobre el carácter de la revolución de 1910, la naturaleza del estado surgido de este movimiento armado y el cardenismo casi siempre de manera equívoca y con las claras intenciones de hacer las paces con el enemigo o, por lo menos, con una fracción pretendidamente «anti-imperialista» o «nacionalista». La existencia y desarrollo progresivo de una burguesía nacional y hasta nacionalista representada políticamente por el ala izquierda del Partido Revolucionario Institucional –cardenista en un sentido histórico- era un supuesto presente en casi todas las estrategias de las fuerzas de izquierda, y sigue siéndolo incluso hasta el día. Pero hoy tenemos la ventaja de ver los resultados reales del «régimen de la revolución»: acelerado desarrollo del capitalismo y consolidación de la dominación burguesa.

 [6.5]Estos dos procesos no dejaron de contener en su seno una serie de contradicciones cuya resolución a mediados de los años setenta puso al país en un nuevo rumbo marcado por la reestructuración general del capitalismo. La transformación masiva de las condiciones sobre las que descansa la reproducción ampliada del capital en México ha llevado a la configuración de una economía con los siguientes rasgos:

  • Estancamiento prolongado y crónico del Producto Interno Bruto desde 1976.
  • En contraste, alto dinamismo de las exportaciones. La mexicana es una economía de especialización productiva para la exportación, es decir, completamente volcada al exterior, sobre todo al mercado norteamericano que es el destino de más del ochenta por ciento de las exportaciones. Los ejes dinámicos de la acumulación son lo rubros industriales para la exportación.
  • Estrategia económica fuertemente basada en las inversiones extranjeras, mayoritariamente norteamericanas y españolas, que dominan campos completos de la actividad económica, destacadamente la actividad bancaria.
  • Disminución continua del tamaño del sector público mediante las privatizaciones de activos estatales. No se trata, sin embargo, del llamado «adelgazamiento» o «retirada» del estado que ahora, más bien, cumple funciones económicas distintas a la hora de apuntalar la acumulación capitalista.
  •  Centralidad de la industria maquiladora de exportación, que hasta el año 2000 mantuvo un continuo crecimiento del número de establecimientos y del personal ocupado y que imprimió su sello al conjunto de las relaciones entre el trabajo asalariado y el capital, proporcionando el modelo dominante de relaciones laborales.
  • Reactualización de los mecanismos de la acumulación originaria de capital mediante el acelerado robo de tierras y recursos naturales en manos de comunidades campesinas e indígenas. Creación de un nuevo mercado de tierras, una vez abolidas las intenciones agrarias del régimen surgido de la revolución mexicana.
  • Como resultado final de la modificación de la correlación de fuerzas entre trabajo asalariado y capital, ocurrió un salto significativo de la tasa de explotación, sobre todo mediante la disminución continua del salario real que no para de deteriorarse desde 1976.

 [6.6]    A pesar de la amplitud de la recomposición capitalista, que impactó prácticamente todos los aspectos de la vida social a nivel mundial, no debemos perder de vista el objetivo primordial del proceso: se trató de una ofensiva general destinada a minar las condiciones de soporte del poder de clase de los trabajadores en su conjunto, en particular de la clase obrera. El objetivo central y declarado de la estrategia de reestructuración era abatir el «costo de la fuerza de trabajo» considera por el capital como excesivo dada la configuración de fuerzas nacida de la Segunda Guerra Mundial. Entre los factores puestos como objetivos a abatir para hacer retroceder los salarios se encontraba el estado de tipo keynesiano, la existencia del campo socialista y la centralidad de los sindicatos en las sociedades modernas. En México, el esfuerzo de recomposición capitalista destinado a romper la correlación de fuerzas hasta entonces existente entre trabajo y capital, generó los siguientes resultados inmediatos:

  •   La disminución continua de los salarios a partir de 1976 y hasta la fecha, en una curva de declinación que coloca al salario real hoy en día en el nivel más bajo de su historia, después de perder cerca del ochenta por ciento de su poder adquisitivo. De la misma manera, se puede constatar la caída de la participación de los salarios en el PIB y el incremento de la participación de los trabajadores con salarios insuficientes en el conjunto de la población ocupada. (Por ejemplo, 9 de cada 10 nuevos ocupados reciben salarios insuficientes para cubrir sus necesidades mínimas)
  • La dispersión del proletariado en general y de la clase obrera en particular mediante el desmantelamiento de la mayoría de las grandes aglomeraciones industriales y la fragmentación de la producción en pequeñas unidades productivas, que generalmente trabajan para las grandes firmas a manera de abastecedores en cadena. Lo que priva en la economía mexicana es que la mayoría de los trabajadores industriales labora en micros, pequeños y medianos establecimientos.
  • El remozamiento del corporativismo sindical mediante el mantenimiento de las centrales oficiales priistas, ahora acompañadas de nuevas centrales completamente proclives a las intenciones reestructuradoras de corte gerencial, como la UNT. De manera más general, se impulsó fuertemente la idea de que la «flexibilización», la «reestructuración productiva» y todo el proceso de «modernización de las relaciones laborales», eran un campo propicio para los intereses de los trabajadores, labor arduamente impulsada en el país por núcleos de asesoría vinculados al sindicalismo patronal norteamericano. Paralelamente, se alentaron golpes de mano contra los sindicatos que obstaculizaban la recomposición capitalista, ya sea por su ideología nacionalista (SME) o simplemente por representar intereses corporativos considerados «caros» (Industria petrolera y minera).
  • El engrosamiento brutal del ejército industrial de reserva. La acelerada destrucción del campo mexicano y su despoblamiento; el aumento del desempleo; el florecimiento de la informalidad y la precariedad de los llamados «trabajadores por cuenta propia»; todos estos son fenómenos que operan como lastre o peso muerto sobre el sector de los asalariados modernos, ahora en toda el área norteamericana que ha terminado por ser un solo «mercado de trabajo» en el caso de la mano de obra descalificada.

 [6.7]  Las leyes generales del desarrollo del capitalismo se cumplen indiscutidamente en México. Es posible constatar la destrucción continua de los pequeños propietarios urbanos y rurales y el incremento progresivo de la clase que no tiene sino la venta de su fuerza de trabajo para vivir. La proletarización del país e incluso su salarización son fenómenos con muchos datos de prueba a la mano. De la misma manera, es posible constatar que la economía mexicana continúa industrializándose, aunque ahora sobre nuevas bases socio-técnicas. La proporción de la población dedicada a actividades industriales y, entre ellos, los propiamente obreros, por lo menos se mantiene constante desde el gran salto industrializador operado en el periodo 1938-1976. Todos estos procesos caminan a despecho de la gran operación de encubrimiento emprendida por los intelectuales que se empeñaron en negar la existencia, relevancia y centralidad del proletariado y la clase obrera. El «adiós al proletariado», la pretendida pérdida de centralidad de la clase obrera y su relevo a manos de «nuevos sujetos y movimientos sociales» son hoy en día hipótesis con muy poco lustre, modas venidas a menos por la fuerza de los hechos. La hipótesis contraria, tal como fue postulada en El manifiesto del Partido Comunista y actualizada en El desarrollo del capitalismo en Rusia,  tiene mayor probabilidad de ser constatada empíricamente: la simplificación del antagonismo social y la oscilación del conflicto político en torno de los polos irreconciliables de la burguesía y el proletariado. En ese sentido, junto al hecho del avance en la concentración de capitales, es que hoy México es un país más capitalista que hace treinta años.

[6.8]Las transformaciones operadas por la recomposición capitalista emprendida a mediados de los años setenta son de otro tipo que las imaginadas por quienes piensan que México puede evadir las leyes del desarrollo del capitalismo. Antes que la desaparición o pérdida de relevancia lo que ha ocurrido, más bien, es una modificación de la composición social y técnica del proletariado en su conjunto, incluida la clase obrera. El ataque generalizado a las condiciones de soporte de su poder de clase ha sido efectivo en el sentido de minar la posición estratégica de la clase obrera en el conjunto del bloque popular (proletariado más campesinos pobres). Esto no ha sido un proceso natural sino una estrategia conducida por el conjunto de la burguesía, que involucró cambios sociales, políticos, culturales, jurídicos, etc., que han impedido a la clase obrera cumplir sus funciones de dirección y han retrasado su aparición en el escenario del conflicto mexicano contemporáneo. En condiciones salariales de subsistencia, notablemente dispersa, con sus órganos de clase endosados a la burguesía o destruido por la acción policíaca, la clase obrera no aparece en el escenario, es la pieza estratégica aún ausente. Su entrada en escena, la concentración de su fuerza y, sobre todo, la actualización de su potencialidad revolucionaria, no devendrán espontáneamente como resultado de la profundización del desarrollo capitalista: es aquí donde aparece la necesidad del partido como factor principal de la recomposición proletaria. Y esto es en México más urgente cuando el curso de los acontecimientos económicos ha generado una situación en que tres cuartas partes de los trabajadores mexicanos labora y vive en condiciones propias del siglo XIX: no tiene prestaciones, debe tener dos o más trabajos, no está sindicalizado, labora en micros o pequeños establecimientos, obtiene ingresos insuficientes o es trabajador subcontratado, informal o ilegal. La recomposición del proletariado, en el sentido de suturar los desgarramientos que sufre en el nivel de la producción económica, es la primera tarea para poner a la orden del día la revolución socialista en México.

 [6.9]  La recomposición del capital en México incluyó la integración plena de la economía mexicana al área norteamericana, no sólo de manera formal sino real, no sólo a partir de la firma del TLC sino desde tiempo atrás a partir de una serie de eventos moleculares de integración de la estructura productiva comandados por el capital monopolista de ambos países, que comenzaron a intensificar sus intercambios y colaboraciones. En la actualidad, la dinámica económica de México está atada al destino norteamericano, de donde provienen la mayoría de las inversiones extranjeras y una fuerte cantidad de divisas en forma de remesas e ingresos por exportaciones. De la misma manera, el flujo de fuerza de trabajo alcanza proporciones mayúsculas, de millones de mexicanos que viven como trabajadores ilegales en los Estados Unidos de Norteamérica. La crisis económica de larga duración y la crisis estatal agudizada en el presente sexenio, hacen que el futuro inmediato del país continúe por la senda de su acoplamiento con el vecino del norte, completándose la integración económica con la integración política y militar. Los promotores naturales de la iniciativa de integración plena han sido los grandes capitales monopolistas, de antaño imbricados con los intereses norteamericanos en el país. Si la relación de la economía mexicana en su conjunto y de su burguesía en bloque puede calificarse como de dependencia y subordinación con respecto de las norteamericanas, lo cierto es que con la fracción monopolista la relación es entre pares, entre socios iguales que comparten los elevados niveles de ganancia del que se goza en una economía como la nuestra o a lo largo y ancho de América Latina, territorio natural de caza de los capitales mexicanos que contralan un sector nada despreciable del negocio capitalista hasta llegar a ser una fuerza de penetración central en varios países y regiones. La gran burguesía mexicana es, entonces, un importante inversionista de capitales en América Latina  en una avanzada liderada por Carlos Slim, cuya América Móvil es la mayor empresa privada de la región, sólo por detrás de las petroleras estatales. Además de la importancia de sus inversiones, por el tamaño de su economía México tiene un lugar preponderante: es la segunda economía de la región -sólo por debajo de la brasileña- y la catorceava en el mundo, de acuerdo con el FMI. La misma segunda posición ocupa en el ranking de las 500 empresas más grandes de América Latina, escenario dominado por las corporaciones brasileñas. De la misma forma, en el año 2009 México fue el segundo inversionista latinoamericano de capitales en el exterior en términos absolutos, superado por Chile, y el tercero en relación con el PIB, superado esta vez por Chile y Colombia, todo esto tomando en cuenta el drástico repliegue de los capitales brasileños. Pero a todo esto, al final de cuentas, las inversiones directas en América Latina siguen dominadas de lejos por el capital norteamericano (37 por ciento del total de la IED), seguidos por los capitales de España, Canadá, Francia y Reino Unido. (Todo tomado de La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2009, de la Cepal.). De cualquier forma, el lugar que ocupa México en la cadena imperialista debe ser motivo de un análisis cuidadoso en el futuro.

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Un pensamiento en “Tesis 6. México hoy. El capitalismo contemporáneo

  1. y como me integro al pcm?yo soy una mujer y quiero luchar, soy de morelia michoacan,y solo lei el documento sobre el principio y ell programa y sobre los estatutos no vi nada, asi que me quedo mas confundida me parece que hay que saber de antemano a que le tira uno y la verdad no vi nada de eso por eso les escribo para saber que hago, como me integro o como es el partido que estan organizando, si es de cuadro o de masa porque parece que ahi viene un programa de lucha para las masas y no del partido que proyecte el trabajo para las masas para ir concierntizando o si es necesario a cual organizacion me integro para ir conociendo primero y despues me interesaria integrarme posteriormente al partido digo para no facilitar la entrada de agentes y toda esa cosa o de entrar espias….sino primero irnos conociendo y tratando para posteriormenbte entrar al partido, si me pudiera contestar en detalle mis dudas de cada una, y vi otra organizacion igual quer esta son erl MIR pero estudie sus documentos y en algunas ocasiones asisti a sus circulos de estudio y no me parecio y siendo sincera me parecio mas bien una bola de oportunista porque no tenia nada de marxismo leninismo como decian, conozco al que les da formacion es un tal fabricio del MAR y es un trotsko de lo pero y que fue del PRD y me parece que no es confiabler trabajar con esos tipos de persona y mi duda es porque de alguna manera trabajan con ellos? si ustedes si son de marxista leninista? el tal lenin y moctezuma de esta organizacion(mir) durante que estuve participando con ellos llegue a saber que aceptaropn una buena lana por transportistas cuando decian defender los altos costos del servicio eso me dijo un compañero que trabaja en ruta roja y por ultimo entregaron la lucha de tercera esperanza apoyando al contrario, es decir ala parte institucional, etc y luego particpar alas elecciones en morelia para ayuntamiento y para este tiempo me parece un tanto inconsecuente y oportunismo de sus partes y me gustaria que me contestara para no entrar alo mismo y perder mi tiempo quisiera entrar a participar en una organizacion o partido que realmente sea serio y consecuente marxista leninista.saludos compañeros

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