Una empresa “modelo”

La muerte de siete trabajadores pone al descubierto lo que sucede en el taller oculto de la producción capitalista

Caso modeloJob Hernández

En la madrugada del pasado 07 de abril fallecieron siete trabajadores en la planta capitalina del grupo Modelo, ubicada en la calle Lago Alberto, de colonia Anáhuac, delegación Miguel Hidalgo. De acuerdo con la versión oficial del Instituto de Ciencias Forenses del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (TSJDF), la causa de la muerte fue “asfixia por sofocación en su variedad de confinamiento”. Dicho de manera coloquial, los trabajadores se quedaron sin oxígeno al realizar labores de limpieza en “un lugar cerrado por el que pasan muchos tubos, que es un túnel largo y alto, donde hay tuberías de agua y otras cosas que utilizan para la producción”, de acuerdo con las declaraciones posteriores de sus compañeros de trabajo. Los trabajadores fallecidos fueron Juan Carlos Romero Valencia, Sergio Corona García, Agustín García Luna, Óscar Guillermo Damián Montoya, Rafael Paulino Sandoval Esquivel, Cuauhtémoc Vigueras Leija y Eleazar Serrano Guerrero. Cuatro de ellos eran personal subcontratado por el Grupo Modelo a la empresa Sola Corporations para ejecutar labores de limpieza en la planta industrial donde ocurrió la tragedia.

Todo indica que la muerte de los trabajadores ocurrió, nuevamente, como consecuencia de la negligencia criminal y la desmedida ambición de los patrones, que prefieren ahorrarse unos pesos para abultar sus ganancias antes que proporcionar condiciones de trabajo adecuadas y más seguras. La desgracia puso al descubierto lo que sucede en el taller oculto de la producción capitalista, donde les curten el pellejo a los trabajadores sin consideración alguna. De acuerdo con las declaraciones dadas a los medios de comunicación por sus familiares, uno de los fallecidos “se quejó unos días atrás con su familia de que el equipo que les daban, como tapones de oídos, máscaras y trajes de protección, no sólo estaban usados, sino también rotos”. Asimismo, los trabajadores de limpieza que laboran bajo el régimen de subcontratación han dicho que temen constantemente por su vida “por el riesgo que significa trabajar sin material adecuado, sin seguro de vida y en condiciones laborales muy precarias dentro de la empresa”. Hablando específicamente de las labores de limpieza que desarrollan al interior de los distintos contenedores y cisternas, dijeron que no les dan “ningún material especializado, sólo un uniforme amarillo para que no nos mojemos, pero eso no nos da nada de seguridad”. Ni hablar de que los patrones le proporcionen máscaras o equipo: “simplemente nosotros no tenemos esas cosas”.

Según un artículo que aparecerá en nuestro periódico 30-30 número 6, en el mundo, cada 15 segundos un trabajador muere a causa de accidentes o enfermedades relacionadas con el trabajo, y cada 15 segundos, 160 trabajadores tienen un accidente laboral. En México no es la primera vez que las pésimas condiciones laborales tienen como resultado la muerte de trabajadores. Tan sólo hay que recordar los fallecimientos ocurridos en la mina de Pasta de Conchos y, más recientemente, en la planta de Honda ubicada en El Salto Jalisco, donde falleció el obrero Armando Arana “víctima de la indolencia y ausencia de medidas de seguridad” por parte de la empresa, como declaró el Sindicato de Trabajadores Unidos de Honda de México (STUHM).

Se trata de una auténtica guerra, que anualmente genera miles de muertos y lisiados al interior de la clase trabajadora, situación que se agrava porque alrededor del 60 por ciento de la población ocupada no cuenta con seguridad social, como seguramente es el caso de los trabajadores subcontratados por el Grupo Modelo. El mensaje de los patrones es muy claro: ¿Para qué gastar en medidas de seguridad y prevención cuando los obreros son considerados un recurso desechable, barato y abundante? ¿Para qué proporcionar seguridad social si se pueden utilizar formas de contratación para evadir ésta y otras responsabilidades legales? La idea general es que la fuerza de trabajo a disposición salga lo más barato posible. Esa es la opinión de los patrones y la regla que orienta su comportamiento hacia los trabajadores. Lo demás son puros rollos, como cuando el Grupo Modelo dice guardar “en todo momento la debida consideración a la dignidad humana y a su entorno” mientras la vida de sus propios trabajadores les vale un cacahuate y recurren a formas funestas de contratación, como quedó al descubierto el día 07 de abril.

Este trato a los trabajadores en la norma seguida por los patrones porque les reporta jugosas ganancias. Es una de las fuentes del desmedido enriquecimiento de los principales grupos empresariales. Por ejemplo, sería interesante e ilustrativo establecer con exactitud la relación entre las condiciones en que laboran los obreros de la Cervecería Modelo y las abultadas ventas y ganancias de la empresa, determinando el grado de explotación al que están sometidos: en 2012 sus ventas netas fueron de 99,297 millones de pesos, incrementándose un 9.1 por ciento con respecto del año anterior, mientras que sus utilidades netas crecieron 4.4 por ciento y sumaron 12,344 millones de pesos. ¿Cuántos de estos pesos se destinaron a medidas de higiene y seguridad industrial? Seguramente muy poco. No por nada, el Grupo Modelo se ubica en la posición 22 de las 500 empresas más grandes de México y goza de una posición monopólica en el mercado (controla 57 por ciento) al lado del otro gigante de la industria cervecera, el Grupo Cuauhtémoc-Moctezuma.

Por supuesto, el Grupo Modelo y otros de su especie gozan de la protección total del gobierno. Obligada por el deceso delos trabajadores en la planta de la calle Lago Alberto, la Secretaría del Trabajo del D.F. prometió “verificar que la empresa cumpliera con las normas oficiales mexicanas” y averiguar que “si los trabajadores contaban con el equipo necesario y se cumplían los protocolos de seguridad”. Prometer no cuesta nada. Y mejor hay que esperar sentados a que la justicia llegue. Por desgracia, seguramente sucederá lo mismo que en otros casos: el patrón gozará de impunidad, no se le fincará ninguna responsabilidad, no será tocado ni con pétalo de una rosa y continuará con las prácticas laborales que ponen en riesgo a sus trabajadores día con día.

Ante tales ricachones, la justicia no funciona. Y tampoco los llamados a que se toquen el corazón frente a las tragedias de sus obreros. No hay que olvidar que “el movimiento infatigable de la obtención de ganancias” es lo que caracteriza a los capitalistas y el incremento de su riqueza, “el único motivo impulsor de sus operaciones”, como lo decía Marx, quien nos ayudó mucho a saber cuál es la naturaleza real de estos señores. Ante la sed ilimitada de dinero de los patrones sólo es efectivo el dique de los trabajadores organizados, que saben con exactitud que el capital es la serpiente de sus tormentos y de qué lado están las autoridades. Sólo un fuerte movimiento obrero, combativo, independiente, organizado desde la base, en cada centro de trabajo, puede obligar a los patrones a establecer medidas de seguridad e higiene. Y, paralelamente, luchar por un nuevo régimen social donde la salud y la seguridad de todos los trabajadores serán prioritarias: el socialismo-comunismo, la única sociedad donde será infinitamente más importante la vida del más humilde de los trabajadores que el incremento de las ganancias. De lo contrario, día con día, seguiremos poniendo en juego nuestra vida a cambio de la miseria de salarios que nos pagan, con el único resultado de hacer cada vez más ricos a los patrones.

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